Manolo o Maestro Manolo

[Meştre Manolo]. Protagonista de la leyenda popular rumana relativa a la fundación de la iglesia del monasterio de Curtea de Argeş.

Históricamente, este templo fue edi­ficado en la época del príncipe Neagoe Basarab, a principios del siglo XVI, pero el pueblo, admirado ante la belleza de tal edificio, atribuye su construcción, juzgada milagrosa, a un sacrificio humano. En la leyenda, el «vodă» (príncipe) Neagoe ha pasado a ser el « vodă » Negru, y el cons­tructor toma el nombre de Manolo o Ma­nea. Odobescu cree que esta última deno­minación no fue introducida en la leyenda hasta el siglo XVII, al ser edificada la basílica de Hurez por un histórico maestro Manea.

Esta tradición parece reconocer un origen meramente balcánico, por cuanto se relaciona con el folklore de algunos de estos pueblos (v. Albañil Clemente). La leyenda ofrece algunas variantes, de acuer­do con las cuales algunas poesías se refieren a la construcción de un puente, y otras a la de una fortaleza. Sin embargo, la más difun­dida de aquéllas es la que habla de la erec­ción de la basílica de Argeş, por cuanto en ella se inspiró el poeta nacional Vasile Alecsandri (1819/21-1890) para escribir su Mănăstirea Argeşului, una de sus más lo­gradas Poesías populares (v.). Nueve obre­ros, con Manolo al frente, inician llenos de ardor la construcción de la basílica, que, según la promesa del Príncipe, les hará ricos y poderosos si queda perfecta, o bien será su tumba, si no salen airosos de la obra.

Sin embargo, debido a una fatal maldición, todo el trabajo que llevan a cabo de día se convierte por la noche en ruinas; final­mente, Manolo, desesperado, sueña que la obra sólo podrá terminarse si, para aplacar al espíritu maligno, ofrecen un sacrificio, que consistirá en tapiar viva en aquélla a la hermana o esposa de uno de ellos que primero se presente. A la mañana si­guiente, el pobre Manolo ve avanzar de lejos a su amada esposa, y ruega que se levante una tempestad que le impida aca­bar de llegar.

No obstante, el amor de Ana es más fuerte que la tormenta, y Ma­nolo se ve obligado a hacerla tapiar en el edificio, fingiendo, con el alma lacerada, gastarle solamente una broma. Los obreros mueren, a causa de su excesivo ensoberbecimiento, y asimismo Manolo, que no puede soportar su dolor; en el lugar de su muerte, brota, de sus lágrimas, una fuente de agua salada. Manolo es el hom­bre que sacrifica su vida y sus afectos al arte y a sus exigencias, pero no por am­bición, sino por culpa de la fatalidad que pesa sobre todo aquel que se atreve a rea­lizar una obra superior a las fuerzas mor­tales.

G. Lupi