Doña Perfecta

Protagonista de la novela Doña Perfecta (v.), de Benito Pé­rez Galdós (1843-1920). En el siglo XIX español domina el contraste entre las ideas progresistas, de importación extranjera, y las autóctonas, inspiradas en la tradición, la religiosidad y el absolutismo.

Pérez Gal­dós, que fue un ferviente adicto de las primeras, personifica las segundas en doña Perfecta, cuyo nombre pretende aludir a la seguridad en su propia perfección ideo­lógica que constituye el rasgo más saliente de esa dama de viejo cuño. Doña Perfecta cree en muchas cosas, y se equivoca tam­bién a menudo, pero siempre con absoluta sinceridad. Sólo se resigna a valerse del engaño cuando el fin que persigue es tan alto que sería pecado el mero hecho de renunciar a los medios para lograrlo. Esto es lo que sucede cuando Rosario, hija de doña Perfecta, se enamora de su primo Pepe Rey, culto e inteligente ingeniero.

Todas las astucias a que primero se recurre para lograr el noviazgo son después em­pleadas en sentido opuesto cuando doña Perfecta descubre que Pepe es hombre de ideas liberales que tiene el propósito de contribuir cuanto pueda a la renovación de una España que considera anticuada y feudal. Como una heroína del Antiguo Tes­tamento, doña Perfecta, convencida de que Pepe representa el mal, se convierte en su encarnizada enemiga, hasta lograr que un bandolero, protegido por su familia, le dé muerte. Pero cuando su hija enloquece de dolor, en doña Perfecta empieza a insi­nuarse una terrible duda: por más que se repita continuamente que el torpe medio a que recurrió era el único posible, en el fondo de su corazón hay algo que obstina­damente le contesta que no. Y la terrible duda supera a su remordimiento, engen­drando en ella una falta de confianza e introduciendo la posibilidad de que doña Perfecta pueda no serlo, con lo que su sentido de la infalibilidad queda destruido.

F. Díaz-Plaja