Troilo

Troilo reaparece también en el Troilo y Criseida (v.), de Geoffrey Chaucer (1340/45-1400), y en el Troilo y Crésida (id.), de William Shakespeare (1564-1616).

Mientras Criseida, en el poema de Chaucer, gana sutileza psicológica, Troilo (Troilus) permanece esencialmente igual al de Boccaccio: esforzado paladín y amante apasionado, pero según todas las reglas del amor cortés, o sea, dicho de otro modo, más idealista que el ardiente joven retratado por Boccaccio, y por lo mismo más inclinado a velar con efusiones sentimentales al tormento físico del alejamiento de su amada. El Troilo (Troilus) de Shakespeare arde de una mor apasionado y caballeresco, seguido de desilusiones y desesperos: este tema emotivo central se configura según la parábola del apetito.

Troilo es al principio como un hambriento a quién la sola idea de alimentarse le da vértigo; luego, cuando descubre la traición de Cré­sida (v.), la mujer se le aparece como el comensal que ha comido en desmesura, y sirve a Diomedes (v.) los restos de su fe no digerida, según una imagen shakespeariana tan robusta como repugnante. El amor de Troilo fue un manjar vorazmente engu­llido e inmediatamente rechazado por Cré­sida. La imagen pinta la náusea de Troilo, al igual que la otra imagen del manjar atrayente y puro pintaba su apetito. El amor cortés encarnado en Troilo está con­taminado y llevado a rápida descomposi­ción por el hálito de corrupción que emana de Pándaro (v.): éste es uno de los motivos dominantes del drama de Shakespeare.

M. Praz