Comedia en prosa, en cinco actos, de Bibbiena (Bernardo Dovizi, 1470- 1520), representada en la corte de Urbino en 1513; lleva, según el modo clásico, el título del protagonista, el tonto Calandro, y está inspirada en Plauto, en el argumento de los gemelos (v. Meneemos) en lo que se refiere a la trama (v. Casina). Para muchas situaciones de los personajes se inspira en Boccaccio, de quien también están tomados el carácter y el nombre del célebre Calan- drino (v.). Es toda ella un originalísimo su- cederse de equívocos, rudezas, burlas y fa- cecias. A Roma, tras algunas peripecias, llegan dos gemelos, Santilla y Lidio. Es tanta la semejanza de ambos, que da lugar a confusiones cuando por divertirse cambian de atuendo, vistiéndose el uno de muchacho y el otro con vestidos femeninos. Justamente para despistar, Lidio se viste de mujer para ir a casa de su amada Fulvia y, así vestido, el viejo marido de la joven, Calandro, se enamora de él. La situación, complicada por el hecho de que Fulvia, desesperada creyéndose traicionada por el amante, se va en su busca, resulta sumamente cómica por las procacidades y las chocarrerías, aunque sea un poco pesada por la repetición de los mismos motivos. Satiriza con gracia al caduco Calandro, que sueña con abandonarse a sus amores seniles; personaje bastante vivo es el criado Fessenio, que urde intrigas en perjuicio del viejo y lleva adelante el hilo de la compleja trama.
Otros personajes presentados con amenidad, entre ellos un pedante, el preceptor Polínico, añaden alegría y jocosidad a una obra ya muy libre de costumbres y de palabras, aunque en los amores de Lidio y Fulvia parecía sólo exaltar la pasión y la juventud. La Calandria, tiene su puesto reconocido en la historia del teatro regular del siglo XVI; pero en cuanto al valor artístico de su conjunto, los pareceres están discordes. Subsiste todavía la sorprendente vivacidad con que se expresan los personajes, movidos sólo por el instinto sensual que todo lo trastorna y la espontánea y sonriente malicia para los acontecimientos de la vida. El prólogo (que no se representó porque hacía retardar a los actores), fue más tarde sustituido también en la impresión por otro bastante más corto de Baldassar Castiglione, que hace resaltar la libertad de inspiración de la comedia comparada con el modelo plautino. El prólogo original está a tono con la comedia, tanto por las observaciones de la vida diaria vista con el «anel d’Angélica.» como por una bufa «captatio benevolentiae».
C. Cordié

