La Mujer del Porvenir, Concepción Arenal

Obra ge­nerosa y valiente de la escritora gallega Concepción Arenal (1820-1893), cuya preocupación por la elevación social de la mu­jer se ve hoy, si no colmada por lo menos bastante compensada.

«Si la ley civil mira a la mujer como un ser inferior al hom­bre, moral e intelectualmente considerada, ¿por qué la ley criminal le impone iguales penas cuando delinque?» Esto se pregunta­ba, entre otras muchísimas cosas, doña Con­cepción Arenal, y estudiaba en su obra todos los aspectos de la, para ella y para las verdaderas mujeres conscientes de todos los siglos, cuestión de las relaciones socia­les entre los individuos de distinto sexo.

Contradicciones, Inferioridad fisiológica de la mujer, Inferioridad moral de la mujer, La historia, Consecuencias para la mujer de su falta de educación, Consecuencias pa­ra el hombre de la supuesta inferioridad de la mujer, Consecuencias para la socie­dad de la supuesta inferioridad intelectual de la mujer, ¿Qué oficios y profesiones pue­den ejercer las mujeres?, ¿Cómo se modificará el carácter de la mujer educada?, ¿Hay incompatibilidad entre el cultivo de la inteligencia y los quehaceres domésti­cos?, ¿Qué será de los hijos cuando la ma­dre pueda ejercer una profesión u oficio lucrativo?, La mujer soltera, Conclusión.

Éstas son las preguntas que se hacía la autora, y que ella misma se contestaba, ar­gumentando racionalmente en pro de las soluciones, y que la propia historia se ha dignado contestar casi siempre satisfacto­riamente.

C. Conde

La Mujer de Ingenio, Pietro Chiari

[La donna di spirito]. Comedia en cinco actos, en verso, de Pietro Chiari (1711-1785), estrenada el año 1754 y escrita en oposición a La mujer garbosa (v.) de Goldoni, como por otra parte lo fueron muchas otras comedias de este autor, que rivalizando con el maestro veneciano trataba de oponer una comedia a otra, un título a otro título.

El enredo es complicado; el viejo y rico Pasquale quie­re casarse con su pupila Angiola, la cual acepta pensando que el viejo morirá pron­to. Pero enterada de que Valerio está ena­morado de ella, Angiola desea recobrar su libertad mediante la ayuda de la astuta criada Catina. De aquí surge el enredo, cartas fingidas, confusiones y una intriga que hace más denso el amor de Virginia, madre de Angiola, por Pasquale y las ten­tativas de Tonino, marido de Catina, para lograr que Angiola se case con un nuevo pretendiente, y por los celos de la propia Catina. Todo termina con los matrimonios de Angiola y Valerio, y de Virginia y Pas­quale.

El autor no rebasa los límites del oficio: los afectos y las pasiones son sim­ples fórmulas que deben servir tan sólo para construir una red de intrigas y sus­citar un juego de imprevistos. La convic­ción que abrigaba Chiari de poder sobre­pasar a Goldoni con semejantes elementos espectaculares, muestra cuán poco se com­prendía la esencia y la seriedad del teatro goldoniano.

U. Dèttore

Estos deplorables recursos de Chiari re­presentan el símbolo de un tiempo, en el que la vieja literatura tendía a desaparecer y la nueva apenas fermentaba en aquella primera confusión de las mentes. (De Sanctis)

La Mujer Delincuente, la Prostituta y la Mujer Normal, Cesare Lombroso

[La donna delinquente, la prostituta e la donna nórmale]. Obra de Cesare Lombroso (1835-1909), escrita en colaboración con Guglielmo Ferrero (1871- 1942), publicada en Turín en 1893. Se halla en relación con su obra más conocida, El hombre delincuente (v.), y está desarrolla­da con el mismo criterio de análisis y pe­netrada del mismo espíritu positivista, de explicación del comportamiento humano co­mo resultado de factores biológicos, físicos y ambientales.

Ello motiva una clasifica­ción de las mujeres criminales, de acuerdo con ciertos tipos antropológicos (criminales y prostitutas innatas, ocasionales, pasiona­les, delincuentes, epilépticas, etc.) y des­viaciones notables del tipo de la mujer normal. Al estudio de ésta, a su anatomía, biología, sensibilidad, inteligencia, morali­dad, etc., está dedicada la primera parte de la obra, a la que sigue el estudio de las criminales y de las prostitutas, analizadas a base de los datos antropométricos y re­lieves clínicos, medicolegales y datos esta­dísticos, etc., así como de observaciones personales de los autores o recogidas de obras de otros investigadores.

Las anoma­lías biológicas, anatómicas, etc., de la mu­jer delincuente revelan una desviación del tipo femenino hacia el masculino; en cuan­to a la prostitución, es la manifestación de la estructura criminal en la mujer, y ocu­pa un lugar parecido a la necesidad de matar en el hombre. La criminalidad feme­nina se afirma, principalmente, en delitos no sanguinarios (por ejemplo, el robo), y se halla en conexión con la distinta natu­raleza fisiológica de la mujer, en gene­ral, dominada sustancialmente, en su total estructura física y psíquica, por el factor de la maternidad; de suerte que la especie humana se manifiesta en ella con ciertos caracteres de calma y pasividad.

En las edi­ciones más recientes de la obra, que des­pués de la muerte de Lombroso fueron dirigidas por su hija Gina, se añade una parte, reconstruida sobre apuntes del autor, relativa a la terapéutica de la mujer de­lincuente (lo que deben efectuar las ins­tituciones de educadores y reformadores; el divorcio; leyes más flexibles para el abor­to y el infanticidio, etc.), una relación de casos referentes a asesinas histéricas, enve­nenadoras y estafadoras modernas, etc., y un apéndice sobre la importancia de la mujer en la religión. La obra, traducida a diversas  lenguas desde el momento de su aparición, encierra importancia como investigación antropológica, pero fue ob­jeto de críticas por parte de las escuelas positivistas.

A. Amorth

Mujercitas, Louisa May Alcott

[Little W ornen]. Novela para muchachas, de la escritora norteameri­cana Louisa May Alcott (1832-1888), publi­cada en 1868.

Meg, Gio, Beth y Emily March, cuatro jóvenes hermanas, ansiosas de vida y alegría, viven serenamente con el gran afecto que las une entre sí y con su madre, aunque hayan de renunciar a mu­chas aspiraciones debido a la condición mo­desta de la familia, agravada aún desde que su padre ha marchado a la guerra. La amistad con un vecino suyo, el señor Laurence, un anciano riquísimo, algo mi­sántropo pero lleno de ternura por su nieto Laurie, que tiene aproximadamente la mis­ma edad que las hermanas March, aporta una nota alegre a sus días.

Laurie sabe divertir a sus amiguitas, y el abuelo las acoge afectuosamente y llega incluso a re­galar un piano a la dulce y delicada Beth. Dos acontecimientos casi simultáneos tur­ban esta dulce monotonía: una grave en­fermedad del padre, que obliga a la ma­dre a dirigirse a Washington, y una vio­lenta escarlatina que pone en peligro la vida de Beth. El padre se repone y vuelve a su casa; en cambio Beth queda delicada y enfermiza y al poco tiempo su joven vida se extingue. Las muchachas se hacen muje­res. Meg, la mayor, se casa con Brooke, el preceptor de Laurie; y Laurie se ena­mora locamente de Gio, que le quiere pero no lo bastante para casarse con él.

Laurie marcha al extranjero y se encuentra en Niza con Emily, la menor de las hermanas March, que está allí de paso con. una tía suya. Los recuerdos comunes los aproxi­man y lentamente nace el amor; se casan antes de volver a América. Gio, que estaba triste por haber hecho sufrir a Laurie, es feliz con la solución; se ha convertido en una buena escritora y une su vida a la de un profesor alemán que la comprende y ama.

El mérito de la novela, riquísima en episodios, está en la pintura de los carac­teres, estudiados y descritos con delicada precisión. Toda la novela, pensada y crea­da con un espíritu de sencillez y un respe­to a la libertad individual muy notables, especialmente en aquella época, es un cua­dro vivo de la vida americana en la se­gunda mitad del siglo XIX, que consigue dar cierta vaguedad poética a aquel ro­manticismo puritano. [Traducción castella­na, Barcelona, 1933].

M. T. Chiesa

La Mujer de Claudio, Alexandre Dumas, hijo

[La femme de Claude], Drama en tres actos de Alexandre Dumas, hijo (1824-1895), represen­tado en París en 1873.

Césarine es una mujer seductora, pero profundamente co­rrompida. Claude, su marido, tras de haber,, intentado inútilmente redimirla, la deja abandonada a sí misma, aunque sin llegar a una separación que deshonraría su nom­bre. Para llenar su soledad, se dedica a la investigación científica, que le lleva a inventar un tipo nuevo de cañón. Del descubrimiento ha tenido noticia una so­ciedad de espionaje extranjera, que trata de aprovecharse de la depravación de Césa­rine para apropiarse de la patente.

Un agente, cierto Cartagnac, encargado de ob­tener la complicidad de la mujer, llega a penetrar en el retiro del investigador, al que Césarine acaba de regresar tras una misteriosa estancia en París. Cartagnac, que posee las pruebas de la última relación ilícita de la mujer, la amenaza con revelárselo todo al marido, logrando de tal modo obtener la promesa de proporcionarle los documentos, que ella conseguirá aprove­chando la seducción que ejerce sobre el amigo y discípulo del marido, Antonin. Pero la camarera, que primero había favo­recido la malvada maquinación, advierte a Claude, el cual sorprende a la mujer cuan­do se halla a punto de realizar su promesa y la mata.

El drama, que marcha directa­mente hacia la catástrofe, suscitó vivas po­lémicas entre los contemporáneos. La fi­gura de Césarine, fatalmente corrompida enigmática, irresponsable, es una de las más originales del teatro de Dumas; los demás personajes parecen más bien rígi­das abstracciones declamatorias.

T. Momigliano