Protagonista de la novela de este nombre (v.), de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Tomás Rodaja, joven de agudo ingenio que se ha distinguido mucho en los estudios cursados en Salamanca, tiene la desgracia, de regreso de un viaje a Italia y Flandes, de enamorar a una mujer «de todo rumbo y manejo», la cual, viéndose desdeñada e incapaz de conquistarlo por los medios corrientes, le administra un brebaje hechizado que le hacer perder el juicio.
Rodaja se cree de vidrio, y vaga por las ciudades de España vestido de saco, durmiendo en los pajares y andando por el centro de las calles por miedo a las tejas, siempre seguido de un cortejo de muchachos y curiosos a cuyas preguntas contesta con ingeniosas salidas. A uno que le cuenta la tristeza que ha producido a un amigo suyo la huida de su mujer, le responde: «Dile que dé gracias a Dios, por cuanto ha querido sacarle de casa a su peor enemigo». Un señor quisiera verle en palacio, y él le hace contestar que no tiene aptitudes para la vida de corte, puesto que «se avergüenza y no sabe adular».
Dice a otro que le pregunta cómo lo hará para curarse de la envidia: «Duerme, que mientras duermas serás igual a quien envidias». A un genovés que le pide quiera narrarle un cuento le responde: «No, porque de otro modo te seguiría con él a Génova». Y a otro que le pregunta el motivo de la pobreza de los poetas le contesta que éstos no saben sacar partido de sus damas, que tienen «los cabellos de oro, la frente de plata, los ojos de esmeralda, los dientes de marfil, las lágrimas de perlas», etc. Y así son otros muchos juicios satíricos de Vidriera sobre los sastres, tenderos, jueces, escribanos y muchos otros oficios.
Para algunos críticos, cual Icaza y Menéndez Pelayo, el personaje constituye un pretexto cervantino para sacar a colación una recopilación de apotegmas. Indudablemente, Vidriera, como ya los dos perros Cipión y Berganza, es un portavoz de Cervantes y expresa los pensamientos de éste, los cuales, no obstante ser juicios sobre la sociedad, adquieren una peculiar significación irónicamente alterada por el hecho de ser emitidos por un perro pelón o un pobre loco. Según Val- buena Prat, la demencia de Vidriera^ fue madurando entre los polvorientos volúmenes de los libros jurídicos y teológicos de Salamanca, cual entre las novelas de caballería la del hidalgo manchego.
Otros críticos han visto en la figura del Licenciado a un hermano de don Quijote (v.), y en su extraña locura el símbolo de la misantropía propia de quien ama la verdad hasta el punto de considerar molesto cualquier contacto con el triste mundo, y cuya alma, sincera y amarga, es transparente como el cristal. A semejanza de don Quijote, Vidriera debe retirarse del mundo precisamente cuando su demencia toca a su fin. No obstante, la ironía cervantina supone en este caso, como ya en otras partes, un avance de matiz pirandelliano, por cuanto el mismo Licenciado, que, cuando loco, encontraba ayuda y aplausos, una vez recobrado el juicio gracias a los cuidados de un fraile deja ya de interesar a nadie, y, para no perecer de hambre, se ve obligado a abandonar las Pandectas y a volver a Flandes como soldado.
C. Capasso

