Jimena

La selvática nodriza de Rodri­go de Villagómez, en el drama Los pechos privilegiados (v.), de Juan Ruiz de Alarcón (15819-1639), es una curiosa excepción en medio del teatro español del Siglo de Oro: no entra en los esquemas habituales de los repartos de personajes; no es noble, ni es propiamente bufonesca, ni tiene a su cargo un papel verdaderamente femenino, pues aunque amamantó al que llegaría a ser privado del rey de León, su papel es de «machorra» enérgica, capaz de intervenir violentamente en una pelea, sujetar al pro­pio monarca entre sus nervudos brazos, y llevársele por el bosque, mientras atrás suenan las espadas entrechocadas.

Su habla es tosca y directa, con un solo sentimiento: el amor a su hijo «de leche». Utiliza una lengua que, aproximadamente, quiere ser un bable leonés: seguramente uno de los más fieles intentos de caracterización dialectal de este período teatral (junto a las gallegas de Tirso). La nodriza Jimena re­vela gran sensatez y prudencia: sabe callar secretos, como si no fuera mujer; y aunque ha sujetado fuertemente a su monarca, en defensa de «su hijo», sabe luego ponerse a su lado, cuando el rey de Navarra com­bate con el rey de León, y esgrimir la es­pada que quita al cobarde Cuaresma, el gracioso de la obra.

Al final, enderezados todos los entuertos, vuelto el rey a su buen acuerdo, y restituida la privanza a Rodrigo de Villagómez, la enérgica virago recibe una excepcional recompensa por su inter­vención: el «privilegio de nobleza» para ella y para todas las mujeres que en lo sucesivo amamanten a los descendientes de la casa Villagómez. De la constancia docu­mental de este curioso hecho medieval bro­taría la obra de Ruiz de Alarcón.

J. Mª Valverde