Demódoco

Es el aedo de la Odisea (v.) que canta en la corte de Alcínoo (v.). Tiene, en el transcurso del poema, un papel breve pero significativo: antes de que Ulises (v.), huésped en Esqueria, se haya presentado al rey, Demó­doco canta un atardecer las hazañas de los griegos en Troya, el caballo de madera, la caída de la ciudad y la participación de Ulises en ella. Éste no puede resistir la emo­ción y llora.

Es, en la Odisea, un momento de fuerte tensión poética, en el que el protagonista se halla preso de una doble añoranza: la de la aún lejana Ítaca y la de Troya, donde tan gran parte de su vida ha pasado. Pero lo que para Ulises son re­cuerdos vivos y penetrantes es ya materia de leyenda para los griegos que han per­manecido en la madre patria, y, así, el canto de Demódoco parece venir de muy lejos.

Esta figura de bardo tiene luego un gran interés, por cuanto representa a los poetas en cuyo ambiente fue elaborada la épica antigua, en la que Homero se inspiró para su obra. Aedo profesional, Demódoco ocupa una posición social poco destacada, pero es honrado por el pueblo, apreciado por el rey y premiado por Ulises, ya que la poesía era un don particular de Apolo que las Musas enseñaban. Pero la Musa se­vera que ha dado la poesía a Demódoco le ha privado, en cambio, de la vista.

F. Codino