Bartolomeo de San Concordio

Nació en 1262 en S. Concordio, cerca de Pisa, y m. el 11 de julio de 1347. Ingresó joven en la Orden de los dominicos, y estudió en Bolo­nia y París.

Jurista de amplia erudición, compuso en 1338 el vasto repertorio de derecho y de moral Summa casuum conscientiae o Summa juris canonici et civilis, obra conocida también como Summa Bartolina o Pisanella, de acuerdo con el nom­bre y la patria de su autor.

Se ocupó per­sonalmente de la traducción al lenguaj e vulgar de otro texto suyo compuesto originariamente en latín (v. Enseñanzas de los antiguos) : una colección de dos mil senten­cias poco más o menos, de estilo enérgico, preciso y lacónico. Tradujo también y com­pendió La conjuración de Catilina y La guerra de Yugurta, de Salustio.

Daniello Bartoli

Nació en Ferrara el 12 de febrero de 1608 y m. el 13 de enero de 1685 en Roma. Jesuita, se dedicó a la enseñanza y a la predicación.

En pos del saneamiento de la literatura publicó en 1645 El literato defendido y enmendado (v.). Nombrado historiador de la Compañía en lengua vul­gar, a partir de 1649 entregóse casi exclu­sivamente a la investigación histórica y al estudio de los problemas religiosos, cientí­ficos y literarios (v. El hombre a punto, Lo justo e injusto del «no se puede»).

De la Historia de la Compañía de Jesús (v.) pu­blicó ante todo, en 1650, Della vita e del- Vistituto di S. Ignazio fondatore della Com­pagnia di Gesù, y luego, en el curso de veinte años (1653-73), otros cinco grandes tomos, cada uno de ellos dedicado a la ac­tuación de la Compañía en una región del mundo: India, Japón, China (v. Asia), In­glaterra e Italia (v. también Descripciones geográficas e históricas).

Compuso también las vidas de cinco ilustres cofrades (v. De la vida del cardenal Bellarmino), La misión al Gran Mogol (v.) y la. obra póstuma Degli uomini e dei fatti della Compagnia di Gesù. Bartoli procuró ser historiador obje-tivo, y, en el aspecto literario, fue el pro­sista italiano más fértil de gusto barroco.

C. Jannaco

Adolfo Bartoli

Nació en Florencia el 19 de marzo de 1851 y m. en Pavía el 18 de julio de 1896. Inició sus estudios en Pisa, y luego, graduado en matemáticas y física, fue auxiliar en la Universidad de Bolonia.

Fundó en Arezzo un observatorio astronó­mico, y enseñó también en los centros uni­versitarios de Sassari, Catania y Pavía. Es­tudió primeramente los efectos de la ener­gía radiante de los gases enrarecidos (cfr. Movimientos producidos por la luz y el ca­lor), y, también, la electrólisis (v. Investigaciones sobre los electrólitos).

En la me­moria Sulla costituzione degli elettroliti (1882) formuló la «hipótesis de Clausius- Bartoli» referente a la electrólisis del agua. Alcanzaron singular importancia sus traba­jos sobre la presión ejercida por la luz.

R. Fedriani

Béla Bartók

Nació en Nagy Szent Miklos (sudoeste de Transilvania) el 25 de marzo de 1881 y m. en Nueva York el 26 de sep­tiembre de 1945.

Luego de haber ensayado casi todas las tendencias de la música con­temporánea, que orientó siempre hacia una concepción personal propia, fundamentada en la recopilación, la asimilación y el ensal­zamiento de los cantos populares húngaros, acabó por destacar cual uno de los cuatro protagonistas de la situación musical de nuestros días.

Bartók conoció una infancia entregada al trabajo y al estudio, bajo el cui­dado asiduo de sus padres, melómanos y profesores de música. A los cinco años re­cibió de su madre la primera lección de piano, y a los diez fue presentado en pú­blico, en una actuación durante la cual intrepretó asimismo una composición propia titulada El curso del Danubio, que evocaba, a través de cantos locales, las tierras atra­vesadas por el gran río.

Al quedar viuda la madre, se trasladó con ella a Bratislava, y allí acabó los estudios secundarios. En 1899 inscribióse en la Academia Nacional de Música, de Budapest. Entusiasmado por el ideal político de la independencia de Hun­gría compuso el poema sinfónico Kossuth, destinado a cantar la desgraciada insurrec­ción de 1848-49 contra el Imperio de los Habsburgo.

Por aquel entonces tenía a Liszt por modelo para la música húngara soña­da; sin embargo, su gran amor musical fue siempre Beethoven. Durante su juventud viose pasajeramente influido por Wagner y Brahms, y también, de una manera fugaz, por Strauss. Tal período juvenil bajo el signo de éste y de Liszt tiene su representación en la Rapsodia op. 1 para piano y orquesta (1904) y las dos Suites para conjunto or­questal op. 3 (1905) y op. 4 (1905-07).

Mien­tras tanto, la habilidad pianística le llevaba en pos del éxito; en 1905 participó, en Pa­rís, en el premio Rubinstein; pero fue supe­rado en la ejecución por Backhaus y en la composición por Brugnoli. En tal ocasión no parece haber conocido el impresionismo musical francés, que debió de revelarle poco después, en su patria, el amigo Zoltan Kodály.

Éste fue también compañero y guía de Bartók en el descubrimiento del verdadero canto popular húngaro, conservado en los estratos más humildes de la población cam­pesina y muy distinto de la artificiosa y occidentalizada música zíngara, a la que en esencia se limitaba la inspiración popular de Liszt.

Ambas revelaciones — las autén­ticas melodías de su pueblo y el impresio­nismo musical de Debussy — imprimieron una orientación decisiva al arte de Bartók Nom­brado profesor de piano de la Academia Nacional de Budapest en 1907 y casado en 1909 con su discípula Marta Ziegler, aban­donó sus actividades de concertista para entregarse a fondo a la composición y al estudio científico del folklore musical de los países danubianos.

A esta época pertene­cen el primer Cuarteto (1908, v. Cuartetos) y un denso grupo de obras para piano que culminó con el famoso Allegro barbar o (1811, v.) y El castillo del príncipe Barba Azul (v.). En estas composiciones explotó Bartók a fondo la experiencia del impresionismo francés y se puso al corriente de las nue­vas tendencias musicales contemporáneas.

Por encima de todo, empero, siguió pres­tando atención al canto popular; y, precisa­mente, este interés hacia el pueblo dará, por fin, al arte del compositor el sabor de autenticidad y de realismo vital que lo hace único en el panorama actual de la música.

Nacen de tal experiencia numerosas piezas pianísticas inspiradas en melodías rurales, entre ellas el repertorio Para los niños y la Sonatina (1915). El ballet El príncipe ta­llado en madera se representó en 1917 en la ópera de Budapest bajo la dirección del italiano Egisto Tango, que al año siguiente llevaría también a la escena El castillo del príncipe Barba Azul.

En 1916 Bartók había com­puesto la Suite op. 14 para piano; en 1917 dio fin al segundo Cuarteto, y en 1919 nació el alucinante ballet expresionista El man­darín maravilloso. Tras el hundimiento del Imperio de los Habsburgo los mejores mú­sicos de Hungría se adhirieron al Gobierno popular de Béla Kun, y Bartók, junto con Dohnanyi y Kodály, formó una especie de di­rectorio musical que desarrolló una valiosa obra de integridad profesional y renovó las instituciones nacionales de música.

Una vez caído el Gobierno popular, el autor se recluyó en sí mismo, y casi por reacción llevó su arte hacia las puntas extremas del modernismo internacional; y así, en las dos Sonatas para violín y piano (1921-1922), el Cuarteto n.° 3 (1927) y el n.° 4 (1928), este último una de sus obras maestras, aproxi­móse a las experiencias del atonalismo y la dodecafonía.

En 1923, la Tanz-Suite para orquesta, interpretada en las fiestas cele­bradas para conmemorar el cincuentenario de la unión de las ciudades de Buda y Pest, despierta la admiración de sus compatrio­tas. Aquel mismo año, y luego de una dura crisis interna, Bartók divorcióse de su primera mujer y se casó con otra discípula, Edith Pastory, excelente pianista que habría de llevarle nuevamente a las actividades de concertista, por lo menos respecto de su propia música.

Las numerosas «tournées» por el extranjero aumentan la fama del compositor. Durante un período pasajero de estilo neoclásico nacen la Sonata para pia­no (1926) y el primer Concierto para dicho instrumento y orquesta, al que siguió otro en 1931; un tercero, dedicado precisamente a su esposa, habrá de ser luego la penúltima obra dejada por Bartók En 1928 el tercer Cuar­teto obtuvo, junto con la Serenata de Ca- sella, el premio Coolidge en Filadelfia, con­sagración definitiva del autor en el ámbito internacional.

Las obras maestras aparecen ya una tras otra en una espléndida flora­ción creadora: así, la clásica Cantata pro­fana (1930), en la que vibra un motivo oculto de noble indignación cívica; el quin­to Cuarteto (1934), la Música para instru­mentos de cuerda, percusión y celesta (1936, v.); la Sonata para dos pianos y percusión (1937), el Concierto para violín (1938) y el Divertimiento para cuerda (1939). Esta vida, situada ya en la inercia de una fecunda madurez, vio alterado su curso por la úl­tima gran guerra.

Hungría cayó en la ór­bita del nazismo, y Bartók no quiso ni supo someterse; y así, abandonando la casa, la posición social, el hijo, los parientes y el trabajo, él y su esposa marcharon a Amé­rica como dos pobres emigrantes. A fines de 1940 se establecieron en las proximida­des de Nueva York, y empezaron a afron­tar valerosamente la nueva etapa. Ambos dieron conciertos, y Bartók conferencias y lec­ciones; además, obtuvo un cargo en la Columbia University.

Forzado por las preca­rias condiciones de su salud a reducir el número de sus actuaciones como concer­tista, el músico reanudó con mayor intensidad la actividad de compositor. Además de la difícil Sonata para violín solo (1943), el Concierto para orquesta (1943), el tercer Concierto para piano (1945) y el Concierto para viola, algo más que esbozado, han pa­sado a ser, gracias a una especie de clari­ficación y simplificación de los elementos expresivos, las obras más populares de Bartók.

M. Mila

Adolfo Bartoli

Nació el 19 de noviembre de 1833 en Fivizziaro di Lunigiana y m. el 16 de mayo de 1894 en Génova. Fue, junto con Alessandro D’Ancona, el iniciador de la escuela del «método histórico».

Estudió re­tórica y filosofía en su localidad natal, y luego jurisprudencia en la Universidad de Siena, donde se graduó en leyes. Muy pron­to, empero, dejó la abogacía para dedicarse a la historia literaria; favoreció esta incli­nación el hecho de que Vieusseux le lla­mara a participar en la redacción del Ar­chivio Storico Italiano.

Enseñó en Alejan­dría, Liorna, Placencia y Venecia, y final­mente fue profesor de literatura italiana del Instituto de Estudios Superiores de Flo­rencia. A la época de permanencia en estas dos últimas ciudades corresponde la publi­cación de sus obras más importantes: Los dos primeros siglos de la literatura italiana y la Historia de la literatura italiana (v.), así como también I precursori del Boccaccio e alcune sue fonti (1876) e I precursori del Rinascimento.

Publicó, además, algunos tex­tos antiguos, entre ellos los Viajes de Mar­co Polo (1863).

L. Banfi