Joe Christmas

Personaje de la novela Luz de Agosto (v.) del gran novelista William Faulkner (1897-1962). Christmas (Na­vidad) es negro en parte, aunque no tiene rasgos somáticos de tal. Fruto de los amo­res irregulares entre una joven blanca y un negro es abandonado una vez arrebatado a su madre por el abuelo maníaco racista que no perdona jamás a su hija. Se educa posteriormente junto a un puritano, Me Eachern, que intenta formarle en su rígida moral.

Christmas frecuenta el trato de una prostituta a la que descubre su origen. Esta primera pasión convierte a Christmas en un hombre, y sumergido en una atmós­fera terriblemente viciada se enfrenta al puritano, al que llega a asesinar y a ro­bar. Vagabundea por el norte de los Estados Unidos frecuentando el trato de mujeres a las que revela su origen. Christmas por un lado siente la atracción de la sangre negra, por otro su aspecto blanco le hace odiar a sus propios hermanos de raza. Lle­gado a Jefferson, Christmas trabaja en un aserradero y más tarde se dedica a la fa­bricación clandestina de whisky.

Así conoce a miss Burden, solterona que procedente del Norte ha sufrido el más absoluto ostra­cismo en Jefferson. Miss Burden frecuenta el trato de los negros y allí, en su propiedad, se instala Christmas. Muy pronto se inician entre ellos íntimas relaciones. Miss Burden es mayor que él. Christmas le saca dinero y un coche. Pero miss Burden se convierte en una maniacorreligiosa y Christ­mas acaba asesinándola. Jefferson entero se lanza a la captura «del negro que ha matado a una blanca después de haber vi­vido con ella a la vista de la ciudad».

La ofensa es racial. Christmas es detenido, pero es Jefferson entero el ofendido y la venganza debe ser la de Jefferson. Acon­sejado por su abuela, a la que descubre después de treinta años, Christmas intenta refugiarse en casa del pastor. Allí es muer­to a tiros por un ex combatiente de la guerra de 1914, aunque aclara Faulkner «no era miembro de la Legión Americana». La historia de Joe Christmas es la historia del hombre agitado por el odio racial, fru­to de una absurda sociedad que le obliga a que su sangre tome un color determina­do. Como dice el autor: «la sangre no le dejaba en paz, no le dejaba salvarse…».