Petruccio

Personaje de La fierecilla domada (v.), comedia de William Shakes­peare (1564-1616). Cínico (pretende casarse sólo por interés), audaz y enérgico, dotado de considerable fuerza física y de un vul­gar sentido común, Petruccio es el varón por excelencia sin ningún matiz sentimen­tal ni ninguna delicadeza; de otro modo la farsa de la doma de la bravía no podría llevarse a cabo con aquella brutalidad in­flexible y superabundante que es la única que puede asegurar el éxito en un caso como el de Catalina (v.). Y es evidente que la fuerza de carácter y la fuerza física corren parejas, y que la fuerza de carácter nada podría si no fuese una emanación del predominio de la masculinidad.

Si era ab­surda la terquedad de Catalina antes de casarse, no menos absurda es su sumisión: la primera no era más que malhumor de solterona, y ésta es una entrega más física que moral. Petruccio impone a Catalina la «razón», pero «razón» no es ciertamente la palabra más apropiada, al menos que se quiera hablar de la «razón de lo irracional», por cuanto Catalina, gracias a Petruccio, ad­quiere un conocimiento inmediato, más que mental, de su posición de mujer.

En rea­lidad, su conversión sería una verdadera conversión de los sentidos de la religión fálica predicada por David Herbert Lawrence (1885-1930), aquella religión que centra la vida en el divino misterio de la experien­cia sexual (v. El amante de lady Chatterley y v. este personaje). El bastón que empuña Petruccio es indiscutiblemente un símbolo fálico.

M. Praz