Próspero

Personaje de La tempestad (v.), drama de William Shakespeare (1564- 1616). Carácter estático, figura casi fija de mago benigno, que se sirve de sus artes no para vengarse, sino para hacer arrepen­tirse a sus enemigos, Próspero es interesan­te no desde el punto de vista dramático, sino por las palabras sabias y sublimes que Shakespeare pone en sus labios, y en las que se adivina el pensamiento del propio poeta.

En rigor, como ya vio antes que nadie Thomas Campbell (1777-1844), Prós­pero es el poeta mismo que, al llegar al final de su carrera, abandona la varita de virtudes con la que evocó un mundo, y arroja al mar, a una profundidad mayor de la que jamás pueda alcanzar sonda alguna, su libro. Entre los discursos de Próspero es famoso el de la escena 1 del acto IV: «Se terminaron nuestras diversiones. Estos actores nuestros, como ya os he dicho, eran todos ellos espíritus, y se disolvieron en aire, en aire sutil. Así, al igual que el no fundado edificio de esa visión, se disolverán las torres cuyas cimas tocan las nubes, los suntuosos palacios, los solemnes tem­plos, el mismo inmenso globo y todo cuan­to contiene, y, al igual que ese incorpóreo espectáculo desvanecido, no dejarán tras sí la menor huella.

Nosotros estamos hechos de la misma sustancia de los sueños, y nuestra breve vida está rodeada por un sueño». Palabras en las que puede hallarse un paralelismo con el motivo central de La vida es sueño (v.) de Calderón de la Barca (1600-1681).

M. Praz