Protagonista de la comedia de su mismo nombre (v.) de Alfred de Musset (1810-1857). En un mundo en el que tanto prevalecen los intereses y donde las acciones humanas se hallan presididas por el cálculo y la razón, Fantasio personifica la poesía; quien la lleva en sí mismo puede contemplar a inteligente distancia todo el inútil afán de los hombres prácticos en pos de sus negocios.
Cuando habla Fantasio — que aparentemente no hace sino beber, amar y exponer sus luminosos y exquisitos comentarios marginales a los hechos cotidianos y, finalmente, se hace bufón de la corte para mejor seguir ese instinto caprichoso — parece como si la escena se iluminara con resplandeciente luz. Fantasio sobresale y es el protagonista no porque hable más que los otros, sino por cuanto, gracias a su intuición poética, lo ve todo con mayor exactitud y objetividad que ellos.
Aparece ante la cándida princesita Elsbeth — con la que el señor de Mantua ha de casarse, aunque luego no lo hace por la intervención de Fantasio, lírico elemento disgregador en el mundo de los intereses — cual si saliese de la hierba de un jardín («recojo modestamente flores mientras espero que me venga la inspiración»), bajo el aspecto de un falso jorobado con sugestiva elocuencia, f habla con maravillosas imágenes, como algunos juglares de Shakespeare. Fantasio ha hallado en la muchacha y su auditorio un terreno abonado para toda suerte de singularidades.
Aventados los cálculos de la razón de Estado, siquiera sea a trueque de una guerra, domina finalmente sobre la tierra, aunque sólo sea por una hora, la divina poesía; Fantasio, con sus disfraces y su franca e inspirada elocuencia, parece realmente, en ciertos momentos, uno de sus privilegiados heraldos.
G. Falco

