Yang T’ai-chên

Personaje histórico (719-756), que fue a la vez la María Antonieta y la Pompadour de la China. Hija de un modesto funcionario, Yang Hsüan-yen, su belleza, su gracia y sus atractivos personales eran tantos, que en 735 fue ele­gida como concubina del príncipe Shou, decimoctavo hijo del emperador Hsüan Tsung (712-756), de la dinastía T’ang (618- 907).

Un año más tarde, el emperador, do­lorido por la muerte de una de sus favo­ritas, elegía a Yang T’ai-chên para susti­tuir a la difunta, dando en cambio a su hijo otra de las mujeres de su propio ha­rem. El soberano no tardó en enamorarse perdidamente de su nueva concubina, la cual alcanzó en la corte una tal influencia que se le otorgaron los mismos honores que si fuera la emperatriz. En 745 fue elevada a la dignidad de Kuei Fei, que venía inmediatamente después de la de emperatriz consorte. El emperador, mien­tras tanto, arrebatado por su loca pasión, descuidaba el gobierno, el cual pasó a ma­nos de ministros poco escrupulosos y de favoritos intrigantes, mientras Yang T’ai-chên, ahora conocida con el nombre de Yang Kuei-fei (concubina imperial Yang), por su lado, se aprovechaba de su situa­ción para hacer conferir altos cargos a sus parientes.

Sus tres hermanas entraron así en el harem imperial y obtuvieron feudos, mientras el soberano, para satisfacer los ca­prichos y la manía de lujo de su favo­rita, amante como él mismo de las fiestas y banquetes, exprimía los recursos del Es­tado e imponía onerosos tributos a las pro­vincias y a los Estados vasallos. Esta si­tuación terminó con la rebelión de Han Lu-shan, que obligó al emperador a huir acompañado de una escasa escolta, de algunos favoritos y de sus mujeres. En Ma Wei, una de las etapas de la lamentable huida, estalló la tragedia. Los soldados de la escolta se amotinaron y, después de dar muerte a Yang Kuo-chung, hermano de Yang T’ai-chên, al cual atribuían las ca­lamidades del Imperio, exigieron que el emperador les entregara a su bella concu­bina. El soberano se vio obligado a ceder y Yang fue despedazada.

Después de ello, los soldados se sometieron y le juraron fi­delidad. El reino de Hsüan Tsung fue una auténtica edad de oro en la historia de la civilización china. Hombre muy culto, poe­ta y literato, el emperador gustó de rodear­se de personas de talento y fue un gran protector de la cultura. Los dos principales poetas de la China, Li T’ai-po (701-762) y Tu Fu (712-770), vivieron en su corte y cantaron en estupendos versos las gracias de la favorita de su soberano. Pero la trá­gica pasión de los dos amantes brindó tam­bién temas de inspiración a la posteridad. Así, el poeta Po Chü-i (772-846) la cantó en obras líricas llenas de delicado senti­miento y de profunda melancolía, en su Canto de los dolores sin fin (v. Po Hsiang-shan Shih Ki) y trató de ella en una no­vela el escritor Ch’ên Hung en su Chang Hên Ko Ch’uan [Historia del canto de los dolores sin fin], y en el teatro se refieren a ella los dos conocidos dramas Chang Shêng Tien (v.) y Wu T’ung Yü (v.).

M. Muccioli