Lotta Svärd

Personaje central de un pequeño poema épico en cuartetas incluido en los Cuentos del alférez Stal (v.), de Johan Ludvig Runeberg (1804-1877). Por la noche, junto al fuego, viejos veteranos se entretienen hablando de Lotta Svärd, la cantinera; y les asalta una multitud de recuerdos.

Tenía aquélla veinte años cuan­do Gustavo III subió al trono de Suecia. Estaba casada con un soldado y era una hermosa muchacha; sin embargo, pronto se marchitó su primavera, y su esposo cayó en campaña. Al estallar la última guerra, la de 1808-1809, su belleza se había desva­necido por completo, pero los soldados la recordaban con frecuencia, elogiándola co­mo en sus mejores días. Serena y audaz, amaba la guerra, con sus peligros y daños; próxima siempre a los combatientes, tanto en la buena como en la mala fortuna, era» en cambio, hostil, en su sencilla heroicidad, para con los emboscados, pero maternal­mente solicita hacia el simple y pobre sol­dado que cumple valientemente con su de­ber.

«Ha transcurrido ya mucho tiempo des­de que la vi por última vez, pero la llevo siempre en la mente; me complace recor­dar a la señora, que bien lo merece», ter­mina el viejo veterano. Convertida en sím­bolo patriótico y humano, ha seguido vi­viendo en la memoria de los fineses, quienes han dado su nombre a una gran organiza­ción femenina, que se hizo famosa durante la guerra defensiva sostenida contra los rusos en el invierno de 1939-1940.

V. Santoli