Till Eulenspiegel

[en bajo alemán, Dyl Ulenspiegel]. Personaje popular alemán cuyo modelo histórico fue un bufón pro­fesional, hijo de campesinos de la región de Brunswick, muerto durante la peste de 1350.

Sobre el recuerdo de sus bromas, bur­las y aventuras, a las que se añadieron otras, se compuso hacia 1480, en el norte de alemania, un libro popular, actualmente perdido. Una refundición austroalemana de hacia 1500 alcanzó gran popularidad; fue versificada por J. Fischart y se tradujo a diversos idiomas. Grueso y tardo, pero as­tuto y socarrón, Till revela desde su niñez su desenfrenada afición a la bufonería y a las befas, hasta tal punto que sus padres le arrojan fuera de su casa, cansados de su pereza y de sus bribonadas. Abandonan­do el pueblo, se dirige a la ciudad, donde ejerce su astucia en todos los oficios que emprende y que sucesivamente va dejando. Su malicia consiste principalmente en eje­cutar al pie de la letra las órdenes que le dan sus dueños.

Él es el primero que pagó con el sonido de unas monedas el olor del asado, o al menos el primero que dió ras­gos precisos a esta astucia ya conocida de la antigua literatura narrativa. También fue él quien rompió los espejos del bar­bero porque éste le había dicho que en­trara donde estaban, indicándole su tienda; que arrojó al puchero el perro Lúpulo en lugar de echarle lúpulo, etc. Generalmente, los hallazgos de su fingida necedad se dirigen contra príncipes, sacerdotes, ciuda­danos y artesanos. Till representa el des­quite de la zafia salud campesina contra los refinamientos urbanos; su estupidez, rí­gidamente coherente, es la natural defensa del ignorante frente al civilizado y la re­sistencia pasiva del primitivo frente al hombre más culto que fatalmente tiende a abusar de él.

Pero también equivale a una reacción de todo cuanto en el hombre hay de elemental contra los progresos de la razón. Till odia lo abstracto y le opone la fuerza primaria de las imágenes concre­tas, decidido a llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias: es el inmortal de­fensor de la estupidez como valor moral. Respeta los grandes ideales, pero es feroz contra la media cultura; demuestra «ad absurdum» la ineficacia de la lógica, pero cuando se enfrenta directamente con ella, la supera llevándola hasta sus últimas abs­tracciones y convirtiéndola en poesía. Es a la vez tonto y genial, palurdo y poeta, logrando así juntar dos extremos y demos­trar que lo que entre ellos se encuentra no es más que mediocridad. La literatura intentó varias veces hacerle consciente, y consciente, paradójico y severo juez es el Till que encontramos en la Maravillosa y verdadera historia de Filandro de Sittewald (v.), de Johann Michael Moscherosch (1601-1669).

Pero la verdadera epopeya de Till es la Leyenda de Ulenspiegel y de Lamme Goedzack (v.), de Charles De Coster (1827-1879), en la que Thyl Ulenspiegel se convierte en el símbolo de la rebelión popular flamenca contra la dominación es­pañola de Felipe II. Hijo de un carbonero y de una campesina, es el héroe popular y el alma de la reacción. Astuto pero ge­neroso, sencillo pero cáustico, a veces bu­fonesco, pero con íntima y desgarrada amargura, Thyl encarna las aspiraciones morales y políticas de su gente, su fantasía y su heroica humanidad. Cuando su padre muere quemado en la hoguera y su madre perece de pena, el travieso bufón se con­vierte en hombre y en vengador. Y pronto su misión adquiere rasgos simbólicos, de impulso hacia el ideal humano, en el que consiste su más auténtica significación. Las últimas reapariciones de Till Eulenspiegel son las obras tituladas con su nombre de Frank Wedekind y de Gerhart Hauptmann, y el poema sinfónico Las travesuras de Till Eulenspiegel, de Richard Strauss.

U. Dèttore