[George Knightley]. Personaje de la novela Emma (v.) de Jane Austen (1775-1817). La natural elegancia de maneras, la delicadeza, el respeto por los sentimientos ajenos y la discreción son las características y los principios de conducta abiertamente profesados por Knightley, uno de aquellos hidalgos campesinos humanos y expertos que, aunque no tuvieran título de nobleza, representaban a la «gentry» inglesa entre los siglos XVIII y XIX y, en el ritmo mismo de su vida sin tempestades y en la modosidad de su conducta, reflejaban la atmósfera lenta y sedante de la sociedad provinciana. Knightley huye de todo cuanto parece énfasis dramático o sentimental.
Cuando, después de una larga separación, encuentra a su hermano puede saludarle como siempre en la forma tradicional, conteniendo en una calma, que tiene apariencias de indiferente frialdad, aquel afecto profundo que impulsaría a cada uno de ellos, si fuera necesario, «a hacer cualquier cosa que pudiera convenir al otro». El auténtico «estilo inglés» que guía los actos de Knightley informa también sus palabras, y su petición de la mano de Emma Woodhouse (v.) se expresa «en un inglés sencillo, señoril y sin afectación, cómo el que usaba incluso con la mujer de quien estaba enamorado».
La seguridad que su posición social le confiere y su apacible cohesión interna le hacen juzgar a veces las cosas de una manera un poco dogmática que roza en un fácil moralismo. Pero precisamente esta misma seguridad y superioridad de juicio le erigen en el marido ideal de la época: afectuoso sin perder el sentido común, y siempre dotado de una mayor experiencia y de una autoridad de guía. Emma, a pesar de su carácter independiente, puede decirle: «A menudo he sufrido vuestro influjo; mucho más a menudo de lo que he confesado. Estoy convencida de que me habéis hecho mucho bien».
Y Knightley puede a su vez considerar a Emma como a una hija mimada: «Cada día me indigno menos con los hijos mal criados, querida Emma. Para mí, que os debo toda mi felicidad, ser severo con ellos significaría una horrible ingratitud». Knightley es el ideal varonil de la época de la Razón (con todas las resonancias de sentido común y de razonabilidad que lleva implícitas la palabra inglesa «reason»): un ideal que el movimiento romántico había de destruir, contraponiéndole el tipo del joven «irregular» dominado por las pasiones.
G. Melchiori

