Abū-l-Qāsim Jalaf ibn Baskuwal

Ju­risconsulto e historiador arabigoespañol. Nacido en 494 (1100), m. en el 578 (1182) de la hégira. Fue un sabio cordobés conocido con el nombre de Aben Baxcual, notario en Córdoba y uno de los letrados más insignes de su época.

Su obra capital, Kitáb al-sila (v.), es una continuación de la Historia de los varones doctos de al-Andalus (v.) de al-Faradī, y se halla en el códice número 1677 del Escorial. Existen dos copias de dicha obra: una en la Biblioteca Nacional de Madrid, y otra en la Société Asiatique de París. Casiri ha publicado un resumen en su biblioteca.

También en Túnez se halla una primera parte, y en Fez, una segunda; Basándose en el Códice del Escorial y en la copia que la Real Academia de Historia de Madrid sacó del Códice de Fez, los seño­res Codera y Ribera han publicado la obra de Baskuwal en su biblioteca arabigohispana.

Según afirmaciones de Aben Abbas, nues­tro autor publicó, además de Kitāb al-şila, otras cincuenta obras, entre las que des­cuellan: El libro de las anotaciones selec­tas, Noticias e Historia de los jueces de Córdoba, Bellezas y excelencias sobre el conocimiento de los sabios del Andalus, La advertencia y el auxilio acerca de los tabies que penetraron en España, Pequeña cró­nica acerca de las cosas de España, y el Mochan, diccionario biográfico de sus maes­tros y de otros hombres ilustres que no había incluido en el Kitāb al-şila.

J. R. Manent

Matsuo Basho

Poeta japonés. Nació en 1644 en Oueno, en la provincia de Iga; m. en Osaka en 1694. Basho pertenecía a una familia de samurais, vasallos hereditarios de los señores feudales de Tsou.

La muerte del hijo de su señor, con quien había pasado su infancia en cordial amistad, lo llevó a renunciar al mundo y al cultivo de las le­tras por las que siempre había sentido vo­cación. Fue alumno en la escuela Teimon, fundada por Kigin Kitamura, uno de los iniciadores del renacimiento del hai-kai.

El joven estudió también con Zengin y formó su filosofía propia en contacto con el budismo Zen. A la muerte de Zengin (1667), Basho se trasladó a Kioto, donde trabajó algún tiempo como funcionario del departamento de canalizaciones, y luego, en 1672, a Yedo (hoy Tokio). Allí se perfeccionó en el conocimiento de las reglas poéticas junto a un grupo de distinguidos maestros.

Nues­tro autor creó muy pronto su propia es­cuela, llamada Shofu, cuya originalidad se resumía en tres términos: sobriedad, resul­tante de la serenidad meditativa del poeta ante la naturaleza; armonía, regla áurea del poema, y quietud atenta, determinada por el estado de contemplación.

Si hasta enton­ces el hai-kai había sido un juego de in­genio, con Basho alcanzaba la más alta esen­cia de la poesía. La publicación de su pri­mer libro, Kaiooi (v. Hai-kai), valió al poeta una amplia fama. Poco a poco reu­nió a su alrededor un grupo de fervientes admiradores.

Basho iba de ciudad en ciudad, no tenía domicilio fijo y en todas partes era bien acogido. Finalmente se estableció en el distrito de Fukagawa, a orillas del Sumida-Gawa, cerca de Yedo, en una ca­baña rodeada de bananos (Basho significa banano o plátano) y de ahí el nombre con el que este poeta ha pasado a la historia.

En 1682 el incendio que devastó Yedo, des­truyó la pobre cabaña donde Basho tenía su yacija, su taza para el arroz y una esta­tuilla de Buda. Dos de sus discípulos ayu­daron al maestro a reedificar su refugio, pero cada vez más impresionado por el ca­rácter aleatorio de cualquier posesión y de nuevo atraído por la magnificencia de los paisajes y las maravillas de la naturaleza, el poeta abandonó su morada en 1684 y tomó el bastón de peregrino.

De aquella larga excursión dejó un notable diario, el Nozarashi-kiko, en el que describe su vida consagrada al éxtasis poético, ocupada en contemplar un universo maravilloso y siem­pre distinto y a cantarlo no por dinero ni honores, sino para sí mismo y para expri­mir el jugo de las bellezas descubiertas una a una.

En 1685, un nuevo discípulo se le juntó y siguióle en su peregrinaje, Mukai Kiorai (1651-1704), el cual debía ser uno de sus herederos e íntimos designados con el nombre de los «seis sabios» (Jittetson). De vez en cuando regresaba a su cabaña en busca de reposo, pero en 1689 abandona definitivamente aquella morada y parte en compañía de Sora para una larga excursión por el norte. Durante el viaje terminó su segunda colección poética, Okunohosomitchi.

Al azar de los días de parada, se fueron formando los nuevos y numerosos reperto­rios que constituyen la gloria del poeta: el Genjuanki} el Fukagawashu, el Saga- nikki y otros. En 1649 Basho debió interrumpir su viaje por enfermedad. Se detuvo en Osaka, donde sus discípulos le cuidaron con devoción y ternura. El poeta tuvo una dulce agonía; ya en trance de muerte com­puso su último hai-kai. Fue enterrado en el jardín del templo de Yoshinakadera, en Osaka, y sobre su tumba plantaron un banano.

Basho ocupa un lugar muy destacado en la literatura japonesa, no solamente por su misma obra, sino también por su perso­nalidad ejemplar que sirvió de modelo a generaciones enteras de poetas, y también por haber convertido el hai-kai, género has­ta entonces artificioso y convencional, en una efusión directa llena de sutileza entre el mundo natural y el alma del poeta, efu­sión que es revivida y sentida de nuevo por el lector.

J. Brosse

Giambattista Basile

Nacido en Nápoles en 1575 y m. el 23 de febrero de 1632 en Giugliano. Fue soldado, cortesano y gobernador feudal de varios territorios. Olvidada por completo su producción italiana, su obra compuesta en el dialecto napolitano y fir­mada con el seudónimo anagramático de Gian Alesio Abbattutis, alcanzó, en cambio, una celebridad cada vez mayor.

En ésta aparecen claramente manifestados los sen­timientos de su espíritu, inclinado al pesi­mismo y al hastío de las cosas humanas: la moralidad no severa, la adoración de la bondad, la honradez y el candor ingenuo, el afecto a la ciudad natal, el interés por los cuentos, proverbios y dichos populares, y una hereditaria pasión por la música.

En los nueve diálogos en verso Le Muse napolitane, publicados con carácter póstumo, aparecen otros tantos cuadritos satírico- morales de la vida de Nápoles. En Cuento de cuentos (v.) reunió las narraciones pro­pias del pueblo napolitano.

Esta obra des­taca entre las de su género por la artística refundición que Basile supo ofrecer de los cua­renta y nueve relatos comprendidos en esta colección; del conjunto, publicado póstumo, editado repetidamente y traducido al dia­lecto boloñés y a los idiomas italiano, inglés y alemán, cabe mencionar las narraciones: «Peruonto», imitada luego por Wieland; «Zezolla», la Cenicienta de Perrault; «La cierva hechizada», «La anciana desollada», «Cagluso», que reaparecerá en El gato con botas de Perrault y en el de Tieck; «El cuervo», «Los tres naranjos», reconstituida por Gozzi en El amor de las tres naranjas (v.), y «Sol, Luna y Talia», que daría lugar al cuento francés La belle au bois dormant y al alemán Dornröschen.

F. Nicolini

Basílides

Fundador de una secta gnóstica (v. Gnosticismo), n. hacia el 100 d. C. y, según refiere Clemente Alejandrino, vi­vió en Alejandría en tiempos de Adriano (117-138) y Antonio Pío (138-161).

Se decía discípulo de un tal Glaucia, presunto intér­prete de San Pedro. Sin embargo, Epifanio afirma que, junto con Saturnillo o Satur­nino, había figurado entre los partidarios del hereje Menandro (continuador de Simón Mago) en Antioquía de Siria.

Escribió un Comentario al Evangelio en 24 libros; la tradición le atribuye, además, un Evange­lio según Basílides, que algunos pretenden iden­tificar con la primera obra citada, en tanto que otros lo juzgan un texto distinto, posi­blemente un centón de los Evangelios canó­nicos o bien una reconstitución del de San Lucas.

Según parece, compuso también poe­sías religiosas, en la actualidad perdidas. De su obra quedan algunos fragmentos autén­ticos, conservados por Clemente Alejan­drino, Orígenes y los Acta Archelai. Con todo, no resulta fácil deducir de ellos la doctrina de Basílides, por lo demás expuesta de manera algo distinta por San Ireneo y San Hipólito Romano en sus tratados contra las herejías.

Hendrix (Der Alexandrijnsche Haeresiarch Basilides, Amsterdam, 1926) intentó conciliar ambas exposiciones. Nor­malmente, la dificultad suele superarse su­poniendo que uno de los dos heresiólogos pretende refutar las doctrinas del heresiarca y el otro las de sus posteriores adep­tos; la actividad de Basílides, en efecto, viose con­tinuada por su hijo Isidoro, y la secta, que anuncia ya el maniqueísmo, subsistía en Egipto a fines del siglo IV.

F. Lo Bue

Girolamo Baruffaldi

Nació en 1675 en Ferrara, donde m. en 1755. Fue arcipreste de Cento, y compuso rimas sacras y profanas, tratados poéticos y hagiografías.

Sin embargo, a pesar de sus textos religiosos cual Vita della Beata Caterina Vigri (1708) o de los de carácter erudito por el estilo de Dissertatio de poetis Ferrariensibus (1698), la parte más importante de su acti­vidad literaria corresponde a la producción poética y, concretamente, a su aspecto de poeta ditiràmbico y burlesco: Las Bacana­les (v.) —iniciadas en 1714 con Tabaccheide—, El grillo (1738), etc.

Más tarde cul­tivó el género didáctico en el pequeño poe­ma Il canapajo (1741). Todavía hoy su producción jocosa reviste notable interés para los estudios acerca de la historia de las cos­tumbres. Cabe citar también su comedia El poeta (v.).

C. Falconi