Cartas de Francia y de Italia, Paul Louis Courier

[Lettres de France et d’Italie]. Publicadas póstumas en 1828, pero ya corregidas y pre­paradas para la imprenta por el autor, estas cartas de Paul Louis Courier (1772-1825), comprenden, en su parte más extensa e im­portante, del año 1797 al 1812. En ellas, el escritor, apasionado literato, helenista, sol­dado de la Revolución, y después oficial de Napoleón «par devoir» (como él mismo de­claró), sin gusto alguno por la vida militar, se divirtió escribiendo una pequeña crónica de sus aventuras y pensamientos, durante las campañas en que tomó parte. Evitó de propósito los grandes temas y no quiso dar la impresión de que escribía para la poste­ridad, antes bien cuidó de que cada página suya conservara el vivo carácter de un des­ahogo personal. Por esto hallamos en ellas auténticas anécdotas históricas (sabrosísima la que explica la manera cómo se desarrolló en el ejército el «referéndum» que sancionó las pretensiones de Napoleón para proclamarse Emperador); con mayor frecuencia habla de los menudos incidentes de su vida militar, de las fugaces impresiones que sus­citan en él los lugares y las personas, complaciéndose en asumir la actitud de un bondadoso filósofo, de un plácido literato, absolutamente fuera de lugar bajo el uni­forme del guerrero.

Aunque huye con firme propósito de toda forma de pedantería, abun­dan en sus páginas las alusiones eruditas, y brilla en más de una su entusiasmo por Italia, propio de un humanista. Las cartas más graciosas y más justamente conocidas son, sin embargo, aquellas en que coloca en primer plano a su persona bajo una luz li­geramente caricaturesca (por ejemplo, en la chispeante narración de cierta noche que pasó en Calabria, huésped de los carbona­rios); cuando da rienda suelta a su entu­siasmo de humanista ensalzando la deli­ciosa fuente de Aretusa, o alegrándose por el descubrimiento de algún libro antiguo; y mejor todavía, los violentos pasajes en que, en nombre de aquel sencillo sentido común burgués que inspirará más tarde sus famosos Panfletos (v.) se alza contra las in­útiles matanzas, los desórdenes y las ruinas que toda guerra deja tras de sí. Todo esto no impide que su afición a la maledicencia, una típica malignidad premeditada, moles­ten más de una vez al lector. Celebradísimas por su clásico estilo en realidad estas pá­ginas descubren demasiado a menudo su propósito literario, revelando en su límpida y mesurada elegancia, un cierto estudiado esfuerzo. Por estos motivos las Cartas de Courier, tal vez sean inferiores a su fama.

M. Bonfantini