Protagonista de una balada popular eslovena, de una novela de Josip Jurchich (1844-1881) y de un drama de Iván Cankar (1876-1918); de la primera tomaron el título y la inspiración las otras dos obras (v. La hermosa Vida). Es la mujer apasionada y soñadora que, impulsada por su inquietud, abandona su casa y su esposo para volver luego, desengañada y tan ajena a la fantasía como a la realidad.
Creación típica del espíritu eslavo, la bella Vida se ve libre de la decadencia característica de las heroínas occidentales que, en la literatura de la segunda mitad del siglo XIX, tomarán parte en su drama. En su sangre sana de campesina, el sentimiento fatal de evasión que la mueve no es más que la natural tendencia gitana hacia lo desconocido. Por ello tiene la universalidad de que carecen tantas otra§ hermanas suyas que únicamente representan un momento del espíritu europeo, y se convierte en la expresión de un drama femenino que las literaturas occidentales habían situado casi exclusivamente en lo íntimo del hombre.
U. Urbani

