Vísperas sicilianas, Giuseppe Verdi

Sobre el episodio histórico de las Vísperas sicilianas, y con el mismo título, han sido también compuestas algunas obras mu­sicales; la más importante es la de Giuseppe Verdi (1813-1901), estrenada en la ópera de París en 1855. Tiene obertura y cinco actos, y el libreto- es de Scribe.

Se estrenó esta obra en medio de muchas dificultades prácticas y artísticas, porque Verdi estaba descontento del argumento compuesto por el libretista, y contrariado con la dirección del teatro francés. El libreto, que fue después traducido al italiano por Arnaldo Fusinato, desarrolla una intriga de amor junto al acontecimiento histórico. Arrigo, hijo del tirano francés Guido de Monforte, simpatiza con los patriotas conjurados. Ama a la duquesa Elena de Austria, la cual sos­tiene también a los sicilianos y a Procida, y querría .casarse con ella. Pero Elena per­manece incierta, temiendo por la suerte de él. Es el mismo Monforte quien realiza el matrimonio, y de esta circunstancia surge la algarada. Esta trama, pese a su inco­nexión, tosquedad y violencia, no fue tra­tada por Verdi con la impetuosidad y la rudeza que había impreso en análogos epi­sodios de óperas precedentes; antes bien se aprovechó de su experiencia progresiva has­ta en la delicadeza de los toques eficaces.

Mientras los recitativos no ofrecen el cui­dado y vigor de las grandes partituras del 51 y el 53,.varias escenas y algunas arias son no solamente magistrales por su valor escénico, sino también poderosas en su sentimiento. Como esta ópera se creó en el ambiente y en la lengua francesas es de no­tar que Verdi no experimentó ninguna in­fluencia en el estilo de la operística local, pero al aceptar la técnica de Scribe, en la cual se habían encamado las maneras de Meyerbeer y la estética de la Gran ópera, al redactar los numerosos coros, las largas escenas de danza (y hasta un ballet autó­nomo en cuatro tiempos «Las cuatro esta­ciones») y los extensos actos, no pudo evitar algún reflejo, alguna apariencia extran­jera. El ímpetu ardiente de tantas melodías es, por lo tanto, netamente verdiano.

A. Della Corte