La Mujer Caprichosa, Carlo Goldoni

[La donna bizzarra]. Comedia en cinco actos, en ver­so, de Carlo Goldoni (1707-1793), representada en 1758. Como en la Viuda astuta (v.) y en la Mujer sola, se nos presenta una dama, la condesa Ermelinda, que se com­place en mantener en jaque a un buen número de pretendientes; pero lo que en la primera de las obras mencionadas era habilidad astuta y aprovechada, y en la segunda complacencia más o menos vela­da en el terreno sensual, aparece aquí co­mo vivacidad antojadiza y consciente, y co­mo personalidad inquieta y rebelde.

Erme­linda, cortejada por el exuberante capitán Gismondo, el galante caballero Ascanio, el afable don Armidoro y el patético don Fabio, no desearía dar satisfacción a nin­guno, pero en su intimidad, casi inconscien­temente — y esta inconsciencia constituye su humanidad más real—, oscila entre el capitán y el caballero. La llegada del pin­toresco batón Federico, con su hija Ama­lia, la obliga a tomar una decisión, a pe­sar suyo: Ermelinda combina, sin más, el matrimonio del caballero y Amalia, como si deseara hallarse ante un hecho consuma­do y, al terminar un borrascoso diálogo, acaba prometiéndose como esposa del ca­pitán, que posee un carácter semejante al suyo.

El desenlace de la indecisión en el brusco matrimonio y en el noviazgo sú­bito, representa el verdadero motivo de esta comedia, fundada aparentemente en un juego caprichoso.

U. Déttore

La esposa mártir, Enrique Pérez Escrich

Es la segunda parte de La mujer adúltera, y algunos de sus mismos personajes figuran en ella, así como, en La mujer adúltera salen otros que antes figu­raron en La calumnia, del mismo autor.

El protagonista de La mujer adúltera, el sufri­do y caballeroso Ángel Gurrea, capitán de la marina mercante, tiene ahora un papel de máxima importancia: la de enamorado y defensor ardiente de Rosa, la maltratada esposa de Beltrán de la Roca, revoluciona­rio y político mexicano cuyas actividades están siempre manchadas con sangre. La desgracia se ensaña en la esposa martiriza­da y en el infeliz marino cuya vida ya co­nocimos como ejemplar ante el dolor que le causara la traición de Magdalena, la que fue más tarde esposa, arrepentida.

Después de múltiples episodios en los que toman parte millares de personajes — todos con su historia interesante y folletinesca—, Rosa, que por sufrirlo todo llega hasta ser en­terrada viva y rescatada de la tumba por su enamorado silencioso y protector, el ca­pitán Gurrea, se queda por fin viuda. Y al amparo de la familia del marino, reposa su pobre alma y llega al amor por Ángel, casándose con él. La novela, larga, dila­tada, rellena de incontables aventuras, no deja de tener su interés.

El autor, de es­píritu moralizador, presenta una sociedad corrompida que sólo puede redimirse por el amor cristiano y su moral. Hay predilec­ción por las tierras americanas, por la evan­gelizaron de los salvajes, y en suma cum­ple los fines de su tiempo y de su tipo: dis­traer a los lectores que necesitan fuertes emociones disueltas en pueriles aconteci­mientos, todos remediables si las gentes tu­vieran un sentido común del que les vemos carecer y que es la razón de sus desdichas.

C. Conde

La Mujer Belicosa, Nikolaj Semenovič Leskov

[Voitel’nica]. Narración del ruso Nikolaj Semenovič Leskov (1831-1895), publicada en 1868. Es una de las obras maestras del humor de este au­tor ingenuo y realista.

Leskov hace narrar a una mujer belicosa, Domna Platonovna, encajera y alcahueta a ratos perdidos, su propia vida. Con gran sencillez y con len­guaje original por su misma franqueza, Platonovna explica como divertidas aventuras una serie de infamias cometidas por ella con la convicción de actuar según el me­jor sentido común: «conoce el ambiente de San Petersburgo» y está convencida de que una mujer, para salvarse de la miseria, ha de sacrificar siempre su cuerpo. Algunas ve­ces Platonovna combina matrimonios de in­terés y otras procura «la mejor mercade­ría» para algún rico militar o para otras personas de alto rango.

Si sus víctimas se rebelan, se indigna considerándose enga­ñada. En general, está convencida de hacer generosamente felices a hombres y muje­res y de ser mal recompensada; en el fondo es una buena mujer que trata de vivir có­modamente y ahorrar algún dinero. No ca­rece de sentido moral; lo que pasa es que ha decidido que en la vida todo es men­tira e ilusión, incluso el amor. Y he aquí que a los cincuenta años se enamora de un joven ratero que la despoja de todo su haber; entonces comprende que el amor tiene una fuerza y un sentido y, confusa­mente, en su intimidad, se arrepiente de la vida que ha llevado.

Hay en la narración profundidad de análisis y un amplio sen­tido de humanidad que colocan a Leskov entre los mejores escritores europeos del siglo XIX. Por la riqueza y viveza del idio­ma y por la perfecta conducción del relato, La mujer belicosa es una pequeña obra maestra.

G. Kraisky

La Mujer Campesina, William Wycherley

[The Country Wife]. Comedia en cinco actos y en prosa del inglés William Wycherley (1640-1715), representada con gran éxito en 1674. Hace pensar en la Escuela de las mujeres (v.) de Molière, aunque el espíritu cáustico del autor la haga fuertemente personal e in­teligente aun en su crudeza. La sagacidad de Horner recuerda la del Eunuco (v.) de Terencio.

Un áspero crítico, el historiador Macaulay (1800-1859), la consideró obra «indigna de crítica». Sin embargo, el famo­so actor David Garrick, el rey de la escena del siglo XVIII, se entusiasmó con ella, y, aunque tomándose ciertas libertades con el texto, arregló la comedia al gusto de sus contemporáneos. Horner, un famoso liber­tino» londinense, tras una larga estancia en París, hace correr la especie de que su vida licenciosa ha terminado, y de que nada tienen que temer de él las bellas mujeres, y menos los maridos.

Pero esto no es más que una maniobra para ganarse las mu­jeres que más le gustan y dejar en ridículo a los confiados maridos. El primero entre todos fue sir Jaspar Fiddget, que le permite libre acceso a su mujer y que es digna­mente recompensado. Pero el impenitente Horner no se sacia nunca: ha puesto tam­bién los ojos en la esposa de Pinchwife, el cual se ha casado recientemente para descansar de una vida de vicios y diver­siones, y que cree poder estar tranquilo porque su mujer es una simplona que ig­nora hasta el nombre del vicio. Pero se equivoca, y sobre todo en los métodos empleados con ella, porque él mismo la en­seña, con buen fin, las malicias de la ciu­dad.

El resto de esta extraña educación corre a cargo de una criada, Lucy, astuta urdidora de engaños y mentiras. Entre es­cenas groseras y cómicas, se llega al epí­logo inevitable. Horner hace la corte a esa mujer provinciana, que cae en sus redes y se deja convencer de que abandone a su marido. Pero el amante no lo entiende así: le basta con haber alcanzado su fin in­mediato y llega, por fin, con artes sutiles a lograr que vuelva con su marido, el cual cree, o finge creer, que el delito no ha sido consumado.

Muchos personajes secun­darios dan vida a la obra, logrando un ambiente del siglo XVIII brillante, frívolo y despreocupado, en el que se denuncia alegremente la inmoralidad sin intentos sa­tíricos, lo que produce una intensa comi­cidad.

M. Navarra

La Mujer Abandonada, Honoré de Balzac

[La femme abandonnée]. Narración de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1832. En el pequeño y cerrado mundo de la aristocracia de Bayeux, pequeña ciudad de la baja Normandía, alrededor de 1822, el joven ba­rón Gastón de Nueil, que ha ido a pasar una temporada al campo en casa de un familiar, se enamora con todo el ímpetu de sus veinte años de la vizcondesa Clara de Beauséant, misteriosa figura de mujer todavía joven y ya entristecida por una trágica experiencia amorosa, que se ha re­tirado a sus tierras después de haberse se­parado de su marido.

Clara no resiste a la apasionada tenacidad del joven; tras dramáticas dudas ambos se refugian en Suiza y pasan juntos un largo período de absoluta felicidad. Doce años después vol­vemos a encontrarlos en Francia, donde Clara ha comprado un castillo cerca de las tierras de su amigo. Ya pasa de los cua­renta años; Neuil es todavía joven y el largo yugo parece pesarle; persuadido por sus parientes e irritado por la soberbia clarividencia de la mujer, se decide a rom­per la antigua relación para efectuar un matrimonio de conveniencias. Pero esta nueva experiencia sólo le procura decep­ciones; atormentado por la añoranza, trata de volver a Clara y, al ser rechazado con horror por ella, se suicida.

El largo relato se inicia con un tono de realismo minucio­so y frenético, y al mismo tiempo de poesía, según la manera del mejor Balzac, para derivar luego rápidamente hacia una ca­tástrofe de estilo romántico, precipitada y más bien arbitraria.

M. Bonfantini