El Corregidor

Protagonista del re­lato El sombrero de tres picos (v.) de Pe­dro Antonio de Alarcón (1833-1891). Ena­morado y tímido, el corregidor don Eugenio de Zúñiga inicia su aventura con la bella Frasquita (v.) bajo el signo poco lison­jero de una caída, y la continúa con otras, primero en el foso que rodea el molino y luego en la red que involuntariamente se tiende alrededor de su persona, sin llegar sin embargo a caer donde tanto hubiera querido, o sea entre los brazos de la bella molinera.

Dispuesto a abusar de su cargo, como de todas sus mediocres posibilidades sólo en palabras, si todo otro uso compromete su tranquilidad, y satisfecho con una mínima esperanza pero al mismo tiem­po preocupado a cada inesperado recodo que hace el camino que se abre ante él, don Eugenio es quizá la más sutil encar­nación de cierto donjuanismo irresoluto, así como de una aristocracia insegura y co­rrompida, dispuesta a hacer concesiones al libertinaje de la burguesía rica.

En rigor, casi sólo le queda de aristocrático, aparte de una superficial gentileza en la que participan su traje y las fatales tres puntas de su sombrero, su sonoro apellido de Ponce de León, y el gusto de repetírselo para convalidar frente a los demás su bam­boleante autoridad. A su alrededor parece que incluso la naturaleza se divierta en crear una serie de episodios humorísticos que se enlazan en un continuo tiovivo de amenidad; así, el pobre corregidor es la víctima de su dulce deseo y de su indecisa voluntad, contento, empero, de haber salido del paso con unos cuantos palos, la mo­mentánea bronca de su mujer y, muy en el fondo, casi feliz por haber por lo menos tocado la blanca y fresca epidermis de la molinera.

G. Testori