Lebonnard

Típico héroe secundario del siglo XIX, el viejo orfebre provinciano, protagonista del drama de Jean Aicard (1848-1921), Papá Lebonnard (v.), puede jactarse de cierta ilustre, aun cuando le­jana, parentela literaria: posee algunos ras­gos comunes con diversos personajes de Balzac (1799-1850), como, por ejemplo, el anciano y cándido Goriot (v.).

El amor ha­cia su hija le ha hecho soportar el adul­terio de su esposa y acoger como hijo al que no lo es por la sangre, pero que no tardará en serlo de alma; y sólo cuando descubre una insidia contra la felicidad de la muchacha (único objetivo de toda su inocente existencia) es capaz de reaccionar. En tal momento, la paz del hogar, siempre sólida gracias a él, amenaza ruina. Sin em­bargo, no ocurre cual podía esperarse, por cuanto, una vez más, la gran bondad de Lebonnard — que se ha hecho todavía más comprensiva y humana — logra salvarlo to­do : protegida la felicidad de Juanita, la tranquilidad de la familia queda también restablecida.

La bondad, en efecto, es la característica dominante de Lebonnard; una bondad que no se muestra, precisamente, desabrida ni ciega, sino sólo, en apariencia, tejida de debilidad y amor a la vida tran­quila. Sencillo hijo del siglo del progreso, Lebonnard es fiel a un cristianismo vago, defensor de los derechos del corazón y enaltecedor de la nobleza del trabajo; a ve­ces, por desgracia, se ve arrebatado por el énfasis, y, aun cuando siempre nos parezca simpático, le quisiéramos más discreto, más a segundo término y menos teatral.

G. Falco