Alphonse Aulard

Nacido en Montbron (Charente) el 19 de julio de 1849, m. en París el 23 de octubre de 1928. Enseñó en las Facultades de Letras de Aix, Mont­pellier, Poitiers y, de 1885 a 1922, desempeñó en la Universidad de París la cátedra de Historia de la Revolución francesa.

Desde 1888 dirigió la revista La Révolution fran­çaise, que desarrolló un importante tra­bajo de renovación e investigación sobre este tema. Su contribución personal a esta clase de estudios es muy vasta: dirigió la imponente colección de documentos conte­nida en el Recueil des Actes du Comité de Salut public (26 vols., 1889-1924); realizó, investigaciones sobre L’éloquence parlemen­taire pendant la Révolution française (3 volúmenes, 1882-85); escribió sobre Danton (1884), sobre La Révolution française et le régime féodal (1919) y sobre el Christia­nisme et la Révolution (1925).

Su obra más importante es la Historia política de la Re­volución francesa (1901-1902, v.), que lo re­vela historiador exacto, diligente, informa­do, pero poco capaz de recoger de un modo sintético los resultados de la investigación realizada.

Junto a su actividad como histo­riador hay que recordar la de periodista (fue miembro del partido radical y cola­boró en La Justice, L’Ere nouvelle, La Dé­pêche, Le Quotidien), de crítico (Essai sur les idées philosophiques et l’inspiration poé­tique de G. Leopardi, 1887, derivado de su tesis sobre Leopardi de 1877); y en fin, de traductor, no carente de dotes literarias y de pericia filológica (Poésies et oeuvres mo­rales de Leopardi, 3 vols., 1880).

P. Raimondi

Henri – Eugène – Philippe – Louis d’Orléans, duque de Aumale

Nacido en Paris el 16 de enero de 1822, m. en Zucco (Sicilia) el 7 de mayo de 1897. Hijo del duque de Orleáns (más tarde rey Luis Felipe), pasó a Argelia como subteniente en 1840 y se distinguió contra los árabes.

Gobernador de Argelia en 1847, pasó en 1848 a Inglaterra con la familia real, y allí vivió desterrado hasta el 71, dedicándose a estudios históricos (v. Cartas sobre la Historia de Francia; Histo­ria de los príncipes de Condé). Vuelto a su patria en el 71 (había rechazado en el 63 la corona de Grecia), diputado por el Oise en la Asamblea nacional, defendió la ban­dera tricolor contra las pretensiones del conde de Chambord.

Siempre dedicado a sus estudios, entró en el año 73 en la Aca­demia Francesa y en el 80 fue elegido para la Academia de Bellas Artes. Expulsado en el 86, pudo aún regresar a Francia en el 89 y reintegrado en todos sus grados y hono­res. Había donado al Instituto de Francia sus dominios de Chantilly, con el museo Condé y todos sus tesoros.

Êmile Augier

Nacido en Valence (Drôme) el 17 de septiembre de 1820, m. en París en 1889. Su padre, acomodado abogado de pro­vincia, se trasladó a París cuando Augier era todavía niño.

Asistió al liceo Henri IV y estrechó allí lazos de amistad con el duque de Aumale, quien lo nombró bibliotecario suyo; disfrutando de esta prebenda, pudo dedicarse a sus primeros trabajos teatrales (La cigüe, 1844; Un homme de bien, 1845).

Sus amistades orleanistas no le impidieron más tarde frecuentar los salones de la em­peratriz. Burgués anticlerical, liberal, paci­fista, respetuoso con el orden, defensor de los derechos de la familia, tuvo mucho éxito en aquella sociedad que exaltaba y satiri­zaba al mismo tiempo. Sus comedias cons­tituyen uno de los mejores documentos para el estudio de la sociedad bajo Luis Felipe y Napoleón III.

Al principio fueron come­dias en verso (entre las cuales sobresale La aventurera, v.), después en prosa, comedias de costumbres: El yerno del señor Poirier (v.) y La ceinturé dorée; luego, comedias políticas y sociales, Los descarados (1861, v.); Lions et renards (1863), El hijo de Giboyer (1862, v.); por último, comedias de tesis al modo de las de Dumas hijo, El ma­trimonio de Olimpia (1855, v.)., Les lionnes pauvres (1858). De 1864 es Maître Guérin, de 1866 La contagion.

Más tarde, con Ma­dame de Caverlet (1876) y Los Fourchambault (1878, v.) llevó al teatro nuevas ideas en favor del divorcio y de los hijos ilegí­timos. Pertenecía a la Academia Francesa desde 1854.

M. Pasquali

Berthold Auerbach

Nacido el 28 de febre­ro de 1812 en Nordstetten-an-Neckar, m. el 8 de febrero de 1882 en Cannes. Hijo de he­breos pobres, fue destinado a la carrera rabínica, y después de haber realizado los estudios clásicos en Karlsruhe, estudió teo­logía hebraica.

Pero le atraía también el mundo de la cultura alemana y estudió más tarde filosofía en la Universidad de Tubinga y en la de Heidelberg. Perteneció al grupo de jóvenes liberales y no temió exponerse, hasta el punto de que en 1837 fue detenido y pasó dos meses en la cárcel.

También sus primeras obras, Spinoza (1837), una biografía novelada del filósofo del que más adelante había de traducir las obras en alemán, y Poeta y comerciante [Dichter und Kaufmann, 1840], una novela histórica sobre la época de Moisés Mendelssohn, es­tán compuestas bajo la influencia de la «Jo­ven alemania».

El hecho de ser judío hizo duros sus comienzos literarios; pero aun cuando se decidió, no sin graves crisis de conciencia, a abandonar la carrera de ra­bino para dedicarse únicamente a la literatura, se mantuvo fiel a la religión de los suyos y continuó luchando toda su vida por la emancipación de los hebreos.

Consiguió la fama con Cuentos rústicos de la Selva Negra (v.), que publicó en varias series, de 1843a 1876, cuentos de una sencillez rebus­cada y dulzona, que obtuvieron gran éxito. A imitación de su compatriota Hebel, pu­blicó un almanaque popular de tendencias liberales, El compadre [Der Gevattersmann], dirigido por él de 1845 a 1848.

En 1849 se trasladó a Dresde, donde vivió diez años, y pasó más tarde a Berlín, cada vez más estimado en los círculos literarios. Se apartó de su mundo aldeano y se esforzó por reflejar las exigencias espirituales de su tiempo, a imitación de los escritores más jóvenes; pero las obras de este período, entre las cuales es significativa En lo alto (v.), constituyeron un fracaso.

En su última colección de cuentos, volvió a sus persona­jes de la Selva Negra. Su obra mediocre y convencional es estimada por ciertos lecto­res que aprecian el ambiente rural de sus narraciones.

V. M. Villa

Marguerite Audoux

Nacido en Sancoins (Cher) en 1863, m. en Saint-Raphaél (Var) en 1937. La conocemos a través de María Clara (v.), lanzada con un prólogo de Oc­tave Mirbeau en 1910, y que ya había cau­sado la admiración de Charles-Louis Philippe.

Aparece en ella la infancia triste y melancólica de nuestra autora, pasada en un orfanato, con la única luz afectuosa, pero avara y disputada, de una monja. Más tarde, la vida de pastorcilla en una ha­cienda de Sologne, adonde había sido en­viada a los trece años a causa de los ven­gativos celos de la superiora y en donde fue después criada.

Descubrió por primera vez, en Sologne, el mundo del arte al en­contrar en un granero una manoseada edi­ción de las Aventuras de Telémaco (v.). Después de la desilusión causada por la rup­tura de un amor puro y sencillo con el hijo de la vieja y rígida patrona, huye de la hacienda y a los dieciocho años, sola, sin un céntimo, llega a París en busca de tra­bajo.

Para poder comer, trabajaba de cos­turera, a veces a jornal en casas, o bien en la suya, en una estancia tan minúscula que — según cuenta Mirbeau — para ponerse a la máquina de coser tenía que apartar el maniquí.

Fueron largos años oscuros, tris­tes, a veces sin pan. Enferma, entre otras cosas, de una grave enfermedad de la vista, cuando el médico al fin le prohibió coser bajo pena de volverse ciega, comenzó a es­cribir sus recuerdos en el libro que la dio a conocer en los ambientes literarios, y que ha quedado como su conmovedora obra maestra.

A este libro siguió otro, L’atelier de Marie Claire, y luego otras novelas: De la ville au moulin y Le chaland de la Reine.

E. Cassa Salvi