Personaje episódico de la novela del escritor mexicano Mariano. Azuela (1873- 1952) Los de abajo (v.), que aparece sólo en tres de los capítulos centrales de la obra; algunos críticos ven reproducido en él el pensamiento del autor.
Solís es un intelectual de veinticinco años, «un joven de semblante abierto y cordial», secretario del general Pánfilo Natera; junto con Luis Cervantes (v.), que viene a ser su polo opuesto, son los dos revolucionarios no salidos del mundo de «los de abajo». Solís es el único revolucionario auténtico que aparece en la obra, el único que sabe para qué lucha. El autor lo presenta cuando ya está viviendo su decepción — «la revolución es el huracán y el hombre que se entrega a ella no es ya el hombre, es la miserable hoja seca arrebatada por el vendaval» , en el mismo momento en que el movimiento revolucionario ha llegado a su cumbre.
Solís parece vaticinar el triste futuro de la lucha incluso cuando se siente atraído por su espectáculo; de ahí que en él, detrás de la admiración, encontremos la queja-augurio: « ¡Qué hermosa es la Revolución aun en su misma barbarie!… Lástima que lo que falta no sea igual». Mariano Azuela, tal vez para que la desilusión de Solís quede grabada en el lector más fuertemente, nos enfrentará en un momento en que el joven cree haber hallado un simbolismo de la Revolución «en aquellas nubes de humo y en aquellas nubes de polvo que fraternalmente ascendían, se abrazaban, se confundían y se borraban en la nada», con su muerte triste, inútil, producida por un proyectil perdido: «Sintió un golpecito seco en el vientre, y como si las piernas se le hubiesen vuelto de trapo, resbaló de la piedra. Luego le zumbaron los oídos… Después, obscuridad y silencio eternos».
S. Beser

