Dolón

En la Ilíada (v.) sólo se menciona a Dolón una vez, en el can­to X, al referir el episodio en que pierde la vida. Este canto, que llevó precisamente el título de «Dolonia», ocupa una posición especial en la economía del poema, en el que representa un paréntesis de guerrilla nocturna y de pura aventura entre la se­gunda y la tercera de las grandes batallas de la Ilíada.

La figura de Dolón es por demás singular. Es un personaje despre­ciable, pero el poeta no ha querido igno­rarlo y tampoco dejarlo pasar por el gran escenario de la guerra de Troya sin ahon­dar con sorprendente y minuciosa penetra­ción psicológica en su alma vil y mezquina. Dolón quiere ir a espiar en el campo aqueo, pero es sorprendido y muerto por Ulises (v.) y Diomedes (v.), que con idénticas in­tenciones se dirigían a Troya. A pesar de la insignificancia de Dolón entre tantos héroes, el retrato que de él traza Homero es pre­ciso y rico en pormenores, hasta el punto de parecer una verdadera caricatura.

Dolón es hijo de un heraldo, persona de baja condición, aunque rico; su nombre es ex­presivo, y significa «el hombre del engaño»;’ su aspecto es desagradable (en toda la Ilíada sólo hay otro hombre feo, Tersites, v.) y, como en Homero hay siempre una es­trecha correspondencia entre el aspecto fí­sico y la forma espiritual, es cobarde y codicioso. Su avidez y su cobardía le mue­ven desde el principio al final del episodio, y el poeta subraya con tal complacida iro­nía esos aspectos vulgares y poco épicos, que por una vez ha consentido en admitir en su mundo perfecto, que la parodia y la caricatura queden al descubierto.

Durante esa aventura, por un lado macabra y tene­brosa y por otro impregnada de sutil hu­morismo, incluso los personajes habitual­mente nobles, como Agamenón (v.), Mene- lao (v.), Ulises, Diomedes y Héctor (v.), parecen que pierden talla, pues para en­trar en relación directa o indirecta con el infortunado y grotesco héroe de la no­che, deben reducirse a proporciones menos heroicas y a una actuación más cotidiana. El mismo episodio de la guerra de Troya sirve de argumento al Restituido, tragedia atribuida a Eurípides, pero de autenticidad muy discutida.

También en el Restituido, Dolón tiende ridículamente a insertarse en­tre los héroes mayores, y se prepara solemnemente a la expedición al campo ene­migo, entre los elogios de Héctor y las alabanzas del coro; pero aquí el humorismo es más fácil y está más al descubierto, por la misma desproporción que existe entre las exageradas pretensiones y la mezquin­dad verdadera de Dolón, que además de querer para sí los famosos caballos de Aquiles, a cuya posesión aspira también Héctor, promete volver con las cabezas de Ulises y de Diomedes, que son precisamente quie­nes poco después habrán de darle muerte.

El coro ayuda a Dolón a revestir de épica nobleza su empresa, que no tarda en ter­minar con su muerte, tan poco gloriosa como lo fue el motivo real que la provocó, esto es, la avidez de un provecho demasia­do ambiciosamente esperado.

F. Codino