Berowne

Personaje de Trabajos de amor perdidos (v.) de William Shakespeare (1564-1616), es, en cierto modo, la figura central del drama, por sus largos y elo­cuentes discursos en homenaje a la belleza y prudencia de las mujeres y porque él mismo parece mantener el hilo de la acción: él es quien, desde el principio, se burla del ascético proyecto del rey y demuestra que es impracticable, desenmascara a los supuestos ascetas y, finalmente, sugiere al rey y a los demás la manera de rehabilitar­se.

Personifica el espíritu de la juventud apasionada que se rebela ante proyectos de idealismo inhumano que tratan de prescin­dir de la humana realidad. Tal personaje, sacado, diríase, de una de las academias cortesanas del siglo XVI italiano (por ejem­plo Los Asolanos, v., del Bembo), triunfa en su magnífico discurso de la tercera es­cena del acto IV, que ve en los ojos feme­ninos la fuente del «verdadero fuego pro­meteico» de toda ciencia. «El amor, que se aprende primeramente en los ojos de una mujer, no vive únicamente recluido en el cerebro, sino que, con la movilidad propia de los elementos, se extiende, veloz como el pensamiento, por todas nuestras facul­tades, y comunica un doble poder a todas nuestras fuerzas, por encima de sus fun­ciones y oficios.

Esto añade una visión pre­ciosa al ojo: mucho antes que los de un enamorado se ofuscarían los ojos de un águila… Y en cuanto a su valor, ¿acaso el amor no es un Hércules, siempre a punto de encaramarse a los árboles de las Hespérides? Sutil como la Esfinge, suave y me­lodioso como la lira del refulgente Apolo, cuando habla Amor la voz de todos los dioses mece el cielo con su armonía…».

Semejantes ideas y el mismo nombre de «Berowne» han sugerido la hipótesis de que Shakespeare, al crear este personaje, y dado que en el drama hay probablemente otras alusiones personales (v. Holofernes), tuviera presente a Giordano Bruno, que en 1584 estuvo en Inglaterra y mantuvo rela­ciones con el humanista Fulke Greville y con sir Philip Sidney, a quienes dedicó la Expulsión de la bestia triunfante (v.) y De los heroicos furores (v.).

M. Praz