[Roderick Usher]. Protagonista de La caída de la casa Usher (v. Historias extraordinarias), del escritor Edgar Alian Poe (1809-1849).
Juntamente con lady Madeline, su espectral gemela o «doble», este último superviviente de una «casa» que un tiempo fue grande y gloriosa —la Mente — preside la caída de ésta; en cuanto dueño suyo, encarna las más altas facultades intelectuales en el momento antes de que, ellas y el cuerpo que le sirviera de morada, se hundan en la locura y en la muerte. Descolorida por los años y cubierta de musgo (v. Augusto Dupin), la Casa de los Usher conserva una integridad formal cuya especiosa apariencia sólo es traicionada por la carcoma de sus piedras y una leve inclinación en zigzag de su fachada; de ella, empero, se exhala una atmósfera de pestilencia, sofocación y lobreguez. En la oscuridad de su gótico interior, Rodrigo Usher, todavía no viejo pero en el borde de la disolución, proyecta «sobre todos los objetos del universo físico y moral, en una irradiación incesante», la oscuridad de su mente.
Su aspecto físico — sus «cadavéricas» carnes, sus ojos «grandes, líquidos y luminosos», su nariz de amplias ventanas y delicada línea, su boca fina y estupendamente modelada, su barbilla débil y su frente excesivamente vasta — corresponde tan detalladamente al del propio Poe que nos hace pensar en un deliberado autorretrato. La expresión en «arabesco» de su rostro es extraña a «cualquiera noción de simple humanidad», sus modales son incoherentes y ásperos, como los de un hombre embriagado por el opio; vive en una continua e intensa excitación nerviosa semejante a la histeria, que asume formas de febril concentración intelectual y «morbosa agudeza de los sentidos». Consciente de la «vacilación de su sublime razón sobre su trono», y consumido por el miedo al próximo instante en que habrá de ser destruido, Rodrigo dedica el tiempo que le queda al ejercicio de la «espiritual idealidad» en la que culmina y muere el temperamento exacerbadamente sensible que heredó de sus antepasados.
Pinta extrañas y fantasmagóricas «abstracciones puras», que no son sino transcripciones en líneas y colores de las obsesionantes fantasías del autor y «diagramas» de acontecimientos fisiológicos y psicológicos de la historia de la mente; como sus equivalentes verbales, esto es, los escritos de Po£, su característica es la «desnudez» — la pureza de la referencia cultural, moral o poética — con que traducen la «idea» obsesionante (v. Gordon Pym). Apasionado gustador de la «ciencia musical», Usher acompaña sus composiciones a la guitarra con poéticas improvisaciones como la rapsodia sobre la muerte de la mente, titulada. «El palacio encantado»: el radiante palacio del «monarca Pensamiento», asaltado por unos «desdichados seres con lúgubres vestiduras», se convierte en una vasta ruina habitada por «vastas formas que fantásticamente se mueven al son de una discordante melodía».
Con su biblioteca de libros esotéricos, reliquia de las civilizaciones de que él, como su moderno sucesor Philo Vanee (v.), es el «último» y estéril heredero, Usher alimenta su pasión por la especulación metafísica (v. Ligeia); y con su teoría de la perceptividad de la materia física, explica la misteriosa influencia ejercida por las piedras del palacio familiar sobre los destinos de sus habitantes. La muerte de lady Madeline, su resurrección (pues había sido enterrada viva durante un ataque cataléptico) y su segunda muerte violenta y definitiva causan la muerte de su gemelo, «víctima de los terrores que había previsto». El narrador, al huir de la casa maldita, ve resquebrajarse y derrumbarse tras sí sus muros. Las muertas aguas que la rodean engullen en su oscuridad las ruinas de la que fue la Casa de los Usher. Desde la muerte de Rodrigo Usher, la visión por él personificada — visión de una casa potente, que puede ser una familia, un universo moral o la civilización misma que se derrumba y desaparece bajo un cielo inhumano — no ha cesado de obsesionar la imaginación de los escritores americanos (v. Pyncheon).
S. Geist

