Venecia Salvada, Thomas Otway

[Venice Preserved, or a Plot Discovered]. Tragedia en cinco actos, en verso suelto y en prosa de Thomas Otway (1652-1685), escrita y estrenada en 1682.

Jaffier, noble joven veneciano, se ha casado con Belvidera, hija del poderoso senador Priuli. Pero la hija ya había sido desheredada por su padre y cuando Jaffier, reducido a la miseria, se dirige a su suegro en demanda de ayuda, éste le rechaza sin piedad. El joven, lleno de rencor, encuen­tra un soldado extranjero, Pierre, quien le incita a la venganza revelándole la exis­tencia de una conjuración e invitándole a participar en ella. Jaffier se presenta a los conjurados, y como garantía de su lealtad entrega Belvidera a los cuidados del jefe de la conjuración, Renault, aunque sin con­fesarle que se trata de la hija de un sena­dor. Pero Belvidera, a la que persigue Renault, huye y regresa a casa de su ma­rido, quien indignado le revela la existen­cia del complot.

Belvidera, por amor filial, consigue persuadir a Jaffier que revele la conjuración al Senado, pidiendo, a cambio, que se salve la vida de los conjurados, los cuales, detenidos, insultan de la peor mane­ra a Jaffier, acusándole de traición. El joven es atormentado por los remordimien­tos y reducido a la desesperación, cuando el Senado, violando la promesa, condena a muerte a los conjurados. Jaffier decide entonces salvarlos, llegando hasta el punto de amenazar de muerte a Belvidera si no consigue de su padre la gracia para los con­jurados. Belvidera consigue aplacar el feroz ánimo de su padre, quien ordena que se suspenda la ejecución. Pero ya es dema­siado tarde. Jaffier acaba de apuñalar a Pierre, después de lo cual dirige el arma hacia sí mismo; Belvidera muere de dolor, mientras aparecen en escena, en el último momento, los fantasmas de Pierre y Jaffier.

El drama está sacado de la novelesca Con- juration des Espagnols contre la République de Venise en Vannée MDCXVIII de Saint- Béal. Entre los personajes está también el marqués de Bedmar, embajador de España en Venecia, que fue históricamente el alma de la conjura. Este drama llegó a ser muy popular y, después de las obras de Sha­kespeare, es el que tuvo mayor número de representaciones en los siglos XVII y XVIII. Scott dijo: más lágrimas se han derramado por Belvidera y Monimia que por Julieta y Desdémona. En realidad, Otway da aquí la más intensa y completa expresión de su particular patetismo, que no anima tan sólo a los personajes femeninos, sino que arrolla también al hombre por un morboso refinamiento de sentimientos.

E. Allodoli

Vena de Hierro, Ellen Glasgow

[Vein of Iron]. Obra de la novelista norteamericana Ellen Glasgow (1874-1945), publicada el año 1935 en los Estados Unidos y en Francia en 1948. Ellen Glasgow ha escrito unas veinte nove­las. La primera, aparecida en 1897, The Descendant, obtuvo el Premio Pulitzer en 1941.

Vena de hierro, obra de madurez, es esen­cialmente el relato de la vida de Ada Foncastle, hija de un pastor presbiteriano de Virginia, desarrollado entre 1901 y 1933. El padre de Ada, al ser repudiado por su con­gregación, se dedica a la enseñanza. La fa­milia es pobre pero respetada. Ada se ena­mora de un alumno de su padre, Ralph Mac Bride, pero, finalmente, éste se casa con Janet Rowan. El nuevo matrimonio no se desenvuelve bien y el hombre tiene que abandonar su carrera de abogado para dedi­carse a vendedor de automóviles. Seis años más tarde, Janet se divorcia de Ralph para casarse con otro hombre muy rico. Estalla la primera guerra mundial y Ralph se alista en el ejército dejando a Ada, que ya ha sido su amante, embarazada. Ésta abandona la ciudad y trabaja en un gran almacén.

Ter­minada la guerra, Ralph y ella se casan: un corto período de felicidad, porque un accidente dejará a Ralph paralítico para el resto de sus días. Muere Ralph y el cobro del seguro permite a la reciente viuda re­hacer el hogar, donde Ronnie, el hijo, cre­cerá. La evolución espiritual de Ada a tra­vés del amor contrariado, de las tristezas, del sufrimiento y de la muerte, en sucesivos episodios que jalonan su vida, viene a ser el tema esencial del libro. Ada es un carác­ter excepcional, indomable y tierno a la vez y, sin duda, se alza como una de las heroínas más auténticas de esa novelística americana de la primera mitad del siglo XX, que tiene, como ambiente, una parte de la historia de Virginia y del viejo Sur.

La Vendetta, Honoré de Balzac

Título (en lengua ita­liana) de una de las primeras narraciones de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1830. El viejo corso Bartolommeo del Piombo, su mujer y su hija Ginevra viven desterrados en París a consecuencia de las desastrosas luchas de una de las tradicio­nales «vendette» de su país, y el fiero pros­crito encuentra protección y fortuna al lado del emperador, su compatriota.

Ginevra, de imperiosa y deslumbrante belleza, crece con el carácter indomable de su padre. Al sobre­venir la caída de Napoleón, la joven co­noce a un oficial perseguido como bonapartista. Luchando con el celoso y casi mor­boso afecto del padre, consigue que la fami­lia acepte al oficial como su prometido, pero se descubre que éste (un Luigi Porta) es el último superviviente de la familia que ha estado durante generaciones en lucha mortal con los Del Piombo. Rechazada por el incon­movible viejo Bartolommeo, Ginevra se casa a pesar de todo; pero cae en la miseria, y, después de breves años de contrariada felicidad, muere de aflicción.

Con este rá­pido final, mal justificado por las premisas, el cuento presenta el típico defecto, no raro en el Balzac de la primera época, de una trama románticamente arbitraria, escogida por el autor como pretexto para dar rienda suelta a sus poderosas cualidades estilísticas en algunos retratos de personajes de incom­parable relieve y en ciertas escenas trá­gicas de extraordinaria sugestión. [Trad. de Pedro Gregorio Pérez (Barcelona, 1901) y de Joaquín García Bravo (Barcelona, 1901)]. M. Bonfantini

Balzac no puede ser medido por una obra aislada, sino por su conjunto; es preciso considerarlo como un panorama con montes y valles, con ilimitados confines, con abis­mos traidores y rápidos torrentes. Con él comienza — y si no hubiese aparecido Dostoievski se podría decir que termina — la idea de la novela como enciclopedia del mundo interior.  (S. Zweig)

El Vendimiador, Luigi Tansillo

[Il vendemmiatore]. Poema de Luigi Tansillo (1510-1568), com­puesto en 1532-1534, publicado en 1537 con el título Stanze di cultura sopra gli arti della donna. Es una invitación al amor y a la voluptuosidad que el vendimiador, su­biéndose a un árbol, dirige a las mujeres que pasan.

El poema se puede dividir en tres partes: amonestaciones a las mujeres para que no dejen pasar inútilmente su ju­ventud; enseñanzas sobre la mejor manera de alcanzar el «suave fin de amor» y por fin las alabanzas de la menta. De vez en cuando el velo del equívoco se hace muy sutil; sin embargo, la obscenidad solamente un par de veces llega a lo soez. El poema fusiona los más difundidos motivos sensua­les, literarios y populares de la poesía del Renacimiento: de los cantos carnavalescos a la poesía del Magnifico, de Poliziano, de Pulci a las Cincuenta estancias y al Priapus de Bembo. Y gusta en El vendimiador, aparte los rasgos más procaces, este sen­sualismo fresco y alegre en que la hábil técnica del estilo se funde con una vivaz realidad de tonos y motivos populares. El poema tuvo un gran éxito; sin embargo, cambiando los tiempos, atrajo sobre su au­tor la excomunión de la Iglesia, que incluyó la obra en el índice de los libros prohibidos de 1559. De El vendimiador, Tansillo hizo más tarde una poética y religiosa retracta­ción en el breve poema Las lágrimas de San Pedro (v.).

C. Leli

El Velo de Verónica, Gertrud von Le Fort

[Das Schweisstuch der Verónica]. Novela de la escritora alemana Gertrud von Le Fort (n. en 1876), publicada en 1928. Como los Himnos a la Iglesia (v.) también esta obra es un docu­mento del esfuerzo interior que ha condu­cido el espíritu de la autora a encontrar la paz en la Iglesia católica.

Roma, con sus monumentos cristianos y paganos, es el fon­do del argumento que se desarrolla en la época precedente a la guerra de 1914. En un antiguo palacio entre el Panteón y Santa Maria sopra Minerva, vive una anciana y culta dama alemana que ha convertido su casa en el centro de la mejor sociedad inter­nacional. En contraste con ella, que ama y admira la Roma de los tiempos antiguos, su hija Edelgart, de complicada psicología, es hostil al mundo de la belleza pagana y, católica fanática en sus formas exteriores, retarda el trance de la conversión definitiva, proyectando sobre los demás la sombra de su turbación interior. Su novio, a cuyo amor ella no ha sabido corresponder, des­ilusionado, se casa, casi para vengarse, con su hermana, la cual, unos pocos años des­pués de su matrimonio, enamorada de su marido, no puede soportar su frialdad y se suicida dejando una niña, Verónica» que según su deseo deberá ser educada por Edel­gart.

El marido, desconsolado por aquella muerte de la que se siente culpable, no osa oponerse a la última voluntad de la esposa, pero pone como condición que Verónica no reciba educación religiosa. Así la niña crece junto a la abuela a quien ama tiernamente, a su tía, para ella incomprensible y extraña, y a la institutriz Jeannette, suave criatura profundamente religiosa. Ya muchacha, Ve­rónica conoce a un joven poeta, hijo de un amigo de infancia de su abuela, egoísta, des­preocupado y genial. Con él visita las belle­zas de Roma. Cuando Verónica, el día de Viernes Santo, en la iglesia de San Pedro, iluminada por la gracia, se arrodilla y ora, él la envidia y casi la odia porque no sabe adorar humildemente aquello que desearía en su interior. El poema que escribe antes de que el paludismo le obligue a dejar la ciudad está impregnado de este sentimiento.

La abuela, en cuanto intuye y prevé la con­versión de Verónica, temiendo para ella la suerte de su tía, le recomienda antes de morir no «hacer nada a medias». La conver­sión de Verónica aumenta la turbación de Edelgart, que casi enloquece; en un acceso de locura intenta golpear a su sobrina con un pesado crucifijo, pero se golpea ella mis­ma. Durante la noche vuelve en sí, llama a un sacerdote y reconociendo su propia culpa, su falta de amor hacia Dios y hacia los hombres, se entrega a la gracia reden­tora. Después de su muerte, Verónica es reclamada desde Alemania por su tutor (el padre ha muerto en una expedición) y de mala gana abandona ella Roma, pero el sacerdote que la ha bautizado la consuela diciéndole que «Roma está en todas partes, que Roma es eterna, como es eterno Cristo, su rey». Y con el nombre de Roma, síntesis de los más altos valores del paganismo y del cristianismo, se cierra el libro, que es un gran homenaje de comprensión y devoción hacia la Ciudad Eterna. [Trad. de Va­lentín García Yebra (Madrid. 1944)].

E. Rosenfeld