Creonte

Es, en la mitología griega, el sucesor de Layo en el gobierno de Tebas una vez muerto ése por su hijo Edipo (v.). Dejó luego el trono a éste, quien había liberado la ciudad de la Es­finge que devastaba aquellos alrededores, y, después del destierro de Edipo y la muerte de sus hijos Eteocles y Polinice, que se disputaban el reino, gobernó la ciu­dad como tutor de Laodamante, hijo de Eteocles.

Prohibió el entierro de los dos desventurados hermanos — sólo de Polini­ce, en la tradición conservada por Sófo­cles—, condenó a muerte a Antígona (v.), hermana de éstos, que había desobedecido la orden, y mostró su crueldad en diversas ocasiones. Aun cuando regente severo e in­transigente, no carece, con todo, de cierta dignidad. Su figura, todavía poco precisa en Los siete contra Tebas (v.) de Esquilo, aparece modificada en las tragedias de Só­focles y Eurípides (v. Antígona y Edipo), en las que representa únicamente al hombre embriagado por el poder hasta el punto de convertirlo en una especie de secreta lujuria a la cual sacrifica su propio hijo.

De esta manera nace, en la escena, el personaje del tirano, que permanecerá en ella, bajo nom­bres diversos pero con las mismas caracte­rísticas, durante siglos enteros. Más que de la figura social del que sacrifica la felicidad de las masas a su propio interés, se trata de la psicología de quien busca en sí mis­mo la razón del dominio. Su descendiente directo será, en la tradición popular, Ne­rón (v.). Ya en la tragedia griega aparece estilizado; posteriormente, sus rápidas apa­riciones acentuarán su rigidez de muñeco y el terror que querría infundir será ven­cido, en el espíritu crítico de las nuevas generaciones, por un profundo sentido del ridículo, justo castigo que acabará rele­gando este cruel personaje al teatro de títeres.

U. Dèttore