Niels Lyhne

Protagonista de la novela de su mismo nombre (v.) del escritor da­nés Jens Peter Jacobsen (1847-1885). Como el propio Jacobsen, Niels Lyhne nace de un padre positivo y práctico, apegado a la tierra, y de una madre soñadora.

Durante su niñez, la formación de su personalidad experimenta principalmente el influjo de la madre, que quiere hacer de él un caba­llero del ideal, armado, combativo, pero capaz de realizar, los sueños poéticos de que ella se nutrió. Pero Niels, en el mejor momento de las fábulas, cuando más dis­puesto parece a dejarse arrebatar por ellas, siempre cree saber que no son verdad, y que la realidad es otra cosa. Y así du­rante toda su vida permanece oscilando entre el sueño y la realidad, y agotándose imaginando la acción, antes de llevarla a cabo.

Lo inevitable de la muerte de una persona querida le hace perder la fe en Dios (no quiere tener labios para un Dios que no tiene oídos), pero por otra parte no logra erigir el ateísmo en un programa concreto de vida. El contacto con la rea­lidad, que está constantemente ansiando, siempre le halla vulnerable. Y ello le su­cede en toda manifestación vital: trátese de pensamiento, trabajo- o amor, siempre es un vencido. Siente que es poeta, pero no logra captar ni expresar los fantasmas poéticos que íntimamente le solicitan. Las mujeres que ama huyen de él o le son arrebatadas por la muerte, dejándole solo y desesperado.

Sus soledades son cada vez más tristes: muere su madre, desaparecen su esposa y su hijo, él, a su vez, muere tristemente, en guerra, en un persistente y obstinado ateísmo. Cuando Fennimore le rechaza y él regresa patinando, en una luz oscura entrecortada por los rojizos res­plandores de la antorcha sobre el hielo, su figura adquiere un relieve trágico y defi­nitivo: en aquella manera de andar en zigzag está simbolizada toda la mísera indecisión de su vida. Su existencia no ha sido otra cosa: un ansioso vagar tortuoso por un camino ora iluminado, ora carente de relieves y de sombras.

En una palabra, Niels Lyhne representa aquello que el poe­ta temía ser: un fracasado en la vida y en el arte, y lo que realmente era: un sensi­tivo ávido de vida real y tenso como la cuerda de un violín antiguo. Este carácter le convierte en el prototipo de figuras más recientes de hombres entregados al ensueño o a la abstracción y, como él, faltos de cer­teza. A esa característica se añaden una desconfianza y una amargura que el Niels de los primeros tiempos no tenía: las del Tonio Kroger (v.) de Thomas Mann y del Inmoralista (v.), de André Gide, hijos de una época todavía más oscura. En Dina­marca, algunos de los rasgos emotivos y refinados de Niels, así como su enfermiza­mente exacerbada sensibilidad, se hallan en algunos personajes femeninos de Her­mán Bang.

G. Puccini