Hijo de Príamo (v.), muerto a manos de Aquiles (v.) durante la guerra de Troya. Es uno de aquellos personajes de los que en Homero sólo se encuentra el nombre, pero que luego fueron tratados por la poesía épica posterior, ya porque estaban vinculados con mitos conocidos, ya, sobre todo, porque los poetas del Ciclo épico griego (v.) quisieron desarrollar y completar todas las leyendas que Homero sólo insinúa.
En el último canto de la Ilíada (v.), Príamo recuerda a sus mejores hijos, muertos, y entre ellos menciona a Troilo. En las Ciprias, poema hoy perdido, sabemos, por el resumen de Proclo, que se refería la muerte de Troilo por Aquiles. Esta versión de la leyenda, cuyo valor literario escapa a nuestro interés, pero es importante por las numerosas alusiones que de ella se encuentran en los escritores ulteriores, nos es muy conocida por las numerosas esculturas griegas en los vasos de los siglos VI y V a. de C., motivo, que está tomado del poema perdido.
En los primeros años de la guerra, cuando los griegos se hallaban todavía lejos de la ciudad, las mujeres de Troya iban por agua a una fuente fuera de las murallas. Allí, un día, Aquiles sorprendió a Troilo y a Polixena, hijos de Príamo. Mientras Polixena huía a la ciudad, Aquiles, a pie, alcanzaba a Troilo, que iba a caballo, y le decapitaba antes de que Héctor (v.), Deifobo y Eneas (v.), que inmediatamente acudieron, pudieran salvarle. Homero omitió tal vez esta leyenda para excluir de su pintura de Aquiles los rasgos de ferocidad que hubieran obscurecido su fundamental nobleza. En las leyendas eróticas que más tarde se crearon alrededor de Aquiles, Troilo aparecía como amado por él; pero la aventura del joven hijo de Príamo siguió siendo uno de los ejemplos memorables entre los más luctuosos: véase, por ejemplo, a Horacio, que en su Oda II, 9, refiere la muerte de Troilo al lado de la de Antíloco (v.).
F. Codino

