Des Esseintes

Es el duque Jean Des Esseintes, protagonista de la novela Al re­vés (v.) de Joris-Karl Huysmans (1848- 1907), quizás el más inmediato representan­te del decadentismo francés.

Des Esseintes erige en teoría y programa polémico las premisas del Parnasianismo (v.) de que deriva: su vida tiende totalmente a sus­tituir lo natural por lo artificial, lo for­tuito por lo deliberado y lo imprevisible por lo previsto, sin más leyes que la de la perfección, que reemplaza al dramatismo de la Naturaleza. Pero tal actitud es perfectamente demoníaca y está concebida por odio a una sociedad natural que parece entumecerse en la paz de las costumbres burguesas.

Este odio, que hace que aparez­ca en Des Esseintes el anarcoide bajo la dorada corteza del parnasiano y que parece así delatar la fatal degeneración de una figura que hubiera querido ser la suprema expresión de toda espiritualidad, constituye en rigor el motivo fundamental del perso­naje y el auténtico resorte de todos sus ac­tos. Encerrado en su casa, embriagándose en sinfonías de perfumes o de sabores — para ello ha llegado a inventar un «ór­gano de boca» —, buscando únicamente a los poetas de raro artificio, ya sean deca­dentes latinos, ya modernos postbaudelerianos, Des Esseintes fatiga en las más re­finadas voluptuosidades sus sentidos enfer­mos y su espíritu.

Su sueño parece la afir­mación de un tipo humano independiente de todo vínculo que ate la criatura a su ambiente físico y espiritual, que se baste a sí mismo y que sea dueño de obrar a su antojo. Necesariamente y contra la volun­tad de su propio creador, Des Esseintes fracasa; por algo es figura demoníaca y, como el demonio (v. Diablo), está siempre triste.

Ya el segundo Romanticismo (v.) francés intentó, con la señorita de Maupin (v.), que llega a renegar de su propio sexo, alguna cosa semejante, pero aquel personaje había conservado, aun sin darse cuenta de ello, una dote fundamental y es­pecíficamente suya: la alegría. Des Essein­tes, que carece de ella, es una sombría figura en la que el hombre está mortificado y envilecido, y, en la perfecta coherencia que guarda con sus premisas intelectuales, demuestra su incapacidad de vivir y de ser.

U. Déttore