Comendador de Calatrava

Per­sonaje de la comedia dramática Fuenteovejuna (v.) de Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635). Si al Comendador de Ocaña (v.) del Peribáñez y el comendador de Ocaña (v.) Lope le concedió al menos un sentimiento humano, el amor, siquiera ilí­cito pero sincero, por la bella esposa del labriego, a Fernán Gómez, comendador de Calatrava, causa y víctima de la famosa rebelión de Fuenteovejuna, le mantiene en todo momento en su papel de traidor, tal vez para multiplicar así sus infamias y justificar ante el público la sublevación y su trágico fin.

Fernán Gómez, señor del pueblo y titular de la Encomienda de Ca­latrava, es despótico, feroz e inhumano. Persigue a las mujeres del lugar como un perro a la caza y considera sus desdeñosas negativas como una ofensa a su alta dignidad, y la resistencia de maridos y prome­tidos como una injuria que reclama justi­cia inmediata. Nacido para el mal y lle­vado a vivirlo, el Comendador no se salva ni aun con una muerte viril.

Cuando se ve acorralado por el pueblo en armas, en vez de hacer frente a la muerte combatiendo prefiere parlamentar, prometiendo al pue­blo de Fuenteovejuna reparar todos sus errores; pero la respuesta de la muchedumbre enfurecida es la muerte, que le sobre­coge en una débil y postrera tentativa de defensa, y su cabeza, separada del tronco, es clavada en una pica, como símbolo de justicia y de la reconquistada dignidad de Fuenteovejuna.

El malvado Fernán Gómez, que en rigor debería siempre, aunque sus méritos fueran escasos, predominar sobre la masa apasionada e instintiva, esta vez no lo logra: el individuo sucumbe bajo el peso de todas sus culpas mientras el pueblo, comunidad armada, aparece como el único noble y generoso triunfador del drama.

F. Díaz-Plaja