Es interesantísima la interpretación que de este personaje hace André Gide (1869- 1951) en Le retour de l’enfant prodigue [El retomo del hijo pródigo], publicado en 1907. El hijo vuelve al hogar paterno por cobardía y debilidad. Él mismo lo reconoce y aconseja a su hermano menor, el abandono, la huida para siempre de la casa del padre hacia la aventura vital.
Esta interpretación es la más cumplida expresión de la negativa gidiana a decidirse, a «comprometerse». Caries Riba (1893-1959) ha tratado la misma figura en uno de los poemas de su Esbós de tres oratoris [bosquejo de tres oratorios], aparecido en 1957; en él se da una madre al hijo pródigo, cuya vuelta significa para el poeta el retorno del hombre, consumido por el fuego de Dios, a su Centro Vital.

