Molestias, Antonio Pucci

[Noie]. Obra de Antonio Pucci (13099-1388), más conocida por el nombre de su autor que por su interés artístico, modelada según el tipo entonces tradicional de la literatura medieval provenzal y en particular según la obra de Gherardo Patecchio (v. Enojos).

Esta obra de Pucci se conserva en dos manuscri­tos diferentes: el códice Wellesley, ahora Kirkupiano (de 318 versos), y el llamado texto de Oxford, incompleto (178 versos), publicados respectivamente en 1912 y 1913 por Kenneth Mckenzie; anteriormente esta obra sólo había sido publicada en 1775 por Fr. Ildefonso di San Luigi, entre las Poe­sías de Pucci. Escrito en tercetos burles­cos, este «capítulo» expone con gran mono­tonía las cosas que producen molestia al autor, desde oír el sermón hasta ver cómo otros en los lugares sagrados galantean a las mujeres, o murmuran con el sacer­dote en la confesión; le molesta también presenciar peleas por cualquier motivo, el pecar y no obstante moralizar para los de­más, el no contestar al saludo por sober­bia, y así sucesivamente. Pucci en una abrumadora retahíla hace sentir su acri­monia moralizadora para todo cuanto de malo se presenta en la vida, y reclama la necesidad de una pronta enmienda.

Pero en sustancia esta obra no es sino el eco de los poetas gnómicos de la tradición toscana, sin aquel tinte satírico, que él, sin embargo, se esfuerza por alcanzar. Con todo, este «capítulo» es interesante por la forma en que está manejado el terceto en la búsqueda de las agudezas y de los gol­pes sarcásticos; por esto mismo su composición atestigua la persistencia de una tradición que va extinguiéndose ante nue­vas posturas literarias.

C. Cordié

La Mojigata, Leandro Fernández de Moratín

Comedia en tres actos en verso, original de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), estrenada en el Teatro de la Cruz el año 1804.

Se había represen­tado ya en casas particulares desde el año 1791, y cuando salió impresa, con una de­dicatoria en verso al Príncipe de la Paz, se notaron algunos cambios en escenas que debieron parecer a su autor demasiado sin­ceras en su descripción de la gazmoñería femenina, tema moralizador y exclusivo al que se sacrifican la verosimilitud de las si­tuaciones y la gravidez de los caracteres. El argumento, ahogado por su sujeción a las tres unidades, se reduce a lo siguiente: dos hermanos, don Luis y don Martín, pa­dres de sendas hijas en edad de merecer, viven juntos en una casa de Toledo, en la que también habita don Claudio, joven he­redero de un hidalgo de Ocaña, amigo de don Luis. Don Claudio, a quien su padre ha mandado a Toledo para que se case con Inés, la hija de su amigo, lleva una vida irregular, por lo que su presunta novia no se decide a aceptarlo, lo cual es aprobado por el padre de ella, pero no por su tío don Martín, orgulloso tan sólo de la discreción de su hija Clara, destinada a la vida religiosa. Pero Clara es, en realidad, una joven astuta que esconde su sensualidad con caricaturescos rubores y beaterías. Don Claudio, instruido por el entremetido criado Perico, declara su amor a doña Cla­ra, heredera de un moribundo tío rico. Median una serie de domésticas y burdas in­trigas hasta que el consternado padre don Martín descubre el concertado y ya pre­ciso casamiento. Al tiempo se recibe la noticia de que el tío rico, ante la segu­ridad de la vocación de Clara, traslada su herencia a la otra sobrina.

En la escena fi­nal, padre y yerno ponen de manifiesto sus bajos móviles económicos, y doña Clara la escasa piedad de su corazón. Inés, la joven siempre calumniada, dona la mitad de la herencia al nuevo matrimonio, ante la idolátrica admiración de su rendido pa­dre («No sabes cómo se halla mi cora­zón…»). El tema, así como su desarrollo y la misma escenografía, son esquemática­mente fríos; el lenguaje entre cotidiano y ridículo. (Clara: «Si mi padre trata de he­redarme… valiente chasco se lleva». Don Luis: «Tales locuras hicieras / Fumar donde nadie fuma, / silbar, rascarse las piernas / y rebañar con el dedo / las jícaras y la­merlas»).

R. Jordana

Moisés Salvado, Marc-Antoine Saint-Amant

La figura del legislador bíblico ha sido objeto de muchas obras poéticas, musicales y pictóricas. Entre las primeras está el idilio en verso Moisés salvado [Moïse sauvé] de Marc-Antoine Saint-Amant (1594- 1661), que limita el asunto al episodio de Moisés niño abandonado a las aguas del Nilo y salvado por la hija del faraón. Otros episodios de su vida son artificiosa pero hábilmente introducidos en el poema me­diante sueños o relatos. El estilo de la obrita, como el de toda la poesía de Saint- Amant, para la cual Théophile Gautier es­cribió, en oposición a Boileau, palabras de la más alta admiración, es terso y ameno; la narración se desarrolla con la frescura de minucias y detalles que envuelven los episodios en su propia atmósfera y en su propia poesía, librando la obra de la su­gestión heroica, fácil en la retórica de un asunto como éste, para entregarla al can­dor y a la viveza de sus versos que no olvidan el gusto de la Pléyade. Estas cua­lidades, sin embargo, no brillan en todo el Moisés salvado, sino sólo en sus mo­mentos mejores; de este modo, queda, en el conjunto de la obra poética de Saint- Amant, que está constituido por breves composiciones, como el trabajo menos libre y menos significativo, a pesar de la origi­nalidad del conjunto y la belleza de algu­nos fragmentos.

Sobre el Modo de Comportarse con los Hombres, Adolph von Knigge

[Ueber den Umgang mit Menschen]. Obra de Adolph von Knigge (1753-1796), moralista y polígrafo, que com­puso una gran cantidad de obras de todas clases, hoy olvidadas casi en su totalidad, excepto este pequeño volumen que apare­ció en 1792 y que ha gozado hasta hoy de un éxito ininterrumpido.

El autor, en lugar de dar consejos utilitarios, prácticos, y por consiguiente ligados al tiempo, escribe más bien una especie de tratado moral sobre las relaciones espirituales con el prójimo, relaciones que permanecen iguales en todos los tiempos. Viene a ser, en estilo setecentista, el paralelo de ciertos conocidos libros modernos, tales como el ensayo de Dale Carnegie Sobre el arte de hacerse amigos. El librito de Knigge está subdividido en varios capítulos, cada uno de los cuales se ocupa de una situación diferente en la vida: el autor examina el comportamiento que ha de seguirse con personas de distinta edad, con mujeres, con viejos, con perso­nas de condición social diferente; un ca­pítulo entero está dedicado a la manera de comportarse con miembros de sociedades secretas (Knigge era masón convencido y dedicó gran parte de su propia actividad a trabajar para sus hermanos de la orden). El autor habla en otros capítulos del modo de librarse de los importunos y aconseja una dietética personal para las relaciones con nosotros mismos. La obrita se ha tomado muchas veces a broma y se la ha ri­diculizado, pero los consejos del autor son decididamente inteligentes y en modo al­guno ridículos, y todos ellos van dirigidos al hombre común, al de la vida de cada día.

Es posible que la obra haya sido ins­pirada por el trato del autor con otros ma­sones, que, como él, aspiraban a la per­fección de las relaciones sociales; precisa­mente por esto merece ponerse de relieve la carencia de todo espíritu de casta en la consideración de los hechos sano», o el «honnête homme», sino simple­mente el «hombre».

C. Gundolf

Una Modesta Propuesta Para Impedir que los Hijos de los Pobres Sean una Carga Para sus Padres o Para el País, y Para que Sean Útiles al Público, Jonathan Swift

[A Modest Proposal for preventing the Children of Poor People from being a Burthen to their Parents, or the Country, and for making them Beneficial to the Publick]. Es la más drástica obrita satírica de Jonathan Swift (1667-1745), publicada en 1729; la indigna­ción del autor por la pobreza de Irlanda reviste en ella tonos cáusticos y paradóji­cos: lo que propone es nada menos que comerse a los niños de los pobres; de este modo se evitarían también los malos tratos dados por los maridos a las mujeres duran­te el embarazo, ya que ellas serían entonces tan preciosas como las vacas o como las cerdas preñadas. Lo inhumano de la ironía excede los límites tolerables, por lo que la obra no llegó a despertar ni terror ni simpatía por la causa sostenida por Swift.

M. Praz