Abü-l-Hasan ‘Alī ibn Bassām

Nació en Samtarem (Portugal) en el año 1084, m. en 1148 (542 de la hégira). Hijo de noble fami­lia, cursó sus primeros estudios en Lisboa y Córdoba; regresó después a su ciudad natal, de la que tuvo que huir ante la inva­sión de los cristianos, no sin antes haber luchado con bravura «hasta mellar mi espada» según propia confesión.

Perdidos to­dos sus bienes, se trasladó a Sevilla, donde en adelante hubo de ganarse la vida con la pluma, que dedicó a ensalzar a los grandes personajes que le pagaban generosamente el honor de verse citados en sus poesías.

No obstante, el mérito de nuestro autor no reside en sus poesías, con ser un buen poeta y mejor versificador, sino en su labor de compilación histórica que queda plasmada en su Ḏajira (v.), que él mismo subtitula «el tesoro de las hermosas cualidades de la gente española», y en cuyo prólogo aclara que le impulsó a escribirla el deseo de dar a conocer los valores literarios de sus con­temporáneos de al-Andalus, un tanto me­nospreciados por los serviles y anquilosados admiradores de los escritos de Oriente.

Fue amigo y sostuvo correspondencia con Almotámid, Ammar Abu, Abenthacihir y Abdelchalid, todos ellos excelentes poetas de su tiempo. Dozy, el famoso arabista holandés, le dedica algunos estudios y utiliza su Ḏajira en sus trabajos acerca de los musul­manes en España.

J. R. Manent

Agostino Bassi

Nacido en Mairago (Lodi) el 25 de septiembre de 1773 y m. en Lodi en 1856. Hijo de una rica familia rural em­parentada con la nobleza, estudió jurispru­dencia en la Universidad de Pavía.

Sin em­bargo, más que las disciplinas jurídicas le atrajeron las materias científicas y técnicas. Y así, vuelto a Lodi tras haber desempe­ñado algunos cargos públicos, retiróse a la vida privada y se dedicó a cuidar de las propiedades agrícolas familiares, pero tam­bién, y sobre todo, a la realización de libres y geniales experimentos en el ámbito de la agricultura y la veterinaria, que, si bien perjudiciales en el aspecto meramente eco­nómico, le valieron, en el campo científico, la consideración de precursor de Pasteur y Koch.

Su fama se halla particularmente vinculada a los estudios de patología vege­tal, que le llevaron a la redacción de una obra clásica, Del mal del signo, yesón o muscardina (v., 1835-36), en la que consi­deró debida a un agente patógeno micros­cópico de carácter parasitario la causa de tal enfermedad; de ello dedujo en De los contagios en general (1844) el principio genérico según el cual «todos los males contagiosos de animales y vegetales, compren­dido el hombre, provienen de seres para­sitarios».

G. Preti

Abū ‘Abd Allāh Muhammad ibn Bassāl

Se ignoran los datos biográficos de este insigne hombre de ciencia, natural de To­ledo. Únicamente se sabe que era hāyy, de lo que se deduce que hizo la peregrinación a la Meca. Escribió un Libro de Agricul­tura (v.) dedicado a Almamún de Toledo, que gozó de gran fama en su tiempo y del cual únicamente ha llegado hasta nosotros una traducción castellana dividida en doce capítulos, cuando al parecer la original constaba de dieciséis.

J. R. Manent

Basinio Basini

Nacido en Vezzano, cerca de Parma, en 1425 y m. en Rímini en 1457. Fue una de las principales figuras de la corte de Segismundo Malatesta, señor de malos instintos, cual muchos de sus contem­poráneos, pero, asimismo, con notables co­nocimientos literarios, filosóficos y artís­ticos.

Según parece, una vez al servicio de éste, Basini, para merecer su favor, continuó un proyecto de Tobia del Borgo y compuso la singular novela epistolar en tres libros Isottaeus (v.), inspirada en las Heroídas de Ovidio y escrita en 1450-51. Movido nueva­mente por sus ambiciones cortesanas, en­tregóse a la composición de Hespérida (1550, v.), en la que figuran en trece libros y épi­camente transformadas las problemáticas gestas de Malatesta.

Basini falleció prematura­mente, antes de haber podido dar los últi­mos toques a la obra; pero Segismundo, agradecido, le concedió ilustre sepultura. Otras producciones del autor aparecieron con carácter póstumo en 1794.

C. Falconi

San Basilio de Cesarea, el Grande

Doc­tor de la Iglesia, nació en Cesarea (Capadocia) en torno al 330 y m. en el 379. Hijo de un retórico, era hermano de Gregorio de Nisa y de Pedro, que fue obispo de Sebaste.

Estudió en Constantinopla y Atenas, donde pudo conocer a Gregorio Nacianceno; a la muerte de su padre, hacia 356, volvió a Cesarea para enseñar retórica, y recibió el bautismo. Luego visitó los centros del asce­tismo cristiano en Siria y Egipto.

Después del 358, y siguiendo a su madre Emmelia y a su hermana, Basilio se retiró a la vida ceno­bítica (repudiaba la ascesis monástica); redactó entonces, con su amigo Gregorio, la Filocalia (florilegio) de Orígenes, y em­pezó a componer las Regulae, que en períodos sucesivos (primero las longiores o fusius tractatae y luego las breviores o brevius tractatae) escribió definitivamente (v. Escritos ascéticos).

Tales normas, donde figuran preceptos de Eustacio de Sebaste, muy amigo de Basilio en aquel momento y más tarde enemistado con él, se hallan todavía en la base del monacato oriental. Mientras tanto, Eusebio, obispo de Cesarea desde 362, llamó a Basilio a la lucha contra el arrianismo y a enfrentarse con el emperador Juliano; sin embargo, debido a sus disen­siones con el prelado, quien tiempo atrás le había ordenado sacerdote, retiróse aquél, para volver nuevamente a Cesarea tras una insistente invitación de Gregorio Nacian­ceno.

Con el emperador Valente la polémica arriana adquirió una renovada violencia; en 364, Basilio compuso Contra Eunomio (v.), y, habiendo sucedido a Eusebio en la sede episcopal (370), mientras el soberano redu­cía la extensión de su demarcación ecle­siástica, dedicóse, hasta su muerte, a ela­borar fórmulas conciliatorias del dogma de la Santísima Trinidad que permitiesen una polémica más resuelta contra los extremis­tas del arrianismo e invitaran a los semiarrianos a la concordia y a la sumisión.

Y así, entre «esencia» y «existencia indivi­dua», llegó a la conclusión de la igualdad sustancial de las tres personas, distintas, en cambio, como individualidad; al mis­mo tiempo, y respecto de los semiarrianos, admitió la sustitución del término «consus­tancial» por la fórmula «semejante inmu­tablemente en la esencia».

Estas definicio­nes y el conjunto de la posición teológica de Basilio aparecen expresadas más claramente en las Epístolas (v.) que en los escritos teológicos (v. Del Espíritu Santo y Escritos dogmáticos) y exegéticos, entre los cuales figuran nueve homilías sobre la creación (v. Hexamerón), dieciocho —trece de ellas auténticas— acerca de los Salmos, y otras veinte más aproximadamente.

Notable inte­rés en cuanto a la actitud de los cristianos respecto de la cultura clásica ofrece el Dis­curso a los jóvenes sobre la manera de sa­car provecho de la literatura griega (v.). Otros textos presentan menos importancia, y de algunos se discute la autenticidad: De virginitate, por ejemplo, debe atribuirse más bien el contemporáneo y homónimo obispo de Ancira, uno de los jefes del grupo semiarriano. Basilio es también padre de la li­turgia que lleva su nombre, vigente aún, con ciertas modificaciones, en el culto griego.

G. Giarrizzo