Mari-Hernández

La protagonista de Mari-Hernández, la gallega (v.) de Tirso de Molina (fray Gabriel Téllez, 1584?- 1648), tiene un papel doblemente revo­lucionario : no sólo representa, como otras protagonistas de Tirso, el triunfo de la mu­jer en un mundo masculino, incluso a efec­tos de elección amorosa, sino que también cumple un insólito ascenso social, consiguiendo, plebeya y todo, ser tomada en matrimonio por su fugitivo galán, el noble don Álvaro.

Si el Rey la hace condesa de Bacelos, ya es por salvar las formas nobiliarias, vista la inevitabilidad dramática de la boda. Mari-Hernández, bilingüe y aun predominantemente de habla gallega en escena, realiza una progresiva transforma­ción a lo largo de la obra: en la primera escena aparece elevando una piedra para dejarla caer en la cabeza del desconocido galán dormido a quien encuentra en el campo: un judío debe ser, y no hay sino matarle en el sueño. Pero el amor la vence en seguida, y la piedra no cae sobre la cabeza; después, el galán despierto inicia­rá con ella un escarceo donde Mari-Her­nández, todavía rústica, ya se muestra mu­cho más^ sutil en la conversación.

El amor triunfará sobre el noble, escondido en la soledad rústica, huyendo de peligros de muerte; pero luego el galán volverá a su mundo de guerras y a su estado aristó­crata, dejando a su Dido aldeana. Pero ésta en una batalla se aparecerá, misterio­samente envuelta en armadura, como un fantasma protector, para salvar a su amado del peligro. De aquí el triunfo final, im­petuosamente necesario y consagrado por el Rey, todavía en el calor de la batalla. La gallega Mari-Hernández, precursora de tantas heroínas modernas de «novela rosa», queda no obstante con toda la autenticidad humana que imprimía a sus mujeres prota­gonistas el ferviente partidario de la fe­minidad que fue Tirso.

J. M.a Val verde