Nació el 9 de abril de 1821 en París, donde m. el 31 de agosto de 1867. Fue hijo de Joseph-François Baudelaire, pintor, ex sacerdote y luego jefe de las oficinas del Senado, y de su segunda esposa Caroline Archenbaut-Defays o Archimbaut- Dufays.
Asimismo, en segundas nupcias, la madre del poeta se casó con el mayor Jacques Aupick; ni de niño ni cuando hombre resignóse nunca Baudelaire a la presencia en la familia de este militar carente de comprensión.
Los gustos artísticos del muchacho, ya formados a través de las visitas realizadas a los museos en compañía de su anciano padre, maduraron con demasiada rapidez respecto a los del padrastro. Luego de unos provechosos estudios realizados en el Collège Royal de Lyon, Baudelaire pasó al internado Léveque-Bailey, donde conoció a los poetas E. Prarond y G. Le Vavasseur, quienes se matricularon con él en la «École de Droit».
Los primeros versos ya característicos fueron escritos a los diecisiete años. Alarmado por su espíritu de independencia, el padrastro obtuvo del consejo de familia la ayuda necesaria para embarcar al hijastro en el «Paquebot des Mers du Sud», que había de zarpar de Burdeos con destino a Calcuta el 9 de junio de 1841.
Este viaje de diez meses, emprendido sin entusiasmo, dejó profunda huella en el temperamento del que habría de llegar a ser, junto con Leconte de Lisie, uno de los maestros de la poesía exótica. Poco después del regreso a Francia tuvo lugar su encuentro con Jeanne Duval, en el escenario de un pequeño teatro del Barrio Latino, donde Baudelaire asistía a una representación en compañía de Félix Tournachon, pronto famoso como aeronauta y fotógrafo bajo el nombre de Nadar.
El vínculo, no meramente carnal, habría de persistir, aun cuando sometido a todas las pruebas y agitado por desavenencias y disputas, durante toda la vida del poeta y conferir un matiz decisivo a su obra. En cuanto al comienzo de su actividad poética y literaria nada se sabe prácticamente. Sus primeras relaciones con literatos y artistas datan de 1842; en ellas aparecen los nombres de Gautier, Banville, Sainte Beuve, Fernand Boissard de Bois-Denier y Émile Deroy.
Estos dos últimos fueron jóvenes pintores de gran talento, muertos prematuramente; el segundo de ellos dejó una imagen vigorosa y atractiva del bello dandi. Bajo el dorado techo de la antigua mansión de los Daubrun conoció el poeta a Apollonie Sabatier, a quien habría de convertir en «La Muse et la, Madonne» en el primer capítulo de Las flores del mal (v.).
Al año siguiente apareció una colección titulada simplemente Vers, con los nombres oscuros de G. Le Vavasseur, E. Prarond y A. Argonne. Según parece, Baudelaire había de colaborar asimismo en ella con su firma; hoy se ha demostrado su participación anónima bajo el nombre de Prarond.
Llegado a la mayoría de edad entra en posesión de la herencia de su padre (75.000 francos) y empieza a derrochar este patrimonio y ocasiona, con ello, nuevas inquietudes a su familia; vive una existencia fastuosa, viste refinadamente, compra cuadros y bellos libros que hace encuadernar con suntuosidad, y, sobre todo, mantiene a una amante de categoría…
Para poner término a estas locuras, el padrastro convoca el consejo de familia, que designa a un asesor judicial, Arcelle, notario de Neuilly; este buen hombre, completamente ajeno a la literatura, no perdió jamás de vista los intereses del patrimonio.
En la correspondencia del poeta figuran testimonios casi diarios de los sufrimientos que hubo de soportar en el curso de los veintidós años de vida que le quedaban y durante los cuales, a pesar de la miseria, la enfermedad, las deudas y, con frecuencia, el hambre, pudo, sin embargo, «par un décret des puissances suprêmes» y contra la persecución de los necios, llevar a cabo una obra sublime.
Su primera publicación, firmada Baudelaire-Dufaÿs, fue Salon de 1845 (v. Curiosidades estéticas), «plaquette» de 72 páginas en la que sólo algunos jóvenes periodistas supieron descubrir a un crítico de talla, continuador de Diderot y Stendhal.
En mayo de 1846 apareció un segundo Salon que reveló ya la madurez, la perspicacia y la lúcida doctrina del autor. Es la época en la cual Poe fue presentado al público francés a través de indecorosas traducciones anónimas que alteraron la significación de sus obras.
En enero de 1847 el Bulletin de la sociéte des Gens des Lettres había publicado La Fanfarlo (v.), el único cuento que Baudelaire escribiera en su vida; y en el apéndice de este mismo número el poeta pudo leer una honrada traducción de El gato negro de Poe (v. Narraciones extraordinarias), llevada a cabo por Isabelle Meunier.
Según Asselineau, esta lectura provocó en él un gran entusiasmo por el autor norteamericano y el propósito de traducir sus obras, labor celosa, trascendental y, por lo demás, relativamente remuneradora en la que empleó diecisiete años.
Meses más tarde, en el teatro de la Porte Saint-Martin, donde se representaba un melodrama inspirado en Mme. d’Aulnoy, contempla a Marie Daubrun, que aparece bajo la imagen de la Bella de los Cabellos de Oro; con esta fascinadora joven, la cual habría de inspirar algunos de sus más puros versos de amor, como Invitation au voyage y Chant d’automne, establece Baudelaire una relación intermitente, pero sincera y cariñosa, que dura unos diez años, hasta que su viejo amigo Bainville le suplanta en los favores de la dama.
Las jornadas de febrero de 1848 proporcionaron al joven dandi la ocasión de manifestar su espíritu de independencia y su simpatía, amablemente desdeñosa, por las convulsiones político-sociales; y así, aparece en las barricadas, con guantes, sombrero de copa y un fusil del último modelo, e incluso llega a figurar entre los redactores de un periódico polémico, Le Salut Public, algunas de cuyas columnas debió de escribir con su acre tinta.
En los meses de marzo-abril de 1852 publicó Baudelaire en la Revue de Paris un importante estudio sobre Poe. Y a fines del mismo año recibió Apollonie Sabatier (en cuya casa cenaba todos los domingos con Flaubert, Gautier, Sainte-Beuve, Máxime du Camp, Reyer y Houssaye desde hacía ya dos años) la primera carta de amor del poeta, sin firma, redactada con una escritura deforme y acompañada por las atrevidas estrofas A une femme trop. gaie.
Mientras tanto, proseguía con bastante regularidad la traducción de las obras de Poe; apareció alguna muestra, por ejemplo El cuervo (v.), en los periódicos, y el editor V. Lecou aceptó la publicación de un tomo. Sin embargo, el desdichado traductor, importunado por los acreedores y desahuciado por la propietaria de su casa debido a la falta de pago del alquiler, perdió el manuscrito y hubo de empezar nuevamente desde el principio.
En 1855 celebróse la gran Exposición Universal, y Baudelaire recibió el encargo de hacer la crítica de los salones de pintura; en Le Pays publicó tres estudios magistrales: Méthode de critique, Delacroix e Ingres.
Desde el punto de vista poético, empero, el gran acontecimiento del citado año fue la aparición del título Fleurs du mal en el fascículo del 1.° de junio de la Revue des Deux Mondes, al frente de dieciocho poesías, la primera de la cuales, Au lecteur, habría de ser mantenida como prólogo en el volumen completo.
En 1856 se publicó el primer tomo de Histoires extraordinaires. Por aquel entonces Baudelaire reservaba lo mejor de su actividad para el perfeccionamiento y la ordenación de sus poesías con vistas a la edición de su gran obra. Finalmente, salió de las prensas Les fleurs du mal; un suelto estúpido y virulento de Le Figaro desató los «rayos de la justicia», y el tribunal condenó al autor y a su editor a 300 y 200 francos de multa respectivamente «por ultraje a la moral», y además, ordenó la supresión de seis poesías.
El juicio fue casado por el Tribunal Supremo el 31 de marzo de 1859; pero, en la práctica, todas las ediciones aparecidas a partir de 1911 contienen las composiciones líricas condenadas. Posteriormente publicó Baudelaire la traducción de Aventuras de Gordon Pym (v.), novela incompleta de Poe Apenas vio la luz Paraísos artificiales (v.), el poeta dedicó todos sus empeños a las nuevas Fleurs.
La edición de 1861, donde casi todas las poesías de 1857 aparecen retocadas, aumentó la celebridad del joven maestro, a quien Swinburne, su primer y glorioso discípulo, saludaría con un resonante ditirambo. A un momento casi inmediato pertenece el docto y valeroso panegírico Richard Wagner et Tannhàuser à Paris (v. Arte romántico), en el que nuestro genio desconocido asume la defensa del genio despreciado, para vergüenza de sus compatriotas.
Al mismo tiempo empezó a desahogar sus rencores en un tratado al que dio ya inicialmente el título Mi corazón al desnudo (v.). Su notoriedad llevóle a un rasgo inesperado: la presentación de su propia candidatura a la vacante dejada en la Academia por Lacordaire. La petición fue considerada legítima por algunos, cual Flaubert y Vigny, y, por otros, como el prudente Sainte-Beuve, inoportuna; finalmente, quedó retirada antes del escrutinio.
Algunos meses después Arsène Houssaye aceptó la inserción en La Presse de los primeros veinte Pequeños poemas en prosa (v.). En 1863 compone Baudelaire sus dos últimos grandes textos de crítica artística: L’oeuvre et la vie d’Eugène Delacroix y Le peintre de la vie moderne.
Luego, inesperadamente, hastiado por la insensibilidad de Francia respecto a los valores demasiado audaces, marcha en 1864 a Bruselas, donde su amigo y editor Poulet-Malassi le ha puesto ya a cubierto de los acreedores y Baudelaire espera encontrar mayor libertad, paz e incluso un editor. Sin embargo, el poeta sufre una amarga desilusión, debido al fracaso de varias conferencias, y reúne material para un libelo contra Bélgica y, singularmente, Bruselas, que jamás llevará a término.
A la publicación de nuevas traducciones de Poe y de otros capítulos de Spleen de París siguieron dos cortas estancias en la capital de Francia y en Honfleur, junto a su anciana madre siempre amada y torturada, su única alegría y su cotidiano remordimiento. El 4 de febrero de 1866, Baudelaire acompañado por Félicien Rops y Poulet-Malassis, cayó durante una visita a la iglesia de Saint-Loup, en Namur: es el primer ataque grave de parálisis general, seguido muy pronto de hemiplejía y pérdida del habla.
El 1.° de julio el pobre enfermo, cuya inteligencia permaneció intacta, fue llevado a París; ingresado en el sanatorio del doctor Duval, agonizó allí a lo largo de un año, cuidado con infinita abnegación por su madre, consciente al fin del genio de aquel hijo pródigo, y acompañado por sus mejores amigos. El 31 de agosto de 1867 viose finalmente libre de la «vida, la insoportable vida»; antes había pedido y recibido los sacramentos con perfecta lucidez.
Y. G. Le Dautec
