Protagonista de la novela Juicio y sentimiento (v.), de Jane Austen (1775-1817). Eleanor Dashwood representa el sentido común, que, para el siglo XVIII de Addison y de Pope, y sobre todo para Jane Austen, constituía el ideal de la perfección humana; en él, en efecto, se inspiran los ritmos sólidos y tranquilizadores del clasicismo, el equilibrio y la mesura en el arte como en la vida.
El sentido de la mesura es precisamente el carácter dominante de Eleanor. Nunca ignora lo que debe hacer, ya se trate de entrevistarse con un noble que ha seducido a su hermana (v. Willoughby), ya se considere abandonada por su amado, ya se halle con que éste vuelve a ella. Eleanor sabe en cada caso qué es lo que el decoro exige que ella diga o haga: sabe cuándo debe retirarse a su habitación y prorrumpir en sollozos, sin que nadie se dé cuenta, y sabe cuándo hay que demostrar convenientemente su emoción y su alegría.
Pero a pesar de esa compostura que podríamos llamar clásica, Eleanor no es nunca fría, antes al contrario, a menudo está agitada por las emociones; lo que ocurre es que por grande que sea su sensibilidad, jamás se abandona a sus sentimientos. «Tenía un corazón excelente — dice Jane Austen—, su temperamento era naturalmente afectuoso y sus sentimientos muy vivos, pero sabía cómo debía gobernarlos».
Un carácter semejante corre a menudo el riesgo de hacerse antipático por exceso de virtud, tanto más cuanto que Eleanor carece del brío y la agudeza de una Elizabeth Bennet (v.) o de una Emma Woodhouse (v.). Pero si en estas últimas se admira la agilidad de espíritu, también Eleanor posee esta cualidad, aunque la manifieste en otra forma. En ella no cuentan las réplicas restallantes e ingeniosas, sino la prontitud con que sabe arrostrar las distintas situaciones y hallar en cada una de ellas el tono preciso.
Así, Eleanor Dashwood es la intérprete de un mundo donde el sentido de la dignidad humana, del dominio de la razón sobre las emociones y del equilibrio en los actos constituía el código de la vida cotidiana y el signo de una civilización lograda, en la que los hombres creían.
G. Melchiori

