Un Paseo al Atardecer, William Wordsworth

[An Evening Walk]. Epístola en verso, primera composición poética publicada por William Wordsworth (1770-1850), aparecida en 1793. El subtítulo reza: «Epístola en verso diri­gida a una joven señora desde los lagos del norte de Inglaterra» [«An Epistle, in Verse, Addressed to a Young Lady, from the Lakes of the North of England»].

Está es­crita en dísticos heroicos y describe la re­gión natal del poeta con una elocuencia elevada y tensa, que confiere a la obra, in­cluso a sus reflexiones morales menos poé­ticas, un aire de filosófica solemnidad.

La composición es poco más que un inventario de citas poéticas sacadas de los clásicos Les poetas augusteos especialmente) y de los modernos (Milton y Pope), pero ya reveía el instintivo amor del autor a la naturaleza y a sus bellezas, y su desdén por el trivial convencionalismo del lenguaje neoclásico cultivado por los sucesores de Pope.

El Pasajero, Ramón del Valle Inclán

Segundo libro de versos de don Ramón del Valle Inclán (1865-1936) publicado en 1920. Aunque su fecha edito­rial sea posterior al libro La pipa de Kif (v.) — 1919 —, corresponde El pasajero estilísti­camente a una etapa anterior. Así parece reconocerlo el propio Valle Inclán cuando altera el orden en este sentido al recoger sus tres libros de versos con el título gene­ral de Claves líricas, en 1930 (I, Aromas de leyenda; II, El pasajero; III, La pipa de Kif).

El pasajero coincide externamente con el libro precedente Aromas de, leyen­da en el empleo de unos moldes estrófi­cos rubenianos: dominan los alejandrinos y los eneasílabos que se combinan en parea­dos, en tercetos monorrimos (AAA BBB…) y en sextetas (AABCCB), y coincide tam­bién en la delectación con que emplea los adjetivos modernistas. Pero aquí, Valle Inclán aparece mucho más preocupado.

En los Aromas de leyenda estaba ya presente el sentimiento de dolor y de muerte que ahora se acentúa en el alma doliente del Pasajero. Así es como aparecen temas tras­cendentales — el poeta canta la Vida y la Muerte, la Pasión y la Eternidad, el Ángel y el Diablo mezcladamente — tratados con una rebuscada imaginería tomada de la magia.

La preocupación del autor no está exenta de los problemas teosóficos de su época. El tiempo rompe la vida, es fugitivo y ésta fugacidad, enemiga del hombre al que roe implacablemente, queda identificada en el Gran Enemigo («El tiempo es la car­coma que trabaja/Por Satanás…»).

El pasa­jero nos cuenta: «Cuando iba por la selva/ Nocturna, sin destino,/Escuché una esperanza/Cantar sobre el camino,/En la alborada de oro. Yo pasaba. Su canto/Daba sobre una lírica fresca rama de acanto./Saliendo de mi noche, me perdí en un recinto/De rosas…» Rosas abiertas que son los treinta y tres poemas, que exhalan toda clase de perfumes. Rosa que enciende los deseos del poeta y rosa que le marca el tiempo. Rosa violenta y rosa de melancolía.

El pasajero ha recorrido el mar de las sirenas, y ha quedado prendido en sus encantos («…hacia el ensueño navegando un día,/Escuché le­jano canto de sirenas/Y enfermó mi alma de Melancolía.»). El dolor y la muerte obse­sionan al pasajero, lo rompen: «¡Tengo rota la vida!/En el combate/De tantos años/ Ya mi aliento cede,/Y al orgulloso pensa­miento abate/La idea de la muerte, que lo obsede».

El poeta trata de combatir a es­tos negros espectros: el dolor y la muerte con fuerzas muy distantes. En El pasajero, Valle Inclán vierte en poesía todo un arbi­trario sistema de ética y de estética, en el que funde doctrinas místicas cristianas, ri­tos orientales, sombras panteístas, mitos solares y ensalmos de magia y astrología como ha explicado en su curioso libro La lámpara maravillosa.

El alma está enferma de melancolía, llena de los más limpios anhelos que se quiebran ante el dolor y la •muerte. Sin paz, y en medio de la lucha, se encuentra sola con el perfume de las rosas en su entraña misma. Ya cansada ante la rosa deshojada se pregunta: «¿Por qué de la vida?/¿Qué fin truje a ella?/¿Qué senda perdida/Labré con mi huella?».

El delicado primitivismo que anima las deli­ciosas y transparentes estampas bucólicas de Aromas de leyenda ha dejado paso al trascendentalismo del Pasajero, mientras en La pipa de Kif el poeta hará gala de un carác­ter desenfadado dentro del mundo popula­chero de las verbenas, el carnaval y el circo.

J. M.a Pandolfi

El Pasajero, Cristóbal Suárez de Figueroa

Publicado en 1617 es la más interesante de las obras del escritor vallisoletano Dr. Cristóbal Suárez de Figueroa (1571-1639?): contiene no pocos datos acerca de la vida y agrio carácter de su autor, y abundantes noticias sobre las cos­tumbres españolas al comenzar el siglo XVII.

Su plan es ingenioso y apto para el propó­sito del autor: cuatro sujetos, uno maestro en Artes y Teología (Torres Rámila); otro, militar; otro, orífice, y el cuarto, doctor (el mismo Figüeroa), parten de Madrid a Bar­celona e Italia, entreteniendo el viaje con diferentes pláticas. Refieren su vida los cuatro interlocutores, siendo la más intere­sante la del doctor.

La obra contiene obser­vaciones curiosas sobre comedias y come­diantes, la vida en la Universidad de Alcalá, e indicaciones acerca de los espaderos más famosos; sobre poesía, el amor, las mujeres, los tres fundamentos del gobierno (milicia, justicia y previsión); mantenimientos, ca­restía, etc. También hace alusiones a escri­tores de su tiempo, a veces satíricas y duras.

C. Conde

Pasatiempo, Paul Léautaud

[Passe-temps]. Colección de textos en prosa de Paul Léautaud (1872- 1956), publicada en 1928. El título lo dice todo.

De la deliciosa «Madame Cantili» a los «Recuerdos de la Curia», a las divaga­ciones sobre los gatos y los perros, únicos seres vivientes a quienes perdona la burla de Léautaud, cada página está cargada de humor, de amargura sin historias, de deli­cadeza sin excesos.

Este hombre singular pertenece al siglo XVIII. Tiene de él la limpieza, la fantasía, las maneras, el encan­to. Travieso, ingenuo, vagabundo de la aris­tocracia, inclinado hacia el dandismo, y en algunos instantes «précieux», pero jamás por la lengua, que él quiere sin rodeos, di­recta y tomada sobre el mismo hecho.

Dice lo que quiere, simplemente, y esta simpli­cidad que apunta a la verdad en su bru­talidad anecdótica, es siempre cruel, como debe serlo. Toma su comicidad de una mez­cla finamente dosificada de observaciones inmediatas y de reflexiones muy persona­les.

No se deja influir en su visión, ni por una ambición desmesurada, ni por un men­saje, ni por una moral. Es criticón, jamás malvado voluntariamente, y conserva muy a menudo un sentido muy desembarazado de sus limitaciones, en verdad muy nume­rosas.

Este hombre, solo y único, no tiene nada que perder ni nada que ganar. Puede permitirse el decirlo todo y divertirse, cuan­do el enemigo de turno ya ha sido tocado y renuncia al juego. Léautaud, dondequie­ra que llegue, encontrará sus animales y sus libros.

Una pluma, un pedazo de papel, un vecino de quien reírse y un vecino de quien aprovecharse; estos elementos bastan a Léautaud. Estas son, sin rodeos, todas las virtudes que cabe hallar en Pasatiempo, virtudes que dan al volumen su ambiente, inimitable y aislado como el autor.

Pasado y Pensamientos, Alexander Ivanovic Herzen

[Byloe i dumy]. Autobiografía del escritor y hombre político ruso Alexander Ivanovic Herzen (en ruso Gercen; 1812-1870), cuya primera parte, bajo el pseudónimo de Iskander, fue publicada en Londres en 1861 en la «Libre Tipografía Rusa».

Obra clásica de la litera­tura rusa, digna de ser colocada junto a las más grandes y famosas memorias de la lite­ratura de todos los tiempos, no sólo por la importancia de la vida de su protagonista y de la época, sino también por la perfección estilística de su prosa.

Abrazando un perío­do que va desde la campaña de Napoleón en Rusia hasta la víspera de la Comuna de París, la obra de Herzen, cuya vida de revo­lucionario se desarrolló en contacto o en oposición con las más grandes personali­dades políticas e intelectuales no sólo de Rusia, sino también de Italia, Francia, Ale­mania, Inglaterra, Polonia y Hungría, pre­senta un cuadro grandioso del complejo movimiento espiritual de uno de los perío­dos más interesantes y complicados de la historia mundial: una galería de vivos y singulares retratos, entre los cuales se cuen­tan los de Mazzini y Garibaldi que fueron tan queridos de Herzen, sobre todo por el idealismo romántico de sus actividades, con las que el revolucionario ruso había ali­mentado su propia juventud.

Característica fundamental de Pasado y pensamientos es la excepcional sinceridad del narrador, ya sea para consigo mismo o ante los hombres y los acontecimientos, que le aproxima, en esto, a Tolstoi; pero una clara diferencia de carácter distingue a los dos escritores, porque mientras Tolstoi estaba animado por una clara tendencia moralizadora, Herzen huyó siempre de toda forma de admonición, en la que habría podido resolver la profunda gravedad y pasión de su temperamento fren­te a los problemas de la vida.

La riqueza de experiencias interiores y de intensa acti­vidad política y revolucionaria que caracterizan la vida de Herzen proporciona ade­más un precioso tributo al proceso histó­rico de las ideas del siglo XIX a través de un colorido psicológico totalmente parti­cular, dada la excepcional fuerza intelectual y espiritual con que el autor vive y juzga su propia época; y su prosa está animada por una fuerza expresiva que nace precisa­mente de esta sincera experiencia humana.

«Escribir así solamente sabía hacerlo él, entre los rusos», dice Turguenev respecto a Herzen: lo trágico y lo cómico, lo excelso y lo mezquino de la vida humana en todos sus aspectos y actitudes son recogidos y reproducidos por Herzen con un arte no in­ferior al arte con que un Turguenev o un Tolstoi supieron presentar los mismos mo­mentos históricos en novelas y narraciohes a cuyo nivel Pasado y pensamientos débe ser colocado y valorado.

E. Lo Gatto