Vida de Miguel Ángel, Hermann Grimm

[Leben Michelangelos]. Monografía de Hermann Grimm (1828-1921), publicada en dos volúmenes en 1860-73. Aunque el autor, hijo de Wilhelm Grimm, era profesor de Historia de Arte en la universidad de Berlín, más que la obra de un crítico de arte es la de un historiador.

En realidad no se trata tanto de la vida de un artista cuanto de un vasto cuadro histórico, en los límites cronológicos de la dilatada vida de Miguel Ángel (1475- 1564), el cual, para el autor, participó más que cualquier otro artista contemporáneo en los acontecimientos de su época y de su ciudad, encarnando verdaderamente el «sím­bolo de una actividad universal». Desde la feliz despreocupación de los carnavales flo­rentinos al fanatismo de Savonarola, desde las intrigas de los Borgias a la férrea voluntad de poder de Julio II, desde la caída de Carlos VIII al saco de Roma, desde los primeros síntomas de revuelta contra el Papado a los comienzos de la Contrarre­forma, todos los esplendores y los horrores de la tan contradictoria época del Renaci­miento italiano aparecen certeramente des­critos y vistos en poderoso escorzo. La ver­dadera protagonista es así la Historia con su eterno fluir, también porque Grimm, fiel a las ideas dominantes en aquel tiempo, cree poder sacar del conocimiento de ella la esencia de la naturaleza del artista, a quien considera más como exponente de la época que como una personalidad autónoma.

In­cluso desde el punto de vista artístico, Miguel Ángel es apreciado como el último eslabón de la rica cadena que forman los artistas florentinos, aparte de Giotto, Ghiberti y Donatello; en este sentido es objeto de estudio toda su inmensa creación artís­tica, aunque más descrita que analizada. Seguimos así a Miguel Ángel desde su in­fancia en el campo al taller de Ghirlandaio, y sucesivamente de la Corte del Magnífico a la pontificia, y admiramos en él al escultor, al pintor y al poeta, así como asistimos a su continuo trabajo artístico, que no cesó sino con su muerte. La sucesión de los acon­tecimientos históricos a veces oscurece su figura, la cual alcanza un pleno relieve personal humano, sobre todo en sus rela­ciones con dos personas: con Julio II, el indómito papa guerrero con el que se halló frecuentemente en oposición, y con Vittoria Colonna, la noble poetisa que le procuró, con su amistad, el único oasis feliz y sereno en su borrascosa existencia. Grimm, que es tal vez el principal ensayista alemán en la segunda mitad del siglo, poseía cualida­des de escritor; y la monumental obra, dentro de los límites en que se mantiene, conserva todavía intacta, después de casi un siglo de haber sido compuesta, su amplia y vigorosa eficacia evocativa.

A. Manghi