Silas Marner

Personaje de la novela de su nombre (v.) de George Eliot (1819- 1880). De metodista austero y entusiasta, desdeñoso de los bienes mundanos hasta el punto de abandonar sus ganancias a su querida congregación, le vemos convertirse poco a poco en avaro, únicamente dominado por el deseo de aumentar su montoncito de oro, hasta que bajo la influencia de la niña Eppie se trueca de nuevo en un anciano generoso y amable que sólo piensa en el bien del prójimo.

Tales mutaciones resultan comprensibles gracias a la aguda observa­ción de la escritora. Desde el principio nos damos cuenta de que Silas es uno de aque­llos caracteres desconfiados cuya entera vida está guiada por la necesidad de hallar algún objeto exterior en que apoyarse. Su primer puntal es la comunidad religiosa en que ha sido educado; al faltarle ésta, se retira a una pavorosa soledad y allí se con­centra fatalmente en el único bien sólido que le queda: el dinero que gana. Y final­mente, cuando ese dinero le es robado, y el oro de las monedas es reemplazado por el oro de los cabellos de una niña (la ilu­sión de Silas, cuando ve brillar aquella cabellera en la semioscuridad de la estan­cia y toma por oro lo que no son más que cabellos, simboliza el fenómeno espiritual presentado por la autora), comprendemos lo inevitable de su entrega a ese nuevo afecto y por qué gracias a él resurgirán las buenas cualidades del alma de Silas.

Así, un sutil estudio psicológico corre pa­rejas con la demostración de un principio moral (el de que el aislamiento del hom­bre le lleva necesariamente a la infelici­dad), y Silas, más aún que una alegoría del destino humano, resulta ser un vivo y ro­busto personaje real.

M. Praz