Los Pazos de Ulloa, Emilia Pardo Bazán

Nóvela de la gran escritora española doña Emilia Pardo Bazán (1852-1921), publicada por vez pri­mera en 1886.

El joven sacerdote Julián Álvarez, al hacerse cargo de su capellanía en el agreste corazón de Galicia, en una familia de hidalgos campesinos, se convierte en parte en el testigo y en parte en el actor de una serie de dramas característicos de un pequeño mundo en el que la civilización desaparece para dar lugar al libre juego de los instintos.

Don Pedro Moscoso, titular ilegítimo del marquesado de Ulloa, se ocupa tan sólo de la caza y se deja robar tranqui­lamente por sus aldeanos y en particular por el siniestro Primitivo, padre de Sabel, manceba de don Pedro y de todos los cam­pesinos de los contornos que la solicitan. El joven sacerdote trata de convencer al propietario de que reforme su vida: don Pedro abandona poco después sus montañas y vuelve al viejo palacio con una esposa de la ciudad, Nucha.

Mientras dura en el corazón del aristocrático bárbaro la espe­ranza de que su esposa le dé un heredero de su nombre, don Julián alberga la ilu­sión de que el matrimonio es el comienzo de una vida nueva, pero cuando Nucha, a costa de su salud, da a luz una niña, don Pedro se deja prender en el equívoco en­canto de Sabel, que es ya madre de un hijo natural de aquél, Perucho.

Entre las nove­las de la Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa es aquella en que la fórmula naturalista se aplica con mayor intensidad, sin que, pese a ello, descienda nunca a la indiscrimi­nada documentación fotográfica de sus cole­gas franceses.

Mujer aristocrática y escri­tora de buen gusto, la novelista española describe, con fina sensibilidad y leves tra­zos, hombres y cosas, en un ambiente social de pasiones primitivas que tienen en su misma entraña el sabor de la tierra y el color del paisaje.

A. R. Ferrarin

La Paz Doméstica, Alberto Nota

[La pace domes­tica]. Comedia en tres actos de Alberto Nota (1775-1847), inspirada en la comedia goldoniana La buena familia, y que se representó en 1819.

La familia de Adolfo vive tran­quila, pero un día que éste ha partido para adquirir un terreno, viene la maldi­ciente señora Luigia, que turba a la esposa, Marianna, diciéndole que su marido se ha enredado en un pésimo negocio, porque la propiedad que está adquiriendo está toda hipotecada. Al regreso de Adolfo se produce una disputa, pero todo se arregla pronto y vuelve la paz.

La intención moralizante que opone a la familia modelo de Adolfo la familia arruinada de Luigia, sólo consigue acentuar la frialdad de esta comedia, que, a pesar de ello, tuvo buena acogida y se hizo proverbial durante algún tiempo.

U. Déttore

La Paz del Hogar, Honoré de Balzac

[La paix du ménage). Narración de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1830. En una fies­ta de baile en casa del conde de Grondeville, en 1809, un brillante coronel de caba­llería, Montcornet, y su amigo Marcial de la Roche, barón del Imperio, sienten curio­sidad por una bellísima dama que, sumer­gida en profunda melancolía, no parece par­ticipar de la fiesta, e intentan acercarse a ella.

Marcial, por otra parte, que ha sido durante largo tiempo afortunado amigo de una joven viuda de celebrado donaire, uno de los astros de la fiesta, la condesa de Vaudremont, sospecha traición por parte de su dama, la cual parece preferir a un pres­tigioso oficial, el general conde de Soulanges y es a su vez deseada por Montcornet.

Entre los dos amigos se origina así una competencia de galantería, en el curso de la cual Marcial se afana vanamente por cortejar a la bellísima desconocida, mien­tras Montcornet acaba por sustituirlo junto a la condesa de Vaudremont. Antes de que la fiesta llegue a su término, se aclara el misterio de la bella dama incógnita, la cual no es sino la esposa de Soulanges que, de­seosa de reconquistar a su esposo, asediado por la coquetería de la condesa de Vaudre­mont, ha ido a la fiesta sin que nadie lo sepa.

Su tentativa triunfa plenamente, y con este consolador final termina la narración. Está escrita con una técnica exquisitamente teatral, y revela en el novelista, joven toda­vía, una maestría incomparable en dibujar en breve espacio una porción de personajes que adquieren, en su estilo fogoso y colorido, extraordinario relieve.

Bien puede de­cirse que Balzac, en estos estrictos estudios de costumbres, muestra con mucha mayor evidencia que en sus novelas más largas de la misma época (v. La mujer de treinta años) las cualidades que habían de impul­sarle a los ambiciosos proyectos de la Co­media Humana (v.). [Trad. española anó­nima (Madrid, 1883) y de Torcuato Tasso y Serra (Barcelona, 1902)].

M. Bonfantini

El Pavo Real Blanco, Herbert Lawrence

[The white Peacock]. Novela del gran narrador inglés Herbert Lawrence (1885-1930), publicada en 1911.

Entre estanques y bosques, en el valle del Nethermere, resonante en un tiempo con el trabajo de las industrias y ahora caído en un desolado abandono, el joven Cyril, que apenas si ha terminado sus estudios, vive con su madre y su hermana Letty, criatura llena de vida, pero caprichosa e incapaz de llegar a una verdadera solidez moral; su gran amigo es Jorge, un campe­sino burdo pero inteligente, el cual, care­ciendo de normas y de limitaciones, entien­de inmediatamente el sentido íntimo de las cosas.

Jorge tiene una hermana maestra, Emilia, la que atrae a Cyril con su inteli­gencia y su gracia a la vez que le asusta con su exuberancia pasional que la acom­paña como una «nube de dolor». Jorge está enamorado de Letty y nota que, uniéndose a ella, podría creer en sí mismo y afrontar una nueva vida que no tiene el valor de afrontar solo; Letty se siente atraída por la vitalidad de Jorge, que la turba y la con­mueve, pero hay también otro hombre que la ama, el rico y refinado Leslie, que puede satisfacer mejor su deseo de lujo y de bien­estar: ella acepta el noviazgo con Leslie, encerrándose «en una pequeña tienda de pensamientos y fantasías presentes».

Jorge sufre por ello profundamente, trata de re­cobrar su amor, pero su íntima timidez le impide imponerse con la violencia, tal vez afrentando por ello su desdén y su des­precio y, para salvar sus propios sentimien­tos, termina por perder a la mujer que ama. Se casa entonces con la prima Meg, bella con dulzura sensual, la cual, sin embargo, apenas es madre, se encierra por completo en la pasión por los hijos, alejándose cada vez más del marido; éste, para consolarse, se da sucesivamente al chalaneo de caba­llos, con el que se enriquece, a la bebida, y por fin al socialismo.

Todos han atrave­sado ya el «luminoso mar de la juventud» y abandonan el valle del Nethermere, «cu­yas aguas y cuyos bosques se destilaban en la esencia de sus propias venas»; pero después de algún tiempo, Letty y Jorge vuelven y se encuentran de nuevo; sienten ambos que solamente juntos habrían po­dido hallar la plenitud de la vida, pero ya es tarde: Letty pertenece a sus hijos, y ha llegado al punto de su vida en el que la mujer decide vivir sólo para los demás, liberándose de este modo de la responsa­bilidad de sí misma.

Pero  Jorge, que no puede consolarse de haberla perdido, cae cada vez más bajo, por la pendiente de la embriaguez y del abandono, y termina refu­giándose, cuando ya no es sino una sombra de sí mismo, junto a su hermana Emilia, que halló su equilibrio casándose con Tom Reshaw, hombre sencillo y sereno.

Es la primera novela con que Lawrence se impuso a la atención del público, y vemos cómo en ella, aunque tan sólo indicados, se en­cuentran los motivos de sus novelas más maduras: la importancia de los lazos físicos entre hombre y mujer, la lucha contra las convenciones y contra la falsa espirituali­dad que anquilosa las virtudes elementales del instinto.

Un portavoz de tales ideas es, en la novela, el montero de Nethermere, Annable, que arruinado por una mujer «llena de alma», a la que compara con un insípido pavo real blanco, con la que se ha casado porque le atraía físicamente, para rechazarla después con su incomprensión y su desprecio, ha caído por reacción en el extremo de un cínico y completo materia­lismo. La poesía de la obra reside en su clima, a veces mágicamente agitado, y en el sentido pánico de la naturaleza y de las aventuras.

A. P. Marchesini

La Paz, Aristófanes

Comedia de Aristófanes (hacia 450-385 a. de C.), estrenada en Atenas en 421, cuando la primera fase de la guerra del Peloponeso estaba a punto de terminar con la paz llamada de Nicias. Se contaba, una fabulita de un escarabajo que había conseguido volar hasta el Olimpo y poner sus huevos en el regazo de Júpiter.

Y precisamente de un enorme escarabajo se sirve el héroe de la comedia, el campe­sino ático Trigeo, para visitar a los dioses, y ver si consigue encontrar la paz, que^ per­manecía oculta para los mortales, hacía ya tanto tiempo.

Helo, pues, elevarse desde el techo de su casa, con su extraña cabal­gadura, no sin recomendar, burlando la ilu­sión escénica, a los maquinistas del teatro encargados de las garruchas, que tengan cuidado y no lo suelten antes de tiempo y lo estrellen contra el suelo. Desembarca de este modo al otro lado de la escena, ante el palacio de Júpiter,

pero no encuentra a los dioses, los cuales enojados por las continuas peleas de los griegos, han volado a lo más profundo de los cielos. Sólo Hermes (Mer­curio) se ha quedado para custodiar la casa donde Pólemos (la Guerra), después de ha­ber desterrado a Irene (la Paz) a una ca­verna próxima, fanfarronea y se dispone a machacar en un mortero las ciudades grie­gas.

Pero falta la mano de mortero para efectuar la operación, esto es, dejando apar­te alegorías, han muerto los principales promotores de la guerra: Cleón en Atenas y Brasida en Esparta. Por lo que Trigeo recobra los ánimos, y ablandando con rega­los y promesas de sacrificios al bonachón de Hermes, se dispone a liberar a Irene.

Entra mientras tanto a ayudarle el coro, compuesto de labriegos áticos; y juntos, des­pués de quitar los obstáculos de la boca de la caverna, sacan tres monigotes que repre­sentan a Irene (la Paz), Opora (la abundancia de los frutos otoñales, una especie de Pomona) y Teoría (que simboliza la alegría de las fiestas pacíficas).

En toda esta escena, entre chistes bufo­nescos y alegorías políticas, se afirma con acentos sinceros un motivo que no es raro en el teatro de Aristófanes: el amor al campo. Éste viene dado por los recuerdos nostálgicos de Trigeo y del coro, quienes ansían que cesen las hostilidades y los restituyan a sus campos. Y aun cuando las imágenes de la vida agreste en boca de los labriegos, que no renuncian al vigoroso rea­lismo de su lenguaje, carezcan de todo sen­timentalismo romántico, con todo, se impri­men en nuestra memoria con rasgos de fresca poesía.

Menos feliz es la segunda parte del argumento, que sigue, en una se­rie de escenas caricaturescas, los procedi­mientos tradicionales de la comedia popu­lar, al representar el regreso de Trigeo a su casa, los honores que le son tributados y sus alegres bodas con Opora, que terminan con el indispensable banquete y el canto de Himeneo. [Trad. española por Federico Baráibar y Zumárraga en Comedias de Aris­tófanes, tomo II (Madrid, 1880; última edi­ción, 1942), y de R. Martínez Lafuente en Comedias, tomo II (Valencia, 1916)]. A. Brambilla

Aristófanes vivió en la polis y Porpolis. (Rostagni)