El Vellocino de Oro, Franz Grillparzer

[Qas Goldene Vliess]. Trilogía dramática del austríaco Franz Grillparzer (1791-1872), escrita desde 1818 a 1821, libre reelaboración del mito de los Argonautas.

Semejante al tesoro de los Nibelungos (v.), también el Vellocino de oro trae mala suerte y muerte a quien lo posee, hasta que se devuelva al templo de Delfos, de donde fue robado por Friso. Los versos de Schiller que el autor escribió en el frontispicio de su manuscrito: «De la ac­ción malvada es precisamente ésta la maldi­ción; que debe engendrar desgracias» cons­tituyen el motivo dominante en la trilogía. La primera parte, constituida por una tra­gedia en un acto: El huésped [Der Gastfreund], sirve de prólogo a la obra. Friso, joven griego de Tesalia, arrojado de sus dominios por un usurpador, se refugia en el templo de Delfos. En sueños recibe la orden de arrebatar el Vellocino de oro a la esta­tua de Hércules y de llevarlo a la bárbara Cólquida.

Una vez allí, pide amistad y hos­pitalidad al rey Ajetes, pero éste, ambicioso del Vellocino, mata a su huésped. Medea (v.), hija de Ajetes, orgullosa amazona, ávida de independencia, dedicada a las ale­grías de la caza, habiendo aprendido de su madre a leer el futuro, prevé las terribles consecuencias del asesinato de Friso. El crimen de Ajetes no es sino un eslabón de la cadena de horrores y desgracias que alcan­zarán a culpables e inocentes arrastrándolos al abismo. El contraste entre la barbarie y la cultura, obtenido incluso por el ritmo quebrado y convulso de los versos libres con que se expresan los habitantes de Cól­quida y la sonoridad clásica de los trímetros yámbicos con los que se expresan los griegos, se aviva todavía más en la segunda parte de la trilogía, en el drama en cinco actos Los Argonautas [Die Argonauten].

A la cabeza de los Argonautas, Jasón (v.) llega a Cólquida para vengar la muerte de Friso y devolver al templo de Delfos el Vellocino fatal. En vano Ajetes pide a Me- dea que le ayude con sus artes mágicas para deshacerse de Jasón. La orgullosa hija de Ajetes cede al atractivo del noble griego y le salva dos veces de la muerte, ayudán­dole a recobrar el Vellocino. Desesperado por la traición de su hija, Ajetes se mata, pero antes de morir la maldice. Y la mu­chacha, aunque presintiendo la inevitable antítesis entre su origen bárbaro y primi­tivo y el del refinado y astuto heleno, empu­jada por su destino, zarpa con Jasón hacia Grecia. La tercera parte, Medea, está domi­nada en sus cinco actos por la trágica figu­ra de su protagonista. De su matrimonio con Jasón nacen dos niños; pero su unión no es feliz. Arrojados por Yolcos a causa de la inesperada muerte de Pelias, atribuida a las brujerías de Medea, los dos huyen a Corinto.

Sin embargo, el misterioso origen de Medea y sus raras costumbres la alejan de todo el mundo, y la joven en vano tra­ta de adaptarse a la civilización griega bo­rrando las huellas de su pasado. Jasón llega a ser para ella cada vez más un extraño y hasta los niños le tienen miedo. Así, cuan­do la infeliz tiene las pruebas de que Jasón va a repudiarla para unirse a Creusa, su naturaleza salvaje, hasta entonces dura-mente contenida, se desahoga en todo su ímpetu- Envía a su rival, como regalo, una copa cuyo contenido incendia el palacio real y hace perecer a la misma Creusa. Luego mata a sus hijos para que no caigan en manos de sus enemigos y no sean reducidos a la esclavitud, y mientras Jasón, arrojado de Corinto, se marcha, ella le enseña por última vez el Vellocino de oro que acaba de desenterrar para llevarlo a Delfos. En esta épica trilogía Grillparzer realiza los cánones de su dramaturgia: claridad, cohesión y ló­gica de los diálogos.

Sin preocuparse, al igual que hizo Hebbel, por el contenido filosófico de su obra, crea unos personajes vivos, sujetos a todas las pasiones humanas. El despertarse del amor en Medea, su ten­tativa en Corinto para reconquistar el cora­zón de Jasón con una canción, la escena en la que los hijos se alejan de su madre, son momentos de sencilla fuerza dramática en los que el autor alcanza sus expresiones más poderosas.

G. Zurlini

…poeta de extrema, inaudita sensibilidad. (Farinelli)

El Velo de Beatriz, Arthur Schnitzler

[Der Schleier der Beatrice]. Drama en cinco actos del escritor austríaco Arthur Schnitzler (1862- 1931), estrenado en Breslau en 1900.

César Borgia amenaza con un poderoso ejército a Bolonia. En la ciudad, bajo la angustiosa pesadilla de la inminente ruina, se alternan el terror y la embriaguez, la locura y el deseo de goces supremos. El centro de esta locura es Beatriz Nardi, seductora y bellí­sima, hacia la cual convergen todos los de­seos. Ella ama al poeta Filippo Loschi, que por ella abandona a su casta prometida; rechazada por Loschi, celoso por un sueño que de ella ha tenido, acepta pasivamente prometerse al joven artista Vittorino Monaldi; pero, poco después de la promesa, le abandona para casarse con Lionardo Bentivoglio, duque de Bolonia. Durante la fiesta nocturna que sigue a la ceremonia nupcial Beatriz se siente irresistiblemente atraída al ver de nuevo a Filippo Loschi, y, esco­giendo el momento en que el duque es lla­mado para ordenar la defensa de la ciudad, vestida de novia y cubierta con un velo precioso, corre a casa de él.

Éste la recibe con alegría, pero cuando, en lugar de los soñados goces, él le propone morir juntos, Beatriz vacila, duda, y finalmente se niega. Filippo se envenena y Beatriz al huir pierde su velo. En el palacio ducal se han desarro­llado entretanto escenas de desenfrenadas danzas y feroces represalias contra los es­pías y enemigos capturados; más tarde fue también notada la desaparición de Beatriz. Cuando vuelve, dice haber estado en San Petronio para rezar; pero la falta del velo, que no sabe justificar, la pierde. Pretende el duque que le conduzca allí donde el velo fue extraviado, y una vez más, para huir de la muerte que tanto pavor le inspira, guía a Bentivoglio a casa de Loschi. Delante del cadáver del envenenado se descubre todo; Bentivoglio perdonaría la vida a la inconsciente Beatriz; pero Francesco, su her­mano, aparece y, vengador del honor fami­liar, la mata de una puñalada.

Este es el drama que en su aparición fue saludado con tan encendidos elogios en un tiempo de este­ticismos y falsos «pathos», de pasión por lo que era o parecía vuelta al Renacimiento italiano, con materiales extraídos de Burckhardt, y con maneras poéticas copiadas de D’Annunzio, etc. Versos bellos no faltan en algún que otro pasaje; el carácter de Bea­triz, inconsciente sembradora de desventu­ras y ruinas entre hombres superiores a ella, tiene su humanidad. Pero el resto del drama es convencionalismo, retórica, decoración: toda una moda que con el tiempo ha des­aparecido.

B. Allason

El Velo, Emil Strauss

[Der Schleier], Cuento del escritor alemán Emil Strauss (1866-1960), pu­blicado en 1912. El barón Von Tettingen, después de muchos años de feliz matrimonio con una mujer de raras cualidades, se ena­mora de la joven condesa Ittendorf, que lo cautiva con su juventud y su belleza.

Los amantes se encuentran por la noche du­rante varios años consecutivos en un pabe­llón de caza que pertenece al barón. Tet­tingen encuentra natural esa situación: su amor por la esposa se mantiene invariable e intenso, a pesar de estar dominado por la pasión que le inspira la joven condesa, que es para él cosa muy distinta. En tanto que la esposa es la segura compañera de su vida, la amante significa el retorno a la ju­ventud, la vuelta a sensaciones ya de tiem­po olvidadas. La esposa, con la clarividencia de las mujeres enamoradas, descubre la traición de su marido. En un arranque de celos se presenta en el pabellón de caza, donde sospecha que los amantes se reúnen. Sor­prende, en efecto, a los amantes dormidos en un abrazo tan puro y armonioso, en tal inocencia y descuido, que ni siquiera se han preocupado de cerrar la puerta. La baro­nesa no tiene valor para despertarlos, pero antes de marcharse prende en la cama un velo que su marido le dio como primer re­galo a raíz del noviazgo y que ha traído consigo.

Al despertarse los enamorados en­cuentran el velo y Tettingen, profunda­mente emocionado por la nobleza de alma de su esposa, siente que es más de ella que de la amante y vuelve al lado de su com­pañera, ofendida, pero amorosamente dis­puesta a perdonarle. El cuento, que revela una rara maestría en el estilo y el lenguaje, es tal vez una de las mejores narraciones escritas en Alemania después de Kleist.

C. Gundolf

Veleidades de la fortuna y Consuelo de la Filosofía, Arrigo da Settimello

[De diversitate jortunae et philosophiae consolatione]. Fa­mosísima elegía latina, escrita en 1193 en dísticos por el toscano Arrigo da Settimello (que vivió entre los siglos XII y XIII).

Siguiendo el ejemplo de la célebre Conso­lación de la Filosofía (v.) de Boecio, que inició toda una corriente literaria, finge el autor que aparecen ante él la Fortuna, a la que acusa de perseguirle, y la Filosofía, que le consuela para soportar virilmente el mal. Aunque parece inspirarse en algunos casos de su propia vida (perseguido como párroco por su propio obispo, hubo de buscar pro­tección en otra autoridad), el escrito no está falto de humanidad ni de finura psicológica al trazar contratiempos y esperanzas con gran viveza de sentimiento.

El poemita se hizo en seguida popular en las escuelas de su tiempo y fue comentado muchas veces. En el siglo XIV dos desconocidos lo tradu­jeron en sendas versiones vulgares, bastante límpidas y ágiles con el título de Arrighetto (tan popular se había hecho la historia del «pobre Arrigo»), del mismo modo que en una traducción en lengua vulgar, la Conso­lación de la Filosofía se llamó, por el mismo tiempo, El Boecio. En una y otra obras, la filosofía de los antiguo:» griegos, acercán­dose al Cristianismo, se convirtió en resig­nación, simple elemento negativo; aunque también, según la propia concepción de la escolástica, la resignación sea la meta ex­trema que, en la historia, el hombre ha po­dido alcanzar con sus fuerzas, la necesaria introducción del espíritu para acoger la revelación superior.

C. Cordié

Las Veleidades de la Fortuna, Pío Baroja

Esta novela de Pío Baroja (1872-1956), fechada por el autor en 1926, relata las me­nudas aventuras de viaje de Pepita y Soledad, primas de Larrañaga, a quienes éste acompaña por Suiza. Pertenece a la se­rie Las agonías de nuestro tiempo, que comprende las novelas El gran torbellino del mundo (v.), Las veleidades de la For­tuna y Los amores tardíos (v.).

En todas ellas aparecen los personajes antes citados; de sus fricciones con la realidad, de sus decepciones — si es que soñaron —, o de sus comprobaciones cuando son pesimistas, es de cuanto tratan los volúmenes nombra­dos. Realmente, no existe una trama nove­lesca en lo que a determinada acción y pa­sión pudiera referirse. Un desfile de tipos, de ciudades, de paisajes; un monólogo del autor a través de los diálogos de las cria­turas por él encargadas de asumir papeles de tesis o antítesis, constituyen la finalidad o la razón de estas novelas; como de casi todas las novelas de Pío Baroja.

Sin em­bargo, aunque en esta serie de Las agonías de nuestro tiempo no brille la acción en­tusiasta, ni siquiera el afán caliente de vi­vir, Las veleidades de la Fortuna tiene un interés positivo para el curioso de un tiempo español ante el tiempo universal — el de la primera postguerra y sus consecuencias —, de una sensibilidad pesimista ante un des­file de seres más o menos conscientes de su destino. Las novelas de Pío Baroja, con su infatigable enumeración de tipos sacados de los niveles altos y bajos de la sociedad, son el antecedente del moderno novelar que podríamos llamar fotográfico, a veces cine­matográfico, que no plantea ni resuelve nada, sino que expone, dejando sin solu­ción lo que expone.

C. Conde