Personaje de la novela Guerra y paz (v.), de León Tolstoi (Lev Nikolaevič Tolstoj, 1828-1910). Es una especie de símbolo de las simpatías nacionales del escritor y el centro de aquel mundo de gente sencilla, especialmente soldados, que Tolstoi, en su novela, contrapone al llamado «gran mundo».
Cuando Pierre Bezuchov (v.) encuentra al soldado Platón Karataev, se queda sorprendido y entusiasmado a la vez por sus rasgos morales: su absoluto desinterés por el propio yo, la sencillez con que se somete, en su conciencia o en su subconsciencia, a una fuerza superior, a la que supedita todos sus actos y actitudes. Karataev carece en absoluto del orgullo de su personalidad, pero posee en cambio un sentimiento más bien genérico, que le hermana con la masa del pueblo ruso, de una humanidad de la que los individuos no son más que partículas. Consecuencia de ese sentimiento es el fatalismo que preside su vida: fatalismo no pesimista, sino luminoso, que se traduce en una profunda fe en el inevitable triunfo de la ley moral y de la justicia.
Todo ello se manifiesta también en la actitud exterior del soldado : todos sus actos y todas sus palabras están penetrados por el espíritu de la sencillez y de la verdad y por la más absoluta indiferencia a la impresión que unos y otras puedan producir a los demás. Trasladado a un plano de mayor cultura, Karataev se convierte para Tolstoi en el propio general ruso Kutuzov (v.), a quien el escritor sitúa por encima de Napoleón precisamente porque, al contrario de éste, no «desempeñaba un papel», sino que actuaba espontánea y sencillamente. En la figura de Karataev es evidente el reflejo de las teorías tolstoianas sobre la pasividad y la función de la personalidad, teorías en parte fundadas en una realidad psicológica rusa, aunque no lleguen a agotarla totalmente.
E. Lo Gatto

