[Lettres]. Son el documento literario más significativo de Jean-Louis Guez de Balzac (1597-1654); la primera recopilación, publicada en 1624, fue aumentada en nuevas ediciones, y después de la muerte del autor, con la publicación de las cartas dirigidas a Chapelain, a Richelieu y a otras personas de la época. Iniciada durante su estancia en Roma, Balzac dio a su obra los términos refinados de una correspondencia de buena sociedad, emitiendo juicios acerca de obras de su tiempo, narrando su vida y mostrando interés por todo cuanto parecía digno de superar el valor de la época. A Chapelain, Boisrobert, Voiture y Consart dirige sus epístolas. De una manera perfecta, aunque algo árida, el escritor juzga las cosas contemporáneas y deja oír su voz de crítico literario; verdadero oráculo de los «précieux» y del Hotel de Rambouillet, se propone dictar leyes acerca de la manera de escribir, con una gravedad que muestra en él un reformador de la prosa francesa, como Malherbe lo había sido de la poesía.
Así, se dirige a Seguier, canciller de Francia, dándole gracias por no haber permitido la impresión de un libelo contra él, y alaba su buen juicio por no haber escuchado las querellas de quien no sabe hacer otra cosa sino desatinar; o da gracias a una señora por una bolsita de esencias olorosas; o a un personaje por una recomendación; o a unos amigos por su buen vino; o bien defiende contra los malévolos su manera de escribir y proclama que la virtud debe ser más apreciada que las posiciones sociales; o también diserta acerca de la manera cómo en Roma se elige a los pontífices, y sobre los placeres de la ciudad; intenta encerrar dentro de sus justos términos un litigio judicial, discutiendo de política, y mostrando su deferencia para con los jesuitas. Desarrolla con refinamiento sus argumentaciones, en forma siempre segura, pero también fría y artificiosa, y se presenta como fuente de sabiduría, como quien sabe que es admirado por la Europa de los salones y los diarios íntimos. Por esta actitud Balzac fue juzgado por Voltaire como literato fatuo; y con todo es menester considerar estas cartas como documento de historia de las costumbres y de la lengua, puesto que la sonoridad y armonía de su prosa muestran la claridad que siempre será tenida como modelo por el clasicismo francés.
C. Cordié
Posee cualidades maravillosas, pero se ha aplicado toda la vida al arte que conocía menos: el de escribir una carta. (Boileau)
El estilo de las cartas de Balzac no hubiera estado mal para oraciones fúnebres. (Voltaire)

