Pedro el Afortunado

[Lykke Per]. Protagonista de la breve novela de su nom­bre (1870) del escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875), y de la larga novela, también titulada con su nombre, del escritor danés Henrik Pontoppidan (1857-1943). El Pedro de Andersen es una idealización autobiográfica.

Del mismo mo­do que Andersen, nacido en humilde cuna, alcanzó pronto la fama, Pedro (Per, en danés, significa también «un hombre cual­quiera») llegó a ser no sólo un famoso cantante, sino también un gran composi­tor, y tuvo la fortuna de morir en la flor de la juventud, en una explosión de ale­gría, entre los delirantes aplausos del pú­blico asistente al estreno de su primera ópera.

El personaje de Pontoppidan es muy distinto. Ricamente dotado, ávido de vida y de éxito, Peter Andreas Sidenius (el so­brenombre de Pedro el Afortunado no tarda en adquirir para él un sabor irónico) es detenido en su camino ascensional por la grave herencia moral y religiosa que han dejado en su sangre los rígidos pastores protestantes que fueron sus antepasados. Tras algunos éxitos en la capital, Pedro re­gresa vencido a su provincia, para morir solo ante Dios y su conciencia, no lejos del pueblo que le vio nacer.

En esta doble visión, de Pedro el Afortunado hay que ver no sólo el reflejo de dos temperamentos de escritor muy distintos uno de otro, sino también la interpretación opuesta de la vida por parte de dos generaciones dife­rentes.

A. Manghi