Veinticinco Años (1892-1916), Edward Grey of Fallodon

[Twen­ty-five Years (1892-1916)]. Memorias políticas y diplomáticas del vizconde Edward Grey of Fallodon (1862-1933), publicadas en 1925. Son los veinticinco años de vida política de un hombre salido de una familia de la aris­tocracia británica, por tradición y por edu­cación destinado a ocupar los altos oficios del Estado, y llegado, a través de un atento aprendizaje, a la dirección de la política exterior de su país en uno de los períodos más críticos de la historia moderna.

Sir Edward Grey empezó como subsecretario de Estado, a la e4ad de treinta años, en el ministerio liberal de 1892; ministro de Asun­tos Exteriores en el ministerio liberal de 1905, conservó este cargo hasta 1916. Los primeros años de su carrera se desarrolla­ron, por tanto, cuando la política inglesa seguía amiga de Alemania y Austria y tenía rozamientos con Francia y Rusia. El conflicto con Francia culminó en la crisis de Fashoda (1898), después de la cual se llegó a un apaciguamiento y por fin a la «entente cordiale», sancionada por los acuerdos de 1904. Con Rusia, las relaciones, ya poco amistosas desde hacía tiempo, se hicieron todavía más tensas durante la guerra ruso-japonesa; pero ya durante esta guerra la acción mediadora de Francia supo mejorarlas. Cuando sir Edward Grey se hizo cargo, como ministro, de la dirección de la política exterior británica, iba perfi­lándose claramente otro peligro: el antago­nismo entre Alemania e Inglaterra y su rivalidad económica y colonial, con la correspondiente carrera de armamentos marítimos.

La política del gabinete al que Grey pertenecía era claramente pacifista, ajena a compromisos que pudieran arras­trarle hacia eventuales complicaciones bé­licas, queriendo resolver todos los proble­mas internacionales por medio de confe­rencias y acuerdos. Fue él quien tuvo que llevar a cabo el difícil oficio de mediador en las crisis determinadas por las vicisitudes balcánicas, de 1908 a 1913. Pero, al mismo tiempo, maduraron gracias a su labor los acuerdos anglo-rusos y la más estrecha co­laboración anglo-francesa, que fatalmente aumentaron la oposición anglo-alemana. En 1914 Edward Grey fue el ministro que tuvo que enviar la declaración de guerra a Ale­mania.

Permaneció en el poder en los dos primeros años de la guerra, y en este pe­ríodo la labor suya más útil a su país fue indudablemente la diplomacia con que pre­paró la intervención de los Estados Unidos al lado de las potencias aliadas. Su libro de recuerdos representa fielmente la fisonomía del hombre y del estadista: sin gran altura política, partidario del liberalismo y del optimismo ochocentista incluso en las re­laciones internacionales, aunque sabio y mo­derado según la mejor tradición británica, y desinteresadamente devoto a su país y a su cometido.

G. Mira

Veinte Años Después, Alexandre Dumas (padre)

[Vingt ans après]. Novela histórica de Alexandre Dumas padre (1803-1870), publicada en 1845; segunda de la célebre trilogía en la que está precedida por los Tres mosqueteros (v.) y seguida por el Vizconde de Bragelonne (v.). Pasaron veinte años desde las aventuras juveniles de los cuatro héroes; al período dominado por Richelieu siguió el de transi­ción, señalado por la astuta diplomacia de Mazzarino.

D’Artagnan (v.) sigue en los mosqueteros, probado por veinte años de servicio; Mazzarino, que necesita de hombres fieles y decididos, le llama a su lado. D’Artagnan se pone a su disposición y, por un momento, confía en que podrá reconsti­tuir la antigua cuadrilla, desde hace tiempo separada por intereses y acontecimientos. Pero sólo el buen Porthos (v.), convertido en el rico señor du Vallon de Bracieux de Pierrefonds, le sigue en la ambiciosa esperanza de llegar a ser barón; Aramis (v.), entrado en la carrera eclesiástica, es parti­dario de la Fronda y teje sutiles y secretas intrigas con la señora de Longueville; Athos (v.), que ha recobrado su título de conde de La Fére, se ha retirado a uno de sus pequeños feudos campestres donde edu­ca a su hijo Raoul, vizconde de Bragelonne, que tuvo de una aventura con la señora de Chevreuse, y también él tiene simpatías por la Fronda.

Toda la primera parte de la novela parece dominada por la angustia de estas disensiones civiles, que permiten con­ferir a los hechos históricos el papel de verdaderos protagonistas: los desórdenes de la Fronda, la fuga de la corte a Saint- Germain, protegida y dirigida por D’Arta­gnan, la vida íntima de Mazzarino y Ana de Austria. Pero los cuatro héroes se en­cuentran de nuevo y de un modo impre­visto en Inglaterra: D’Artagnan y Porthos, enviados a Cromwell por Mazzarino; Athos y Aramis, tratando de salvar del patíbulo al desgraciado Carlos I. Esa tentativa, el episodio más intenso de la novela, fracasa, y los cuatro se encuentran de repente ex­puestos a la furia vengadora de un hijo de Milady (v.), el fanático Mordaunt, agente de Cromwell, que los persigue implacablemente. Durante el regreso, Mordaunt casi consigue hacer volar el buque que los transporta, pero los héroes huyen en una barca; Mordaunt, que ellos recogen semiahogado, trata de arrastrar al fondo consigo a Athos, que se abandonaría a la ven­ganza casi justiciera si el recuerdo de su hijo no le llamara a la vida y no le empu­jara a clavar un puñal en el corazón de su enemigo.

En Veinte años después falta aquel ardor juvenil que animaba los Tres mosqueteros, verdadera novela de la juven­tud. En compensación, el clima más des­cansado, y a veces de compromiso, propio de la edad madura, con sus nubes, sus inte­reses personales, su alternancia de derrotas y victorias, da a la obra una mayor pro­fundidad y un sentido más real de evoca­ción histórica; la atmósfera de esta época, para las generaciones que se formaron en los ecos suscitados por esta trilogía, es la creada por Veinte años después. Las pági­nas dedicadas a la muerte de Carlos I tienen un relieve dramático más próximo a Víctor Hugo que a Walter Scott, y una solemnidad en la que parecen madurarse esos elementos que Dumas revelaba en sus primeros dramas y que más tarde, en gran parte, debían dispersarse frente al ímpetu de su vena narrativa. [Primera trad. españo­la por A. Benigno Cabrera (Málaga, 1845)].

U. Déttore

Los Vecinos, Jens Christian Hostrup

[Genboeme]. Popularísimo «vaudeville» del escritor danés Jens Christian Hostrup (1818-1892), puesto en escena por vez primera el 20 de febrero de 1844.

Los «vecinos» son una familia de buenos burgueses que habitan frente a la Regensen, la casa de los estudiantes: un honrado y alegre calderero, su mujer y su bella hija Rikke. El estudiante Basalt con­quista el corazón de ésta, pero tiene como rivales al ordinario mozo de su padre, Cristen Madsen, y al fanfarrón teniente de Buddinge (v.). Basalt tiene un fiel ami­go, Klint, muchacho generoso que intervie­ne en una pequeña fiesta en casa del calde­rero, y que es invisible gracias a los len­tes de la fortuna que le ha prestado un extraño zapatero que pretende ser el Judío Errante en persona.

Se desarrolla una sabro­sa serie de intrigas; Klint asusta terrible­mente al teniente (que ha obtenido del cal­derero la promesa de la mano de Rikke) y hace que Madsen le dé una buena paliza, en tanto que este último renuncia de buen grado a Rikke. El «vaudeville» está, según se ve, basado en la contraposición de los estudiantes que, románticamente, ironizan a manos llenas sobre los «filisteos»; y de estos últimos, llenos de honradez y buen sentido.

G. Puccini

Veda

[La Ciencia]. Voz india que de­signa toda una fase literaria, la más anti­gua no sólo de la India, sino también de toda la literatura indoeuropea: fase lite­raria de fondo marcadamente religioso que se extiende por espacio de cerca de dos milenios (2500-500 a. de C.) y se inicia con una himnología sagrada de elevada inspira­ción poética y se desarrolla a continuación en un número incontable de obras exegéticas relativas a la interpretación de la anti­gua palabra revelada y a la práctica del culto.

En sentido más limitado, la palabra Veda indica cuatro textos védicos propiamente dichos, o sea Rig-Veda-samhitā o Colección del Rig-Veda (v.) (Veda de los himnos), el Atharva-Veda-samhitā o Colección del Athara-Veda (v.) (Veda de los sacerdotes brujos), el Sāma-Veda-samhitā o Colección del Sāmna-Veda (v.) (Veda de las melodías), el Yajur-Veda-samhitā o Colección del Yajur-Veda (v.) (Veda de las fórmulas sa­gradas). Los dos primeros son colecciones originales, y entre éstos el Rig-Veda (1.028 himnos) es la expresión del más antiguo pensamiento religioso indio, cuya concepción fundamental es un politeísmo naturalista en el que empiezan a enunciarse un semimonoteísmo (enoteísmo o catenoteísmo) y — se­gún otras corrientes — la creencia panteísta. El Atharva-Veda (731 himnos) pertenece, por su origen, a estratos populares indígenas y lleva consigo un elemento nuevo y carac­terístico: el de la superstición.

Las antiguas formas naturalistas se atenúan como tales, mientras se concretan muchos atributos per­sonales de las diversas divinidades. El mun­do de lo invisible en torno a los mortales se puebla de genios y de demonios, y fórmulas de conjuro y propiciatorias se encuentran muy frecuentemente en los himnos del Atharva-Veda. El Sāma-Veda es una especie de manual para uso del culto y más preci­samente para el canto litúrgico. Los versos en él citados, que constituyen el módulo o — según la definición indígena — la ma­triz («yoni») de las diversas melodías, no son originales sino tomados en su mayor parte del Rig-Veda. El Yajur-Veda es a su vez un texto compuesto para la práctica del sacrificio y contiene plegarias y fórmulas sacadas en parte del Rig-Veda y en parte originales.

Entre los otros textos pertene­cientes al citado período védico sobresalen los Brāhmana (v.) o explicaciones brahmanicoesotéricas sobre el sacrificio, y los Upanisad (v.). Traducciones enteras del Rig-Veda en alemán: versión métrica de H. Grassmann (2 vols., Leipzig, 1876 y 1877), versión en prosa de A. Ludwig (6 vote., Praga, 1876-1888); del Atharva-Veda, en in­glés, de W. D. Whitney y Ch. Lanman (vols. 7 y 8 del «Harvard Oriental Series», Cambridge-Massachusetts, 1905). Papesso ha traducido una selección de himnos del Rig-Veda (2 vols., Bolonia, 1929-1931) y del Atharva-Veda (Bolonia, 1933).

M. Vallauri

Vassa Železnova, Máximo Gorki

Drama de Máximo Gorki (Maksim Gor’kij, pseud. de Aleksej Peškov, 1869-1936), publicado en 1910. Es una de las obras teatrales más conocidas del escritor y corresponde al último período de su producción literaria típicamente de te­sis social.

Vassa Železnova es una madre bastante extraña de una familia no menos extraña. El marido dejó a Vassa, al morir, la difícil tarea de regir su hacienda en co­propiedad con su hermano Prosper. Éste quiere retirar su parte del capital de la empresa, pero la hermana intenta, pri­mero, hacer que le envenene una criada, y luego azuza contra él a uno de sus hijos, Pavel, cuya mujer se entiende con Prosper, y éste, en un acceso de furor, muere de un ataque apoplético. A Vassa le ayuda en sus criminales planes su hija Ana, ya casada, y que vuelve a la familia para tener su parte en la herencia. La madre lleva a buen fin todas sus intrigas: Prosper ha muerto; Pavel, tartamudo y neurasté­nico, que con sus celos ha provocado la muerte de Prosper, por consejo de su madre se hace fraile. Ana está completamente so­metida a Vassa, y el tercer hijo, Simeón, no percibirá ni un céntimo porque durante este tiempo el testamento del padre ha sido falsificado.

La terrible personalidad de Vas­sa, que ha urdido esta trama para consti­tuirse en dueña absoluta de toda la riqueza familiar, reunida por ella y su marido con tanta fatiga, y la existencia de sus propios hijos, que le parecen ineptos para vivir sin su guía, oscila entre lo fuerte y lo mons­truoso, desembocando, a veces, en lo ri­dículo. Gorki quiso trazar aquí el cuadro de la corrupción de una familia burguesa; el intento decididamente social tiende a res­tar verismo y valores dramáticos a una creación que en su clima y contextura casi shakesperianos hubiera podido elevarse a más alto nivel.

G. Kraisky